Asomado al mar (7)

Ernesto Marchiandi fue durante mas de quince años el jefe del Fascio en España. Procedía de la colonia italiana. Y en 1924 tenía 28 años. Era el director de una fábrica de productos químicos para uso industrial ubicada en Aranjuez. Ingeniero de profesión, fue escalando posiciones hasta hacerse con el control de las organizaciones fascistas italianas en España y Portugal. Y se convirtió en un personaje influyente que frecuentaba los principales salones de Madrid y Barcelona. Estrechó relaciones primero con la Unión Patriótica. Y después con Falange. Fue también uno de los artífices del modelo sindical que implantó Franco cuando terminó la guerra. En 1941 se trasladó a la Francia ocupada como delegado fascista. Y fue precisamente en la base naval de Burdeos donde intimó con el Principe Nero. Desde allí le organizó la cobertura civil de su viaje secreto a la bahía de Algeciras previo desembarco en Cádiz. Marchiandi mantenía una estrecha amistad con Mussolini que se remontaba a los años que siguieron a la Primera Guerra. Eso explica su incorporación en diciembre de 1943 a aquella farsa de Saló como comissario nazionale del Lavoro. Año y medio después era asesinado en un hospital de Génova por partisanos comunistas coincidiendo con el fin de la Reppublica Sociale Italiana. Fue Antonio di Oliva quien me habló de aquel ingeniero italiano de Aranjuez. Pero no era la primera vez que escuchaba su apellido. Porque recuerdo que el barón von Knobloch me comentó -cuando le entrevisté en Conil de la Frontera en 1975- que los hijos del Principe Nero le facilitaron -momentos antes de regresar a Roma– una dirección de contacto en España con los nombres de un matrimonio amigo. Italo Marchiandi Lozano y Carmen Alberdi Vallés. Nuñez de Balboa 59. Madrid. Tengo que confesar que a ese apellido le he dado desde entonces muchas vueltas porque se me cruza constantemente en la biografía del Principe Nero. Von Knobloch me dejó con el misterio de la mujer que acompañaba a Borghese el día de su muerte. Y observo -a tenor de lo que han escrito Jack Greene y Alessandro Massignani en The Black Prince and the Sea Devils– que sigue siendo el secreto mejor guardado de aquel 26 de agosto de 1974.

He leido que aquella mujer -a la que yo llamo la dama nera– trabajaba en la RAI. Y también que despidió a Borghese en la morgue del hospital de San Juan de Dios con una copa de Dom Perignon. Que de haber sido así me empuja a pensar en alguien de gusto exquisito que envolvió de glamour su último recuerdo hacia el ser que amaba. A sabiendas de que tal originalidad le habría gustado al príncipe. Creo que sé quien es. Y no voy a revelar su identidad. Pero dejo al lector la posibilidad de hacer su propia conjetura. Desde que murió Borghese he sentido a esa mujer como una persona cercana a la familia Marchiandi. Y si no entro en más detalle es porque una historia que nació unida a ese misterio debe permanecer tal cual. No debió de ser hombre fácil aquel commendatore viudo (y exaltado) cuya acusada personalidad no era mayor ni menor que la de su fallecida esposa. Daria Borghese, condesa Oulsoufiev Schouvalov. Escritora y periodista nacida en Moscú. Y cuya pasión por Roma -sobre la que escribió bellas historias- empujó a sus hijos a instaurar un premio literario que lleva su nombre. De aquel Borghese que abandonó la prisión en 1949 hasta su muerte en Cádiz podría escribir ríos de tinta. Pero lo esencial ya está registrado por los historiadores. Sólo quiero añadir al contexto de este relato sus dos persecuciones judiciales posteriores. La primera relacionada con la quiebra fraudulenta del Banco de Credito Comerziale e Industriale. Del que fue nombrado presidente en 1958. Y la segunda como consecuencia del golpe neofascista la víspera del 8 de diciembre de 1970. Día señalado en Roma porque la Piazza de Spagna acoge la ofrenda al monumento de la Inmaculada que realizan los bomberos de la ciudad. Curiosamente la requisitoria por la intentona golpista fue revocada en 1973. Cuando el principe llevaba dos años residiendo en España. Pero la correspondiente a la quiebra bancaria estaba vigente cuando falleció porque el proceso se había cerrado justamente un mes antes. Dos años de reclusión y 1.300 dólares de multa. Practicamente nada.

En octubre último murió Roy Ward Baker (Londres, 1915). Uno de lo directores más importantes del cine angloamericano. Fue ayudante de Afred Hitchcock en Alarma en el Expreso. Y con él rodaron actores como Marilyn Monroe, Richard Widmark, Anne Bancroft, Cristopher Lee, Peter Cushing y Vincent Price, entre otros. En 1958 estrenó La noche del Titanic, que pese al éxito de taquilla obtenido tuvo problemas de financiación. Molesto por aquello, Roy empezó a combinar cine con televisión. Dirigiendo series de gran popularidad como El Santo o Los Vengadores. Pese a que fue también un director que cultivó el genero de terror, realizó algunas películas bélicas. De hecho, durante la Segunda Guerra estuvo destinado en la unidad cinematográfica de la Royal Army. En 1962 dirigió The Valiant. Una coproducción angloitaliana que relata el hundimiento en el puerto de Alejandría del acorazado británico del mismo nombre (más cuatro buques más) al ser alcanzado por torpedos SLC de la Decima. Aquello ocurrió el 18 de diciembre de 1941. Y el submarino nodriza que llevó a los hombres ranas al mismo puerto de Alejandría fue el Scirè. El héroe de aquella acción de guerra era un joven teniente de navío. El marqués Luigi Durand de la Penne. Miembro de una aristocrática familia genovesa. Y que tras la capitulación de Italia se unió a los aliados. Pero el cerébro de la operación fue Junio Valerio Borghese. Que comandaba el submarino. Baker le encargó el guión de la película sobre el HMS Valiant a la entonces joven periodista y traductora Franca Caprino. Que no sólo entrevistó a Borghese. Y a De la Penne. Sino que en las conversaciones sostenidas por separado con ambos veteranos  de la Regia Marina pudo percibir de manera real el contraste sociológico que provocó el fin de la guerra en las élites militares italianas. Mientras Borghese desafiaba al Estado con conspiraciones neofascistas. De la Penne hacia carrera como diputado en democracia después de haber alcanzado el almirantazgo. La entonces joven periodista tuvo que elegir. Y optó por el príncipe romano en vez del marqués genovés. Confesándole a Borghese eterna admiración. Dos años después cosechaba su primer éxito internacional con un documental de la RAI-2 sobre Petain que obtuvo el León de Oro del Festival de Venecia. Y en el que participó aportando la investigación histórica. La baronesa Franca Caprino (Serra) -su otra condición-ha dirigido y escrito diferentes programas de radio y televisión en Italia. Fundamentamente en la RAI. Y es una persona de reconocida trayectoria en el mundo del cine. Por decisión de los hijos de Borghese  (y de los que sólo sobrevive ya Andrea Scirè) ocupa la secretaría del premio literario que lleva el nombre de la esposa del Principe Nero. Aquella condesa rusa (y enamorada de Roma) fallecida en accidente de automóvil en 1963

Foto: Iglesia de San Juan de Dios. Junto al hospital de su mismo nombre en Cádiz.

                                                                                                            (Continuará)