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	<title>Blog de Fernando Orgambides</title>
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	<description>El planeta de las astas montantes</description>
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		<title>Buenos Aires</title>
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		<pubDate>Fri, 18 May 2012 14:13:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
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<p>En<strong> Buenos Aires</strong> existe una plazoleta rodeada de palmeras canarias que está dedicada al ex primer ministro israelí <strong>Itzhak Rabin</strong>. Pasa desparecibida porque se trata de uno de los cruces peatonales de la <strong>Avenida 9 de julio</strong>. Muy cerca del <strong>Centro Argentino de Ingenieros</strong>. Y del<strong> Teatro Colón</strong>, que es uno de los mayores auditorios de ópera del mundo. Rabin apostó por la paz. Y su osadía le costó la vida. Los judíos van regando su historia allá por donde se establecen. Pero no lo hacen porque sí. Justamente cerca de esta plazoleta estaba la embajada de <strong>Israel</strong> que fue destruida en 1992 por un coche bomba (29 muertos y 252 heridos). En Buenos Aires reside la colonia judía más importante de <strong>América Latina</strong>. Pese a ello, en la década de los 40 la ciudad (y también el resto del país) se convirtió en un refugio seguro para muchos criminales de guerra nazis que huían de <strong>Alemania</strong>. El general <strong>Perón</strong> protegió a los nazis. Y después <strong>Franco</strong> protegió a Perón. Pienso que Perón forma parte de la historia, pero en Argentina hay quien insiste que es presente. Como hay también quien quiere que <em>regrese</em> <strong>Evita</strong>. Cristina ha levantado dos gigantescos murales de Evita en la Avenida 9 de julio, justo en el edificio que alberga el <strong>Ministerio de Desarrollo Social</strong>. Y frente al <strong>Obelisco</strong>, que es donde se izó por primera vez la bandera argentina (1812). Cada día que pasa es más clarividente el deseo de Cristina de sentirse Eva. El populismo transforma a los políticos. Y los emborracha de poder. Paseo por estos lugares camino de la <strong>Avenida de Corrientes</strong> con el libro <em>Al pie de la Letra</em> de<strong> Alvaro</strong> <strong>Abós</strong>. Es la mejor guía literaria que conozco sobre Buenos Aires. Y en ella cuenta que en los años 20 los ex presidentes argentinos hacían vida normal mezclándose con la ciudadanía. Y frecuentando cafés, teatros y librerías como cualquier otro transeunte. Fue el caso de <strong>Marcelo T. de Alvear</strong>, que solía andar sólo por la calle. Y acudía a veladas literarias de jóvenes poetas. Muchas sorpresas se llevaría Cristina si anduviera sóla por la calle. Si fuera de noche, se encontraría las mejores esquinas de la ciudad ocupadas por indigentes que duermen entre basuras. Y si es de día, no habría calle del centro capitalino libre de ruidosas manifestaciones de hartazgo ciudadano. Pero a la presidenta de Argentina le avala el 53,7 de los votos. Y nueve años ya de <em>kirchnerismo</em>.</p>
<p><a href="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/05/Avenida-Corrientes..jpg" rel="lightbox[8908]" title="Avenida Corrientes."><img class="alignright size-full wp-image-8924" title="Avenida Corrientes." src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/05/Avenida-Corrientes..jpg" alt="" width="900" height="600" /></a>Cristina a un lado, Buenos Aires es una de las ciudades más hermosas de América. En Corrientes, y uno frente a otro, se encuentran el <strong>Teatro Lola Membrives</strong> -antiguo <strong>Cómico</strong>- y el <strong>Multiteatro</strong>, que dispone de cuatro salas. Y por lo tanto ofrece cuatro representaciones diferentes al día. <strong>Lola Membrives</strong> fue una gran actriz argentina, aunque hija de españoles. Los hermanos <strong>Machado</strong> escribieron para ella en 1928 <em>La Lola se va a los Puertos</em>. En 1933 estrenó <em>Bodas de sangre</em> aquí en Buenos Aires aprovechando que <strong>Federico García Lorca</strong> pasaba una larga estadía en Argentina. Y en 1965 -cuatro años antes de su fallecimiento- representó en el <strong>Teatro Odeón</strong> de la vecina calle<strong> Esmeralda</strong> <em>Los verdes campos</em> <em>del edén</em> de <strong>Antonio Gala</strong>, entonces joven (y novel) dramaturgo. Lorca se alojó en el <strong>Hotel Castelar</strong>, en el 1152 de la <strong>Avenida de Mayo</strong>. Todavía sigue en pie este establecimiento, que ha convertido la habitación 704 que ocupó el poeta en un cuarto-museo abierto al visitante. Pero no sólo el hotel recuerda a Lorca en la capital porteña, sino también una clásica sala de cine en la Avenida de Corrientes -en la intersección de 9 de julio con Callao- que lleva su nombre. Cuando el trasatlántico italiano <em>Conte Grande</em> que trasladaba a Lorca desde <strong>Barcelona</strong> a Buenos Aires estaba a punto de entrar en aguas argentinas  recibió un telegrama de los poetas locales que decía: &#8220;Tu llegada es una fiesta para la inteligencia&#8221;. Federico frecuentaba el <strong>Café Tortoni </strong>en la Avenida de Mayo, creyéndose estar en el <strong>Suizo</strong> de <strong>Granada</strong>. Coincidió con <strong>Neruda</strong>, que era cónsul de <strong>Chile</strong> en Buenos Aires. Y concurrió a las fiestas que organizaba el potentado director del diario <em>Crítica</em>, <strong>Natalio Botana</strong>, en su quinta de <em>Don Torcuato</em>. Cuyos sotanos habían sido pintados por el mexicano<strong> David</strong> <strong>Alfaro Siqueiros</strong>. Las mantas ocupan las aceras. Y otros espacios peatonales de estas calles céntricas de Buenos Aires. Lo mismo encuentro a un vendedor ocasional de antigüedades. Lanas. O baratijas. Que a otro que exibe una colección de muñecas <em>Barbie</em>. Observo bolsos con imágenes estampadas de Evita, Marilyn y Frida. También una colección de libros viejos, encabezados por <em>La Rebelión de las Masas</em>. De Ortega. Y no tan viejos, como <em>La guerra de las mariconas</em>. De <em>Copi</em> (Raúl Damonte Botana), nieto de Natalio Botana. Un joven pregona un folleto con la nueva ley del Servicio Doméstico. Y un camión con altavoz convoca a los jubilados a reivindicar por la vía judicial, y desde la Plaza Lavalle (sede del Tribunal Supremo), la actualización de sus pensiones. El <strong>Teatro Presidente Alvear</strong> anuncia en cartel a la bailarina <strong>Mora Godoy</strong> en el musical <em>Chantecler Tango</em>. Y en la Librería Hernández se incluye entre las obras más leídas <em>Historia de la homosexualidad en Argentin</em>a, de <strong>Osvaldo Bazán</strong>. El viejo (y revolucionario)<strong> Café de la Paz</strong>, en Corrientes con Montevideo, es un remanso sin la bohemia. Está restaurado, pero sus ventanales siguen siendo los de antes. Mientras apuro un cortado leo en <em>Clarín</em> que el 24 actúa <strong>Miguel Poveda</strong> en el <strong>Teatro Opera</strong> <strong>City</strong>.</p>
<p>El asfalto es una jungla cuando atravieso las principales calles céntricas en busca de la <strong>Plaza de Mayo</strong>. Que es donde se encuentra la <strong>Casa Rosada</strong> (Presidencia de la República). Y la<strong> Pirámide de Mayo</strong>, el primer monumento que se levantó en la capital porteña. Los espectaculares furgones blindados de <strong>Prosegur</strong> (y otras compañías) se van concentrando junto a las oficinas bancarias para proveerse de las primeras sacas con dinero en efectivo. Y un ratero en moto le arranca el bolso a una mujer de mediana edad junto a la calle del <strong>Perú</strong> aprovechando que está atestada. Lo que soprende a los ambulantes, algunos de los cuales emprenden sin éxito su persecución. Mientras el resto se queja a gritos a un policía de este tipo de delincuencia.<strong> La Puerto Rico</strong> de la calle <strong>Alsina</strong> despacha sus primeras empanadas de carne. Pollo. O verdura. Y la <strong>Librería de Ávila</strong> muestra en su escaparate una foto de la última visita a Buenos Aires de<strong> Baltasar Garzón</strong>. El <strong>Palacio del Cabildo</strong> y la vecina <strong>Iglesia de San Ignacio de Loyola</strong> son dos de los edificios más antiguos de Buenos Aires. El Cabildo es hoy un museo. Y se encuentra en la misma Plaza de Mayo, que primero se llamó Plaza Mayor. Y después de la Victoria. Fue también prisión. Y en su interior -hoy reconvertido en museo- se cuenta que en tiempos de la colonia los actos delictivos más comunes en la ciudad fueron el homicidio, el robo y la práctica de juegos prohibidos. Esto en cuanto a hombres, puesto que a las mujeres se les perseguía de igual manera caso de haber cometido adulterio. O haber ejercido la prostitución. Cada castigo tenía una relación proporcional con el delito cometido. Así que las penas iban desde los azotes al empleo de grilletes, cepos y torturas a través del potro o la garrucha. Como última instancia estaba la horca. La independencia no abolió estas prácticas. Tampoco la Constitución de 1853. Hubo que esperar al Código Penal de 1866 para erradicarlas. Es otoño en Buenos Aires. Los días son luminosos. Y las noches de momento discurren templadas. La Plaza de Mayo es el principal testigo de la construcción de la nación argentina, pués en ella se han sucedido los principales acontecimientos relacionados con su joven historia. La pirámide data de 1811, pero fue modificada ulteriormente. Y hoy está rematada por una alegoría de la Libertad tocada con gorro frigio. Buenos Aires olvida a unos, pero no a otros. Entre estos últimos se encuentra <strong>Carlos Gardel</strong>. Existen dudas sobre su lugar de nacimiento. Unos dicen que llegó a esta ciudad desde <strong>Tacuarembó</strong>, Uruguay. Y otros que desde <strong>Toulouse</strong>, Francia. Pese a ello, creció en estas calles. Gardel es el tango. Y Buenos Aires es Gardel. Como Jorge Luis Borges es el poeta que con más pasión ha cantado a la ciudad. Gardel y Borges son dos leyendas del Café Tortoni. El establecimiento más famoso de la cuenca del Plata. Sé que por los salones del Tortoni permanece también el espíritu de <strong>Ramón Gómez de la Serna</strong>. Mito (y gloria) de las tertulias del <strong>Pombo</strong>. Y me dirijo hacia allí a ver que encuentro de este automoribundo de España. Gómez de la Serna escribió que nada se parece tanto a la Luna como la mesa de marmol de un café.</p>

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		<title>Calle del Molino</title>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2012 06:42:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
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<p>Desde antes de la invasión inglesa de <strong>Cádiz</strong> (1596) existía en el <strong>Campo de la Jara</strong> (o Xara), hoy <strong>Plaza de San Antonio</strong> y alrededores, un molino de viento harinero. En los siglos XVI y XVII, el Campo de la Jara era la mayor extensión cultivable de la ciudad seguida de la llamada <strong>Viña de Malabar</strong> –después transformada en <strong>Barrio de la Viña</strong>-, propiedad entonces de un labrador de cera llamado <strong>Juan López de Malabar</strong>. El molino del Campo de la Jara estaba ubicado en un lugar llamado <strong>Horca de los Franceses</strong>. Y disponía de al menos nueve tierras de cultivo a su alrededor, que se supone le proveían de grano cada cosecha. Tuvo varios propietarios, entre ellos el maestro mayor <strong>Antonio de Céspedes</strong>. Pero en 1674 pertenecían a <strong>Andrea D’Avalos de Sangro</strong>, general <strong>Príncipe de Montesarchio</strong>. Gobernador de la Armada y Jefe de expedición entre 1666 y 1671 de las flotas de galeones de la <strong>Carrera de Indias</strong>. Montesarchio fue un general naval que sirvió a España en el tránsito de los Austrias a los Borbones. Habitualmente tenía su residencia en <strong>Nápoles</strong>, en donde había nacido en 1618. Pero tras acabar su mandato como responsable de la <strong>Flota de Indias</strong> puso sus tierras gaditanas en arriendo. Porque pasó a mandar la Escuadra del Mediterráneo. Que operaba desde <strong>Sicilia</strong>. No existen datos históricos que describan como era aquel molino de viento harinero del Campo de la Jara, pero se le supone similar a los de trípode que se extendían entonces por la costa gaditana. Vejer, Conil y El Puerto de Santa María. Y que están reflejados en los dibujos que el artista flamenco <strong>Georges Hoefnagel</strong> realizó para la obra <em>Civitatis Orbis Terrarum</em> (Ciudades del Mundo). Editada en 1572 por el canónigo de la catedral de Colonia, <strong>Georg Braun</strong>. Con el paso de los años, aquel Campo de la Jara se fue poblando de viviendas ante la falta de suelo en la ciudad. Y la denominada Horca de los Franceses dio nombre a una calle que allí se creó. Pero el recuerdo del molino se impuso sobre la nomenclatura primitiva. Y en 1716 la calle pasó a llamarse Molino (de Viento). Mientras que la Horca se quedó por corrupción en <strong>Oca</strong>, dándole nombre a una pequeña cerrada allí existente. Hoy arbolada. Y que por un breve tiempo fue dedicada (por iniciativa del escritor <strong>José María Pemán</strong>) a la actriz hispanoargentina <strong>Lola Membrives</strong>, para quién los hermanos <strong>Machado</strong> escribieron en 1929 <em>La Lola se va a los puertos.</em></p>
<p><a href="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/05/Torre-de-Tavira.jpg" rel="lightbox[8857]" title="Torre de Tavira"><img class="alignright size-full wp-image-8874" title="Torre de Tavira" src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/05/Torre-de-Tavira.jpg" alt="" width="620" height="460" /></a>Aquella calle -que desde 1899 se llama <strong>Adolfo de Castro</strong>- forma parte de mis recuerdos de infancia. Junto a su actual nombre figura aún el azulejo con la antigua denominación. Calle del Molino. De niño me perdía por esos lugares intentando descubrir mundos imaginarios más allá de la plaza a la que solía ir a jugar. Que no era otra que la misma Plaza de San Antonio, levantada sobre el Campo de la Jara. De aquel molino queda hoy el nombre de una tahona que se ubica a principio de calle -en el número 4-, en un edificio de sólo dos plantas. Y que colinda con otra casa que hace esquina con la calle Buenos Aires en cuyos bajos estuvo establecida durante un tiempo una imprenta. Que se llamó hasta el siglo pasado <strong>Imprenta León</strong>, pero que antes fue la accesoria donde tuvo su escritorio el padre del anarquista (y alcalde) gaditano <strong>Fermín Salvochea</strong>. He estado visitando hace unos días la <strong>Panadería del Molino</strong> gracias a la cortesía de su actual propietario, <strong>Francisco González</strong>. Que me mostró el horno de piedra primitivo en el que sigue elaborando cada día el pan de leña. Y me permitió comprobar que aún existe la vieja cancela de hierro forjado que separa la tahona de la calle. Me introduje en aquella panadería con las alforjas llenas. Porque conocí (y conozco) a los anteriores propietarios, la familia <strong>Castellano Pavón</strong>. Y porque en esa panadería está la génesis (hasta ahora inédita) de una de las sagas de juristas más importantes de este país, los <strong>Rodríguez-Piñero</strong>. Conversaba de ello días pasados con mi querido <strong>Luis Martí</strong> <strong>Mingarro</strong>, decano del colegio de abogados de <strong>Madrid</strong> hasta 2007. Y le añadía que -además de saga- tres de sus miembros también conforman dinastía política, puesto que representan otras tantas generaciones de diputados a Cortes en línea directa. <strong>Manuel Rodríguez Piñero</strong> (reformista), patriarca de la saga. <strong>Santiago Rodríguez-Piñero</strong> (radical republicano), su hijo. E <strong>Inmaculada</strong> <strong>Rodríguez-Piñero</strong> (socialista), ejerciente en la actualidad, además de hija del anterior. En Cádiz -donde nacieron los dos primeros y por cuya provincia fueron diputados- es muy común por parte de algunas instituciones recordar con placas lapidarias a sus mejores hijos. E incluso a algunos que no son hijos. Y pasaron por la ciudad de forma breve. Con tristeza observo que ningún Rodríguez-Piñero haya sido reconocido al respecto. Y más triste aún es que los historiadores locales -salvo honrosas excepciones- tampoco lo hayan hecho. Pero para eso estamos otros. Como también la grandeza de la red.</p>
<p>En el Cádiz isabelino la tahona a la que me refiero era conocida como Antigua Panadería del Molino. Y entre sus especialidades se encontraba el llamado pan de privilegio. O pan blanco, que era privilegio de ricos. Y también las galletas de embarque, que eran unas tortas de harina de trigo que sustituían al pan en las travesías de alta mar. Dirigía el negocio en calidad de propietario Manuel Rodríguez García, hijo de gaditanos humildes. Y casado con María Dolores Piñero del Valle, igualmente gaditana aunque de padre nacido en Marín. También de orígenes humildes. Rodríguez García era de familia panadera. E incluso tenía un hermano mayor de nombre José que por matrimonio había emparentado con la heredera de una importante firma harinera -<strong>Hijos de F.J. Merello</strong>- que ya existía en el Cádiz inmediatamente posterior a 1812. Fruto de ese matrimonio nacieron cinco hijos, tres de ellos varones. Y cuyo primogénito -de nombre Manuel (1872)- fue educado en el prestioso colegio de<strong> San Francisco de Paula</strong>, sito en el número 1 de la <strong>Plaza de Topete</strong>. Que dirigía el alférez de navío <strong>Federico Hombre Ochoa</strong>. Era San Francisco de Paula un colegio laico, pero con dirección espiritual. Que en aquel tiempo ejercía el presbítero <strong>Antonio Alvarez León</strong>. En sus aulas se cursaban primera y segunda enseñanza, pero también se preparaban carreras de Estado. Disponía de un gabinete de idiomas, en el que se impartían clases de francés, inglés e italiano. Y las clases de primera enseñanza, elemental y superior tenían un coste mensual de 12 pesetas para los alumnos externos, pués el colegio también funcionaba como internado. El abogado Manuel Rodríguez Piñero -patriarca de la saga- creció entre el olor a pan recién hecho, sus juegos de niño en la Plaza de San Antonio y los trayectos hacia el colegio de la Plaza de Topete, que le obligaban a pasar dos veces al día por la calle<strong> Ancha</strong>. Una de las vías más concurridas de la ciudad. Y en la que -como escribió Pemán- se saludaban durante la <em>francesada</em> dos cadetes que serían más tarde protagonistas de nuestra reciente historia. Uno llamado<strong> Zumalacárregui</strong>. Y otro <strong>Espartero</strong>. Fue Manuel Rodríguez García un adelantado de su tiempo porque antepuso la formación universitaria de su hijo al negocio panadero. Le supuso sacrificios, pero dejó una heredad ordenada entre sus descendientes, uno de los cuales ha llegado a presidente del Tribunal Constitucional. Y otros ejercen (y ejercieron) la abogacía o la docencia en el Derecho en diferentes puntos de España. Ese instinto de anteponer la formación universitaria al negocio familiar no era muy común en la España de entonces, pero sí en la ciudad de Cádiz. Donde la burguesía desempeñó un papel destacado en el siglo XIX. Propiciado por el tránsito marítimo. Mediante el que llegaban las ideas a la ciudad. Y por el peso de un pasado ilustrado que se transmitía de padres a hijos. Manuel Rodríguez Piñero falleció en Cádiz el 9 de junio de 1929, seis años después de que la <strong>Dictadura de Primo de Rivera</strong> le interrumpiera su mandato como diputado a Cortes.</p>

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		<title>Cuento glam</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Apr 2012 23:34:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Nela</strong> era una vecina de barrio que se asomaba todas las tardes a la ventana para enseñarme las tetas. Luego me sacaba la lengua. Y se reía. Así que me hice adolescente con ese erótico suplicio. Un día ví que abandonaba el barrio agarrada al brazo de su madre. Mientras el padre, que era churrero, caminaba detrás con dos grandes maletas. Y una mochila militar a la espalda. Ya no la vi más, hasta que treinta años después me la encontré en <strong>Bilbao</strong>. Trabajaba como ertzaina.</p>
<p>-<em>Tu eres Nela, verdad?,</em> le dije.</p>
<p><em>- Yo soy Lola, mamón. Quién te crees que eres para saltarte un semáforo</em> <em>en rojo</em>, me contestó.</p>
<p>-<em>Oye, perdona, que yo no me he saltado ningún semáforo</em>.</p>
<p>-<em>Sí, que yo lo he visto.</em></p>
<p>-<em>Y además estás piripi</em>.</p>
<p>-<em>Pero si yo no bebo, Nela. O Lola, perdón. Tengo azúcar. La tensión alta. Y</em> <em>me van a operar de cataratas</em>.</p>
<p>-<em>Que tendrán que ver las cataratas con el vinillo!</em>, exclamó.</p>
<p>Aquella conversación derivó en lo absurdo. Mi coche estaba en medio de la calzada. Y una asonada de bocinas desesperadas pedía paso al tiempo que se oían tambores africanos de guerra. Pero a la bilbaína.</p>
<p>-<em>Quítate de en medio, cabrón</em>, gritaba uno.</p>
<p>-<em>Guarra</em>, decía otro.</p>
<p>-<em>Pero que rechula que es esta agente</em>, le escuché a un cachondo que se hizo pasar por mexicano.</p>
<p>-<em>Kanpora</em>, remató un listillo.</p>
<p>Ya me lo había dicho mi amigo <strong>Josu</strong>. Los ertzainas están muy mal acostumbrados. Y se atribuyen competencias municipales (y de tráfico en las ciudades) que no le corresponden. Ojo con la <strong>Plaza Moyúa</strong>. Están al acecho.</p>
<p>-<em>A ver, los papeles del seguro!</em></p>
<p>-<em>Pero no quieres que te muestre antes el carné de conducir?</em></p>
<p>-<em>Que no, joder. Primero el seguro</em>.</p>
<p>Mientras buscaba el documento, Nela se ajustó la txapela. Y se recogió su rubio pelo. Expulsó un chicle de la boca. Y con una barra de carmín se pintó los labios utilizando como espejo el retrovisor.</p>
<p>-<em>Quién te gusta más: La Nela? O la Lola?</em></p>
<p>-<em>Las dos.</em></p>
<p>-<em>Pero qué cabrón que eres</em>, me respondió. <em>Eres muy chulo también, sabes?</em> <em>O sea,</em> <em>que te gustan de dos en dos</em>.</p>
<p>-<em>Es que..</em>.</p>
<p>-<em>Yo soy Lola la Potxola</em>. <em>Única entre las únicas. Y a mi no me comparte</em> <em>nadie.</em></p>
<p>Me asusté mucho, porque llevaba porra. Y una pistola al cinto. Lo de <strong>Lola la Potxola</strong> me sonó a <strong>Lola de España</strong>. Pero como estaba en <strong>Bilbao</strong> no quise decirlo en alto. Ni tampoco sustituir España por <em>La Roja.</em> Porque no me iba a entender. Así que preferí guardar silencio, no sin antes escuchar su amenaza:</p>
<p>-<em>Y La Potxola cuando multa es que multa de verdad.</em></p>
<p><a href="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/04/Glam-1..jpg" rel="lightbox[8814]" title="Glam-1."><img class="alignright size-full wp-image-8822" title="Glam-1." src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/04/Glam-1..jpg" alt="" width="602" height="549" /></a>Desconocía las intenciones de Nela. O Lola, perdón. Que estaba preciosa con su anorak de calle. Tan rojo como el percal de una muleta. Y sin chaleco antibalas. La porra al cinto. La pistola. Y el distintivo de agente 1º deslizándose sobre su pecho izquierdo. Llevaba un reloj de <strong>National Geographic</strong>. Y en la otra muñeca una pulserita chapada en oro de la que pendía una medalla religiosa que me pareció la<strong> Virgen de</strong> <strong>Setefilla</strong>. Que es la patrona de <strong>Lora del Río</strong>. Y que se parece mucho a la <strong>Virgen del Rocío</strong>, aunque tirando a chinita.</p>
<p>Infeliz de mi, había viajado en automóvil de <strong>Madrid</strong> a Bilbao cuando lo suyo hubiera sido en un tren <em>Alvia</em>. Con un bocadillo de sobrasada preparado por mi tía <strong>Encarnita</strong>, que es gallega. Y un termito de café con leche desnatada, también gallega. Pero tenía que pasar por <strong>Burgos</strong> a por unas morcillas, que no son gallegas. Pero están tan buenas como el lacón. Y aquí estoy en la Plaza Moyúa. Con lo que me gusta la estación de <strong>Abando</strong>. Y esos trenecitos de cercanías que te llevan. Y te traen. A <strong>Muskitz</strong>. A <strong>Orduña</strong>. Y a <strong>Santurtzi</strong>.</p>
<p>-<em>El seguro lo tienes al corriente de pago, </em>me dijo<em>. Muéstrame ahora tu última nómina</em>.</p>
<p>-<em>Pero es que yo no llevo encima la nómina</em>, le respondí.</p>
<p>-<em>Pues el último recibo de luz.</em></p>
<p>-<em>Cual prefieres. El de febrero. O el de abril?</em></p>
<p>-<em>El último, el último…</em></p>
<p>Qué suerte. Porque cuando viajo me llevo siempre los últimos cinco recibos de luz. Y también los últimos cinco recibos de la <strong>Comunidad de Propietarios</strong>, además de todos los tickets del supermercado. Y la hipoteca del piso. Porque Hacienda está en todas partes.</p>
<p>-<em>Oye, que en este recibo de la Comunidad de Propietarios te han cobrado de más. Treinta euros por el arreglo de las humedades del vecino del 5º derecha. Y tú vives en el 2º izquierda</em>.</p>
<p>La verdad es que Nela (o Lola, perdón) tenía toda la razón. El administrador me había colado unas humedades del vecino del 5º. Un tal don Ramón, que es músico militar retirado. Y toca ahora el clarinete en la banda de <strong>Chinchón</strong>. Cuando yo vivía en <strong>Cádiz</strong> no pasaba eso. Porque había una casera que revisaba siempre las cuentas del administrador antes de que nos entregara el recibo. <strong>Paqui</strong> <strong>Sánchez Nomdedeu</strong> se llamaba. Tuvo un novio que se fue a <strong>Venezuela</strong>. Y esperó con resignación durante más de cincuenta años a que regresara. Nunca más se supo de él.</p>
<p>-<em>Cuando te vas a casar, Paqui</em>?, le preguntábamos los chiquillos.</p>
<p>-<em>El verano que viene. Cuando mi lorito real</em> [por <strong>Ramón</strong>, su novio] <em>venga de</em> <em>Caracas con sus ahorritos</em>, respondía repitiendo la misma frase año tras año.</p>
<p>Además de ser muy avispada, Nela (o Lola, perdón) me explicó con lógica matemática donde estaba el delito. Había descubierto sin usar sus gafas (y en sólo unos segundos) que mi vivienda estaba en el lado contrario del bloque. Y dos plantas más abajo de las dichosas humedades. Por lo que jamás podría haber sido yo el causante de estas. Así que sentenció:</p>
<p>-<em>Aquí hay una estafa</em>.</p>
<p>Me quedé perplejo, pero a la larga preferí que descubriera que me habían estafado. A que empezara a ponerme multas una detrás de otra. Así que le pedí por favor que me dejara conectar la radio mientras acababa de revisar la documentación que yo le había entregado. Lo de la radio es porque soy un fanático de la música. Y corro el riesgo de entrar en crisis si paso dos horas sin escuchar una canción. La verdad es que me gusta todo tipo de melodías, y a veces fusiono en mi casa a <strong>Isabel Pantoja</strong> con <strong>El Fary</strong>. <em>Marinero de luce</em>s, <em>torito guapo</em>.</p>
<p>Me miró con mala cara, como de sargento cabreado. Pero obtuve su aprobación. Aunque con limitaciones:</p>
<p>-<em>Nada de flamenco ni hostias, eh? Cuidadito que no escuche yo a la María del Monte esa. Lo más que te dejo llegar es a Sergio Dalma.</em></p>
<p>Dios existe. Y sé que está siempre ahí cuando lo necesitas. Con la radio me la estaba jugando también. Porque de sus palabras interpreté que tenía gustos muy exigentes. Así que cerré los ojos y dejé el dial a la deriva. Como era digital, fue dando saltos hasta que encontró la emisora que yo creía idónea para la situación:</p>
<p>Buenas tardes. Aquí <strong>Radio Burkina Divinaka</strong>, estación de <strong>Elantxobe</strong>. Onda Marítima. Emitiendo en pruebas para <strong>Bilbao</strong> y ambos márgenes de su ría. Costa vasca hasta <strong>Portugalete</strong>. Y <strong>Castro</strong>. Les dejamos con <em>Las Nancys Rubias</em>.</p>
<p>Madre mía la que se armó. Nela (O Lola, perdón) lanzó la txapela al aire. Se desprendió del anorak color rojo percal de muleta con la insignia de agente 1º. Que también lanzó al aire. Y se introdujo en mangas de camisas en el asiento derecho de mi <em>Ford Fiesta</em>. Pero gritando:</p>
<p>-<em>Son las mías, son las mías…</em> <em>Y yo no uso laca</em>.</p>
<p>Mientras sonaba:</p>
<p><em>Me pongo la peluca./</em><em>Me pinto un poquito más./</em><em>Me llaman las amigas./</em><em>Me pinto en cualquier bar.</em></p>
<p>-<em>Vámonos, vámonos al exilio</em>, me dijo intentado ocultar su rostro con la palma derecha de la mano tras avistar al ertzaina con el que patrullaba en pareja. <em>Es Patxi de Durango, joder. Pero no nos ha visto</em>.</p>
<p>-<em>Y que va a pasar ahora?,</em> le pregunté.</p>
<p>-<em>Que quiero abdicar</em>.</p>
<p>-<em>Cómo?</em></p>
<p><em> Abdicar no, coño. Desertar, que me traen ya loca los periódicos con esa otra palabreja.</em></p>
<p>-<em>Pero a qué exilio vamos</em>, le pregunté mientras ponía en marcha el vehículo. Y emprendía un simulacro de fuga.</p>
<p>-<em>A Toledo!,</em> sentenció.</p>
<p><a href="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/04/Glam-2.2.jpg" rel="lightbox[8814]" title="Glam-2."><img class="alignright size-full wp-image-8827" title="Glam-2." src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/04/Glam-2.2.jpg" alt="" width="995" height="666" /></a>No comprendí nada. En un principio, y cuando lanzó al aire la txapela y el anorak con su insignia de agente 1º, pensé que Lola se acababa de transformar en Nela. Y que con la euforia me iba a volver a enseñar sus tetas treinta años después. Pero no. Aquella adolescente era ya una mujer. Y la<strong> Academia de Arkaute</strong> la había formado selectamente, lo mismo manejando las armas que dominando el pedal de una bicicleta lobular de <strong>Orbea</strong>. No pudo reeducarla porque es una deslenguada. Hasta el punto que le pegó una hostia a un subcomisario de la <strong>Ertzaintza</strong> porque le preguntó si se había operado las caderas. Esto me lo contó cuando dejábamos atrás la Plaza Moyúa. Y estábamos a punto de entrar en el parking de <strong>El Corte Inglés</strong>.</p>
<p>-<em>Para que me traes aquí</em>, <em>macho</em>.</p>
<p>-<em>Para vestirte de blanco</em>, <em>princesa</em>.</p>
<p>-<em>Deja, deja. Que yo soy Lola la Potxola. Nacida en Ceuta, pero recriada en Bilbao. Madre es de Lora. Y padre hacía los mejores churros de toda África. Hasta que se lo llevó un general a Cádiz. Y le puso un puesto de tejeringos junto al Mercado, pero a medias en todo. Luego nos vinimos a Bilbao, hasta que se jubiló como portuario.</em></p>
<p>Tengo yo que viajar a Bilbao para enterarme que un general del Ejército español se ayudaba económicamente con un puesto de churros. Pero en fin, la vida es una caja de sorpresas. Mientras tanto <strong>Las Nancys Locas</strong> siguen dándole que te pego. Y al gusto de Nela (o Lola, perdón). Que jalea su cuerpo al compás sobre la tapicería negra del coche. <em>Nancys rubias operadas</em>, <em>nancys rubias maquilladas</em>.</p>
<p>-<em>A ver, explícame eso del blanco,</em> <em>capullo</em>.</p>
<p>-<em>Es que los marineros van de blanco. Y quiero vestirte de generala de Marina para que me lleves en góndola por el Tajo hasta su desembocadura en el estuario del mar de la Paja.</em></p>
<p>-<em>Tú eres muy cursi, mamón. Y un poco maricón. Quién te crees que eres? La Nancy Anoréxica. O la Nancy Reagan&#8230; Anda, llévame de regreso a la Plaza Moyúa. Que esto se ha terminado. Generala de Marina yo! Vaya hostia que te vas a llevar. Ale, ale, que te voy a poner seis multas. Y te voy a encerrar por saltarte un semáforo en rojo .</em></p>
<p>-<em>Pero yo no me he saltado ningún semáforo</em>.</p>
<p>-<em>Cállate, joder. Que como no te calles te vas a quedar </em><em>sin ver mis tetas esta noche.</em></p>
<p><em>Nancys rubias de promoción</em>./<em>Nancys rubias de Loui Vuiton</em>./<em>Nancys rubias en un avión</em>./<em>Nancys rubias Eurovisión</em>.</p>
<p>Buenas tardes. Aquí <strong>Radio Burkina Divinaka</strong>, estación de <strong>Elantxobe</strong>. Onda Marítima. Emitiendo en pruebas para<strong> Bilbao</strong> y ambos márgenes de su ría. Costa vasca hasta<strong> Portugalete</strong>. Y <strong>Castro</strong>. Última hora: El diario <em>El Mundo</em> informa en su edición de hoy que el elefante que mató el Rey en <strong>Botsuana</strong> tenía 50 años. Tuvo que realizar siete disparos de rifle con munición calibre <em>express</em> 470 para batirlo. Por hoy ponemos fin a nuestras emisiones.</p>
<p>&nbsp;</p>

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		<title>Suenan violines</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Apr 2012 23:38:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
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<p>Suenan violines en el túnel peatonal que separa <strong>Ondarreta</strong> de<strong> La Concha</strong>. En lo que aquí en <strong>Donostia</strong> llaman <em>Pico del loro</em>. Una joven pone música a la mañana del sábado. Que ha amanecido gris, con intervalos de llovizna. Un gris que reviste el mar de plata vieja. Y ensombrece el verde de los montes. Uniformando de invierno la ciudad, pese a ser primavera. Pero hay otros colores: el arcoriris que conforman con sus equipaciones los alevines que disputan una liguilla de futbol playa aprovechando la bajamar. Los piraguistas que ensayan frente a <em>La Perla</em>. Y los iniciados en vela ligera que practican entre la isla de <strong>Santa Clara</strong> y el monte <strong>Urgull</strong>, ya cerca del <strong>Paseo del Muelle</strong>. Es maravilloso escuchar violines en <strong>San Sebastián</strong>. Que es un instrumento que <strong>Yehudi Menuhim</strong> nos dejó asociado a la paz. Menuhin descendía de rabinos jasídicos, tradición judaica que rechaza cualquier religión puramente cerebral. O desapasionada. <strong>Euskadi</strong> ha sufrido <em>religiones</em> pasionales a lo largo de su historia -el carlismo fue una de ellas-, aunque todavía no se ha repuesto de la más trágica (y sangrienta) de todas. Que ha sido la última. Pasional también es la religión en <strong>Irán</strong>, pero cuando hay hambre huelgan los fanatismos. Que se lo digan a la joven que sorteó recientemente la seguridad presidencial de <strong>Amaniyedad</strong> recriminándole la falta de víveres. Y pasional ha sido igualmente la nacionalización de <strong>Repsol YPF</strong> por la presidenta argentina <strong>Cristina Fernández</strong>. Pero este <em>zarpazo</em> petrolero no puede convertirse en un asunto de Estado. Ni en un enfrentamiento entre españoles y argentinos. Será el tiempo el que ponga cada cosa en su sitio. A la petrolera, considerada ya bono basura. Y a ella, mujer de ultratumba. Que por mucho que remueva los cementerios no podrá devolverle la vida a <strong>Evita</strong>. Ni a su esposo<strong> Kirchner</strong>. Por<em> El Diario Vasco</em> me entero de que Fernández es de origen gallego. Y de Lugo. Como los hermanos <strong>Castro</strong>. Le quedan tres primos octogenarios que residen en la aldea de <strong>Mazaeda</strong>. Y habitan la casa que fuera de don<strong> Pascasio Fernández</strong>, el abuelo que emigró en 1920 a <strong>Buenos Aires</strong>. En donde aprendió el oficio de sastre. Uno de ellos declara al periodista que firma el reportaje: &#8220;Si viene Cristina, la invitamos a un tazón de<em> leite</em> con pan&#8221;. Sopla viento moderado del sur en San Sebastián. Hay gente con chubasqueros (y paraguas) apostada en la barandilla de La Concha. Las caseras del mercado de <strong>La Bretxa</strong> ultiman sus ventas de quesos, hortalizas y verduras. Y en la calle<strong> Loyola</strong> se producen aglomeraciones frente a una feria de flores y plantas. La catedral del <strong>Buen Pastor</strong> acoge un exposición de <strong>Teresa de Calcuta</strong>. Pero también una boda elegante que es despedida con <em>aurresku</em>. Y que traslada en el <em>Txu-txu</em> (tren turístico) a los invitados que van a asistir al convite.</p>
<p>Quedo con un grupo de amigos al otro lado del <strong>Urumea</strong>. Frente al nuevo<em> Kursal</em> de <strong>Moneo</strong>. Y en un lugar de diseño llamado <strong>Viento</strong> <strong>Sur</strong>, que es una taberna de <em>pintxos</em> pero con materia prima andaluza. Lo dirige una joven pareja sevillana, él en la cocina. Y ella en el <em>lobby</em>. Viento Sur no sólo está de moda sino que forma parte ya de la oferta gastronómica de la ciudad. Me gustan estos mestizajes. Y máxime en San Sebastián, que es una ciudad muy exigente en cuanto a gustos culinarios. Porque la cocina aquí no sólo es tradición. Innovación. O iconografía de la ciudad, como cada año nos recuerda la tamborrada. Sino que desde 2011 forma parte también de la ciencia (y el estudio del conocimiento) gracias al <strong>Basque Culinary Center</strong>. Que es un centro de investigación (y formación) dependiente de la <strong>Universidad de Mondragón</strong>. <a href="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/04/Donostia2.jpg" rel="lightbox[8712]" title="Donostia"><img class="alignright size-full wp-image-8742" title="Donostia" src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/04/Donostia2.jpg" alt="" width="1600" height="1200" /></a>Sin embargo, a la hora de exigir prefiero un clásico. Y nada más llegar el viernes a Donostia me fui a almorzar a <em>Juanito Kojua</em>, en la Parte Vieja. Entre bodegones con motivos vascos. Y un reloj de pared con carrillón que marca horas y cuartos. Pero del que nunca he adivinado su melodía. Llevo muchos años viniendo a <strong>Guipúzcoa</strong>. Y en particular a San Sebastián. Pese al gris que hoy se ha adueñado de su cielo, la ciudad suele tener una luz espectacular. Otras veces he amanecido con esa luz en<strong> Igueldo</strong>. Y he recorrido con esa luz la bahía desde el <em>Peine de los Vientos</em> a la <em>Construcción Vacía</em>. Las puntas de herradura que se reparten <strong>Chillida</strong> y <strong>Oteiza</strong> para grandeza del hierro. Pero nunca hasta la noche del viernes había estado en <strong>Pasajes</strong> <strong>de San Juan</strong>, pequeño pueblo marinero del Siglo XVII (y con edificios anteriores) a diez kilómetros de Donostia. Y sí en el de<strong> San Pedro</strong>. E incluso en el <strong>Antxo</strong>. En Pasajes de San Juan residió un tiempo <strong>Victor Hugo</strong>, pero desde allí partió 70 años antes para <strong>Carolina del Sur</strong> (en la fragata <em>Le Victoire</em>) el marqués de<strong> Lafayette</strong>. Tenía sólo 20 años este aristócrata. Y se puso a las órdenes de <strong>George Washington</strong>, que lo devolvió a<strong> Francia</strong> un lustro después como mariscal de campo. Tras combatir heroicamente en la guerra de independencia americana. Lafayette es quien intercala durante la <strong>Revolución francesa</strong> el color blanco entre el azul y el rojo de la bandera nacional. Pero es encarcelado en<strong> Austria</strong> cuando huía de su país perseguido por los jacobinos. Liberado po<strong>r Napoleón</strong>, mantiene su conciencia revolucionaria hasta que fallece en 1834. De hecho, se posicionó a favor del pronunciamiento liberal que repuso la <strong>Constitución de Cádiz</strong> (1820). Y supongo que se llevaría una enorme decepción cuando <strong>Fernando VII</strong> la aplasta tres años después ejecutando a <strong>Riego</strong> (1823) y a <strong>El Empecinado</strong> (1825). Los Borbones deberían de pedir perdón por el aciago <strong>Siglo XIX</strong> que han dejado marcado en la historia de España. Y por la parte del XX que le correspondió a <strong>Alfonso XIII</strong>. Me bastaría con que dijeran <em>Lo siento</em>.</p>
<p>Víctor Hugo entra por primera vez en España por el <strong>Bidasoa</strong> (1911). Lo hace en un convoy militar. Porque su padre -de nombre Leopoldo Hugo- era un general protegido de <strong>José Bonaparte</strong>. A quien sirvió como primer ayudante. Y de quien recibió el título de conde de <strong>Sigüenza</strong> por sus batidas a las huestes de El Empecinado. La vida marital de los padres del poeta fue un desastre. Y como consecuencia de las desavenencias, Víctor Hugo ingresó interno junto a sus dos hermanos en el <strong>Seminario de Nobles</strong> de <strong>Madrid</strong>, que estaba entonces en la calle de la Princesa. A sus nueve años ya conocía el frío y el hambre. Porque España estaba en guerra. Y la capital carecía de pan blanco, lo que obligaba al propio Bonaparte a alimentarse con pan de munición (<strong>1</strong>). Pese a esto, fue siempre un amante de España. Y en 1843 se instaló en Pasajes de San Juan, desde donde recorrió el Pais Vasco y Navarra. En Pasajes no suenan violines, pero sí la sirena de los mercantes que arriban (o zarpán) al (del) puerto natural que configura la ría donde desemboca el río <strong>Oiartzun</strong>. San Juan es un hermoso lugar entre el monte <strong>Jaizkibel</strong> y el mar que retrae a un pasado de veleros y buques balleneros. Y que discurre por &#8220;una calle única que lleva a todas partes&#8221;. Como la definió Víctor Hugo. Desde entonces poco ha cambiado. Y cuando las aguas están sosegadas, traineras, trainerillas y bateles se deslizan bogando sobre ellas en un silencio que sólo rompe la voz del patrón (o timonel) al marcar la palada. Otrora existían en aquellas aguas mujeres bateleras que en sus botes cubrían el trayecto de una orilla a otra. De las bateleras de Pasajes escribió el propio Víctor Hugo. Pero también<strong> Palacios Valdés</strong>. Y <strong>Mañé Flaquer</strong>. Ya existían en 1660 porque las crónicas que dan cuentan del viaje de Felipe IV con su hija María Teresa por la costa guipuzcoana reflejan el saludo que aquellas le brindaron desde sus botes al paso de la góndola real. Una motora que cruza a los pasajeros desde la otra orilla (Trintxerpe) recuerda tiempos que ya se fueron. Los fines de semana acuden a estos lugares muchos franceses. Que pasean por la única calle de este pueblo admirando sus edificios históricos, algunos anteriores al XVII, como el <strong>Palacio de Villaviciosa</strong> (renacentista). O acuden a los magníficos restaurantes que se asoman al mar. Como <em>Casa Cámara</em>, fundada en 1884. Y regida desde entonces por la misma familia. Ha sido un fin de semana electoral en Francia. Cuando el lunes regresen estos franceses al trabajo discutirán sobre <strong>Hollande</strong>. Y <strong>Sarkozy</strong>. También tendrán presente a <strong>Marie Le Pen</strong>, que representa el avance de la extrema derecha. Yehudi Menuhim dijo que &#8220;nuestro fracaso se debe a que el hombre no tiene paz interior ni ha logrado el dominio de si mismo&#8221;. Es posible. Y decido regresar al tunel peatonal que separa Ondarreta de La Concha. Esta vez los violines no  sólo suenan a paz. También hablan de amor. El día continúa gris, con intervalos de llovizna. Maite zaitut, Donostia.</p>
<p>(<strong>1</strong>) Pan de poca calidad que se repartía entre la tropa. También se le conoce como <em>chusco</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>

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		<title>Gorro frigio</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Apr 2012 14:44:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
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<p>Me escapo unos días a <strong>Valencia</strong>, que en esta estación del año está radiante. La primavera transcurre aquí más adelantada que en <strong>Madrid</strong>, en donde predomina el gris. Y llovizna. Cuando acudo a la ciudad me gusta pasear por <strong>La Malvarrosa</strong>, la playa en azul retratada por <strong>Sorolla</strong>. Y que debe su nombre a un jardinero francés del XIX llamado <strong>Félix Robillard</strong>. Pero esta vez me he desplazado a <strong>El Saler</strong>, que es también azul y se encuentra en la restinga (o cordón litoral) de <strong>La Albufera</strong>. Esta pedanía me recuerda la franja que separa al golfo de <strong>México</strong> de las lagunas costeras de <strong>Veracruz</strong>. Al menos la orografía es la misma, con la salvedad de los campos de arroz. Que aquí se riegan por inundación. Y que ahora se encuentran en período de siembra. En El Saler (y en El Palmar, vecino poblado que le sigue) todavía se pueden apreciar algunas barracas. Que son las viviendas de los valencianos de la huerta. La barraca la inmortalizó <strong>Blasco Ibáñez</strong> en la novela de su mismo nombre. Que se publicó por primera vez a modo de folletín en 1898 en <em>El Pueblo</em>, periódico republicano que aquel dirigía. Sorolla realizó en 1894 un boceto de cartel para este diario por encargo de su amigo Blasco Ibáñez. Y se le ocurrió pintar a una mujer vestida a la usanza valenciana con gorro frigio. Es una bella alegoría de la República. Y la versión valenciana de <em>Marianne</em>, la figura que encarna los valores de la <strong>Revolución Francesa</strong>. Considero este trabajo de Sorolla de una creatividad enorme. Y pródigo en mensajes, incluso para nuestro tiempo. En España nos solemos tomar con precaución todo lo que se confiesa republicano. Tal vez por el fracaso de las dos experiencias pasadas. Y en especial por la última. Que acabó de forma cruenta. Y de la que hoy se cumplen 81 años. Pero lo tuvo que hacer muy mal la<strong> Monarquía</strong> para que estos ideales fueran defendidos con tanta pasión. No sólo en ambos momentos, sino también en el período que transcurrió entre la I y la II República. Hago estas reflexiones frente a la playa de El Saler, que hoy viste colores de Sorolla. Y me recibe con bocanadas de brisa marina. Después de haber pasado la mañana en el <strong>Museo de San Pio V</strong> (Bellas Artes). Que está emplazado en un antiguo seminario del XVII ubicado en la margen izquierda del antiguo cauce del <strong>Turia</strong>. Posee este museo una excelente colección, que se inicia en el gótico, continúa por la pintura italiana y flamenca, y pasa después al barroco, al Siglo de Oro español y a la Academia, además de <strong>Goya</strong>. Y del nativo Sorolla, que dispone de sala propia. Con más de cincuenta óleos y dibujos, entre ellos el boceto republicano que le encargó Blasco Ibáñez para <em>El Pueblo</em>. Y un cuadro en depósito (y hasta ahora inédito) de la familia Urcola que los descendientes de la última propietaria han intentado vender sin éxito fuera de <strong>España </strong>en estos tiempos calamitosos.</p>
<p><a href="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/04/Jossefina-Candado..jpg" rel="lightbox[8641]" title="Jossefina Candado."><img class="alignright size-full wp-image-8684" title="Jossefina Candado." src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/04/Jossefina-Candado..jpg" alt="" width="530" height="800" /></a>Llevo una semana indignado con la <strong>Casa Real</strong>. El nieto menor se pega un tiro en el pie después de jugar con una escopeta de caza cuyo uso por edad lo tiene prohibido. Y el Rey se accidenta la cadera mientras caza elefantes en <strong>Botsuana</strong> a 4.000 dólares la licencia. Y a 15.000 por animal batido. No sé en que mundo viven estos. Y por qué se les está permitiendo tanto. Lo del nieto es una temeridad de su padre Marichalar que debería ser sancionada. Y lo de Juan Carlos de Borbón, una irresponsabilidad. Pero frente el esfuerzo que estamos haciendo los españoles. En un momento en que <em>The New York Times</em> avisa de una eventual intervención. Los mercados nos atacan ferozmente. La calidad de vida está por los suelos. La sanidad y la educación sufren recortes de más de 10.000 millones de euros. Tenemos casi cinco millones de parados. Y los precios se disparan creando angustia en miles de familias. Me repudia la caza de elefantes. Pero más aún que lo haga un rey de España. En fechas que escapan ya de las fiestas pascuales. Y condeándose con ricos sin escrúpulos que matan animales por placer. Como no le <em>pasen</em> pronto el relevo al Príncipe esto se acaba. Y no es una rabieta. O una soflama por el 14 de abril. Que yo no estoy aún en esa <em>tropa</em>. Sólo repito lo que escucho en la calle constantemente. O contemplo en las redes sociales. Que arden estos días. Para honra de Alemania cito una noticia de <em>Abc</em> que indica que el esposo de <strong>Ángela Merkel</strong> debe de pagar 1.300 euros cada vez que la acompaña en el avión oficial. Que es una manera de distinguir claramente al consorte de la canciller. Y para tristeza de España me remito a otra de <em>El Mundo</em> en la que se asegura que la factura de los 97 euros que costó la primera cura de <strong>Felipe Juán Froilán de Marichalar</strong> en el Hospital de<strong> Soria</strong> va a ser endosada a la Casa Real. Pese a la rabia, dejo a la Monarquía (y a la República) a un lado. Y empiezo a repasar mi recorrido por San Pío V mientras disfruto de la brisa marina de El Saler. De Goya destaca un retrato de mujer -en este caso de <strong>Joaquina</strong> <strong>Candado</strong>- que posa junto a un perro bichón al igual que lo hace <strong>Cayetana de Silva</strong>, XIII duquesa de Alba, con el suyo. Resulta extraño que Goya pinte perritos falderos cuando lo propio serían animales deformes o en acción. Y pongo por caso su litografía <em>Toro atacado por perros</em> (Biblioteca Nacional, 1821). Los bichones que acompañan a ambas damas son la antítesis de sus asnos. Porque el asno (sin olvidar al toro) es el animal de Goya por antonomasia, aunque hay que distinguir al pintor que retrata a la aristocracia del ya enfermo, menos amable y atormentado que se adelantó como artista a su tiempo. Nada mejor que esta pequeña mascota para ver reflejado en su estampa animal a cierta clase social de la época. Por eso me produce más simpatía el asno ilustrado. Que pese a ser contradicción, no deja de encarnar al ignorante.</p>
<p>La playa de El Saler es de arena fina (y dorada), como la de La Malvarrosa. Tiene más literatura ésta última porque fue en el XIX lugar de descanso de la burguesía local. Que era por lo general republicana. Pero también es un espejo del costumbrismo marinero de Valencia. Sorolla pintó estos lugares y Blasco Ibáñez los describió. Mi pintura favorita de Sorolla es <em>Paseo a orillas del mar</em>. En el que aparecen su esposa <strong>Clotilde García</strong> y su hija mayor, de nombre también Clotilde, paseando por la playa. Con sus blancos vestidos batidos por la brisa del mar azul del atardecer. Fue pintado en 1909, en un momento vital del pintor. Y forma parte de la colección del <strong>Museo Sorolla</strong> de <strong>Madrid</strong>. De su obra valenciana, me quedo igualmente con diferentes escenas de pesca en las que intervienen bueyes de arrastre. Porque debieron ser impresionantes aquellos momentos en que las barcas de pesca -<em>barques de bous</em> (<strong>1</strong>)- eran varadas con sus capturas en la arena por yuntas de tiro. Todavía quedan en El Cabanyal-El Canyamelar, barrio fusionado que se extiende frente a La Malvarrosa, vestigios semiderruidos de aquellas artes, como la vieja <em>Llotja de Pescadors</em> y los corrales de bueyes, o <em>Casa dels bous</em>. Un impresionante reloj de sol en esta última finca recuerda que en aquel litoral hubo otro tiempo. Pero no tan remoto. Blasco Ibáñez, que tenía su residencia cerca, da cuenta de estos lugares marineros en <em>Flor de Mayo</em>. Y Sorolla, que poseía al mismo tiempo una luminosa casa de verano cerca de la playa, guardaba sus cuadros junto a los bueyes. En El Saler todo es distinto, aunque se trata de una continuación del paisaje sólo interrumpida por las instalaciones del puerto de Valencia. Y los barrios marineros de El Grao y Natzaret (<em>Lazareto</em>). La playa en este otro lado es silvestre. Y ningún reloj marca las horas. El Saler significa<em> la</em> <em>salina</em>. Y me viene a la memoria que Joaquina Candado, viuda de militar, fue pintada por Goya durante su segundo matrimonio. Cuando era ya una mujer rica, pués casó con <strong>Matías González</strong>, pagador de la Real Fábrica de Salitre de Madrid. Mineral necesario para fabricar la pólvora. Aunque nada de esto la relaciona con Valencia. Joaquina posa con elegante vestido de gasa negra estilo<em> Imperio</em> con escote blanco<em>. </em>Emplea mantilla española. Y usa guantes de gamuza amarilla. El cuadro despierta dudas sobre la identidad de la dama. Y son ya varios los estudiosos que se niegan a aceptar que se trata de Candado. Hay quien dice que es la maja. Y otros, una modelo. También se le relaciona con una supuesta ama de llaves del pintor. Con una de las hijas de su amigo gaditano <strong>Sebastián Martínez</strong>. E incluso con la condesa de <strong>Fernán Núñez</strong>. El cuadro lleva en Valencia desde 1819, en que fue donado por la propia retratada a la Real Academia de San Carlos, embrión del museo de San Pío V. Yo no tengo dudas, pero hoy le cambiaría la mantilla española por el gorro frigio.</p>
<p>(<strong>1</strong>) Las <em>barques de bous</em> no reciben este nombre por los bueyes de tiro que las varaban en la arena. Sino porque se alineaban de dos en dos en alta mar arrastrando las redes tal como hacen los bueyes con el arado.</p>

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		<title>Paseo silente</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Apr 2012 19:14:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
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<p>Regreso a<strong> Madrid</strong> tras pasar unos días de descanso en Cádiz. Y pasear silente por tres de sus pueblos blancos, <strong>Bornos</strong>, <strong>Algar</strong> y <strong>Prado del Rey</strong>. <em>Para morir aquí, he vuelto, Bornos</em>./ <em>Cabeza de ataúd, madre de imágenes</em>./ <em>Entre</em> <em>la incertidumbre de los lirios</em>. /<em>Y la esfera mortal del heno en llamas</em>. Estos versos son de <strong>Rafael Soto Vergés</strong>, poeta gaditano ya fallecido a quién conocí a finales de los 80 en <strong>Sevilla</strong> cuando yo dirigía las páginas andaluzas de<em> El País</em>. Soto Bergés compuso poemas tan sentidos como hermosos. Y su canto a Bornos es un regreso a la niñez desde la pureza poética. Pero también un viaje a la muerte. <em>Para llorar aquí, regreso, patria</em>./ <em>Ermitaña del fin de mi existencia</em>./ <em>Cerro de yerbas hortelanas, mijo. </em>/<em>De luz</em> <em>briznada por el aire de oro</em>./ <em>Entre las narraciones de la infancia</em>. Me llega la triste noticia de la muerte en accidente en <strong>Namibia</strong> de mi querida (y entrañable) amiga <strong>Pilar Fuertes Ferragut</strong>. Embajadora de España en <strong>Zimbabue</strong> desde 2008. Hemos pasado muchas noches estos últimos años conversando en <em>facebook</em>. Ella en <strong>Harare</strong>. Y yo en Madrid. Ha muerto joven, guapa y exitosa. Sin conocer el dolor de la enfermedad. Ni el cansancio que dejan los años transcurridos. Era una mujer genial. Y llena de vitalidad. Que iba a cumplir en julio los 50 años. La lloramos todos los amigos. <strong>Gabriela Montesino</strong> en San Roque. <strong>María Valls</strong> en Sevilla. <strong>Rosa María Calaf</strong> allá donde se encuentre. Y yo lejos ya de estos pueblos de Cádiz. <em>Para callar aquí retorno ahora</em>/ <em>Y para devolverte tu palabra efímera</em>./ <em>Tu molino de agua entre las zarzas</em>./ <em>Y tu</em> <em>oscuro licor de brumas moras</em>. <strong>Bornos</strong> emerge en blanco desde su campiña verde. Y bajo un cielo gris encapotado con escarceos de lluvia. En el <strong>Palacio de los Ribera</strong> (y junto a su jardín renacentista con magnolios centenarios) se encuentra el único imafronte pompeyano (o logia) de <strong>Andalucía</strong>. Es obra del arquitecto napolitano <strong>Benvenuto Tortello</strong>, maestro mayor de obras de Sevilla entre 1569 y 1571. Y autor del ensanchamiento del <strong>Postigo</strong> (del aceite) tal como lo conocemos ahora. Los Ribera, duques de <strong>Alcalá de</strong> <strong>los Gazules</strong> y marqueses de <strong>Tarifa</strong>, dejaron en Bornos una obra perfecta. Hoy sin las estatuas mitológicas que la conformaban. Que fueron trasladas a Sevilla por los duques de<strong> Medinaceli</strong> para ornamentar la <strong>Casa de Pilatos</strong> cuando la familia Ribera fue absorta en matrimonio por esta otra. Ya en tiempos del rey hechizado. Y en vida de<strong> Ana Enríquez de Ribera</strong>, con quién se rompe la línea de varonía. <em>Todo lo que diste, el aire</em> <em>mágico</em>./ <em>De oscuridad mojada por la yerba</em>./ <em>El pecho libre, colocado y puro</em>/<em> En las destilerías del romero</em>.</p>
<p>Bornos es cal y renacimiento. Mientras que Algar es <strong>México</strong>. Y Prado del Rey, uno de los trece pueblos andaluces repoblandos por colonos en tiempos de <strong>Carlos III</strong>. Algar fue fundado en 1773 por <strong>Domingo López de Carvajal</strong>, rico mercader de origen gallego que residió primero en México y después en<strong> El Puerto de Santa María</strong>. Y que en una travesía de <strong>Veracruz</strong> a Cádiz estuvo a punto de perecer ahogado en medio de una fuerte tempestad. Cuentan que sorteó el peligro tras encomendarse a la Virgen de Guadalupe. Y que, al llegar sano y salvo a puerto, decidió adquirir unas tierras entre el mar y la sierra para fundar en ellas un poblado de colonos con el nombre de <strong>Santa María de Guadalupe de Algar</strong>, lo que dio lugar a que la devoción guadalapana se extendiera por la comarca. <a href="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/04/Logia-de-Bornos.1.jpg" rel="lightbox[8603]" title="Logia de Bornos."><img class="alignright size-full wp-image-8617" title="Logia de Bornos." src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/04/Logia-de-Bornos.1.jpg" alt="" width="2592" height="1944" /></a>De hecho, tanto en el templo parroquial de Algar como en el de Bornos cuelgan réplicas del lienzo original de la Virgen de Guadalupe. Aunque lo más mexicano que he encontrado en estos pueblos blancos reside en una imagen hecha de pasta de papel y maiz que con el nombre de <em>Cristo del Capítulo</em> se venera en la <strong>Iglesia de Santo Domingo de Guzmán </strong>de Bornos. Y que fue adquirida en 1553 en <strong>Jerez</strong> <strong>de la Frontera</strong> por monjes jerónimos en una subasta pública de mercancías traídas del virreinato de Nueva España. Todo un contraste mestizo para la poesía pura de Soto Vergés que me acompaña.<em> Te entrego ahora, herido mortalmente</em>./ <em>Por los verdes fragores de la grama</em>./ <em>Y por la triste lágrima que cae</em>./ <em>Sobre la</em> <em>yerba</em> <em>última del paso</em>./ <em>Aullante bajo el cielo, condenada</em>. Estos pueblos blancos de Cádiz permanecen ajenos a la discusión mediática que cuestiona la solvencia de la economía española. Y la equipara a <strong>Grecia</strong>. Pero sufren colectivamente la lacra del desempleo, que sólo en esta provincia estigma a 196.339 personas. Las emisoras de radio infunden alarma a la España en vacaciones con un nuevo ataque de los mercados. Mientras descerebrados (y agoreros) intentan balizarnos dentro de la cruz<em> griega</em> de la desgracia. Lo hace también Sarkozy, para ganar adeptos en campaña. Y algunos enemigos dentro de casa. Otrora pirómanos. Y hoy desvengorzados travestidos de bombero. España no es Grecia, pero el dolor se siente aquí igual que lo sienten ellos. Dramático es el caso del farmaceútico jubilado que se pegó un tiro en la <strong>Plaza de Syntagma</strong> para no verse en la humillación de buscar comida en la basura. O el del emigrante albanés asentado en <strong>Lerapetra</strong> que murió tras lanzarse de un segundo piso acosado por las deudas. Como diría <strong>Rodolfo Serrano</strong> en su elegia para un perro callejero<em>: Vamos, Hadock, que el campo nos espera</em>./ <em>Hoy correrás entre los encinares</em>./<em> Y cazarás por fin entre los sueños</em>.</p>
<p>El cantante <strong>Ismael Serrano</strong> es hijo de Rodolfo. Muchos viernes acudo juntos a ellos a una tertulia castiza que se reune a la hora del almuerzo en un restaurante de la <strong>Plaza de la Cebada</strong> de Madrid. Rodolfo y yo ingresamos en <em>El País</em> el mismo día. Y su hijo es un magnífico cantautor: <em>La ciudad en tu ausencia seguirá creciendo</em>,/ <em>devorando vida, haciéndolas humo</em>./ <em>Otros cumplirán los planes que trazamos</em>,/ <em>que no terminaremos, haciéndolos suyos</em>. Madrid y Prado del Rey no tienen nada en común, salvo que ambos comparten patrón (San Isidro). Y llevan la marca ilustrada de <strong>Carlos III</strong>. Es un pueblo de trazado racionalista, con una plaza central con Iglesia y consistorio desde donde parten calles alineadas por naranjos y limoneros. Unas están orientadas de norte a sur. Y otras de este a oeste, sorteando las pendientes orógráficas del suelo. Pués Prado del Rey fue levantado entre lomas. Dicen que su planeamiento es similar al de las colonias americanas porque para ello se utilizaron los viejos planos que llevaron a aquel continente los conquistadores españoles. Pero dos siglos después, puesto que los pueblos carolinos nacen durante el mandato de Carlos III. Y a instancias del asistente mayor de Sevilla, Pablo de Olavide. Que comparte la idea de incorporar colonos junto a tierras productivas ubicadas en lugares despoblados o expuestos a los bandoleros, esencialmente en las estribaciones de Sierra Morena que se situaban a uno y otro lado del Camino Real de Madrid a Cádiz. Las tierras de Prado del Rey se repartieron entre 189 colonos, pero al contrario de La Luisiana, La Carlota, La Carolina o Fuente Palmera -que fueron repobladas por alemanes, suizos, italianos o flamencos de fe católica- sus habitantes procedían de <strong>Grazalema</strong> y <strong>Ronda</strong>. Todavía conserva su antiguo pósito de labradores, reconvertido hoy en casino. Pero que en origen era la dependencia donde se almacenaba el cereal que era sometido a préstamo por los munícipes en tiempos de escasez. Que dicen que tuvo su origen en el Patriarca San José, pero que a mi me huele a banca. La misma que hoy acosa. Y nos oprime. En las calles perfumadas de azahares de Prado del Rey acabo mi paseo silente. En Bornos he dejado la poesía pura de Soto Vergés. Y en Algar la canción amiga de Ismael Serrano. Rodolfo me ha prestado por un momento a <em>Hadock</em>. Pilar Fuertes viaja ya de Namibia al cielo. Y los griegos no salen de su tragedia. Me quedo sólo con la lluvia, que es <em>un besar azul que tiene la tierra</em>. O <em>el mito primitivo que vuelve a realizarse</em>. Pero <em>la lluvia tiene un vago secreto de ternura.</em> También <em>algo de soñolencia resignada y amable.</em> Y<em> u</em><em>na música humilde se despierta con ella</em>, <em>que hace vibrar el alma dormida del paisaje </em>(<strong>Federico García Lorca</strong>, 1919).</p>
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		<title>Muñecos rotos</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Mar 2012 21:11:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
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<p>La curiosidad me empuja a entrar en la madrileña <strong>Iglesia de San Sebastián</strong>. Que está en la calle de<strong> Atocha</strong>,<strong> </strong>justo frente a la de <strong>Cañizares</strong>. En el límite del <strong>Barrio de las Letras</strong> con <strong>Lavapiés</strong>. Nada más cruzar la cancela, una lápida da fe de los bautismos, bodas y exequias de sus feligreses célebres, entre ellos <strong>Lope de Vega</strong>. Que fue enterrado aquí. Esta es una iglesia de mucha tradición. E historia. De entrada, el matador Rafael <em>El Gallo</em>, el bandolero<strong> Luis Candelas</strong> y el maestro <strong>Barbieri </strong>compartieron su pila bautismal. Al igual que los premios nobel <strong>José de Echegaray</strong> y <strong>Jacinto Benavente</strong>. Y el dramaturgo <strong>Tirso de Molina</strong>. Aquí se casaron<strong> </strong><strong>Mariano José de Larra </strong>y <strong>Pepita</strong> <strong>Wetoret</strong> (1819), <strong>José Zorrilla </strong>y <strong>Florentina O&#8217;Reilly</strong> (1835), y<strong> Ramón María del Valle Inclán</strong> y la actriz <strong>Josefina Blanco</strong> (1907). También pasaron por esta vicaría (aunque en secreto) Rafael <em>El Gallo</em> y <strong>Pastora Imperio</strong> (1911), pero la convivencia se rompió muy pronto. Y al año estaba cada uno por su cuenta. Todo lo contrario a <strong>Mateo Práxedes Sagasta </strong>y <strong>Ángela Vidal</strong>, que tuvieron que esperar a cumplir 59 y 48 años respectivamente para celebrar sus esponsales en este mismo templo. Dado que Ángela se unió a Sagasta siendo mujer casada. Por lo que la pareja no pudo ser legalizada canónicamente hasta que murió el cónyugue legítimo. Ya avanzado 1885, entre la primera y la segunda presidencia de Sagasta. La iglesia de San Sebastián  fue destruida durante la guerra civil. Y levantada de nuevo en los años 40. De ahí que airee con profusión su historia. Y sus célebres bodas, algunas de las cuales terminaron en fracaso. Como la de <em>El Gallo </em>y Pastora Imperio. O la de Larra y Wetoret, que tuvieron una relación tormentosa. Valle Inclán y Josefina Blanco se divorciaron en 1932. Mientras que Zorrilla y Florentina O&#8217;Reilly (una viuda dieciseis años mayor) no pudieron hacerlo porque la ley lo impedía. Cuentan los biografos que fue tan difícil (y desgraciada) la vida marital del autor de <em>Don Juan Tenorio</em> que un día abandonó la casa familiar para no volver jamás. Algo muy común en su tiempo. Puede que hoy esté invadiendo la intimidad de las celebridades que cito, pero nada mejor que la realidad para desnudar hipocresías. De la Iglesia. Y de sus mortales.</p>
<p>Callejeo desde esta iglesia de la calle de Atocha hasta alcanzar la Plaza de la <strong>Plate</strong><strong>ría de Martínez</strong>. Hermoso lugar de Madrid en la confluencia de la calle de las <strong>Huertas</strong> con la de<strong> Moratín</strong>. Martínez era un orfebre aragonés que <strong>Carlos III </strong>puso al frente de la Real Fábrica de Platería. Detallan las crónicas que para alojar aquellos talleres se levantó un edificio neoclásico cuya fachada remataba en un grupo escultórico presidido por <strong>Minerva</strong>. De aquello nada queda, salvo una fuente de 1999 que recuerda la iniciativa real. Propia de la España ilustrada, como la Real Fábrica de Vidrios y Cristales de <strong>La Granja</strong>. O la de Tapices de <strong>Santa Bárbara</strong> en Madrid.<a href="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/03/Marichalar.1.jpg" rel="lightbox[8552]" title="Marichalar."><img class="alignright size-full wp-image-8567" title="Marichalar." src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/03/Marichalar.1.jpg" alt="" width="500" height="345" /></a> En uno de los coquetos cafés de esta plaza hago parada. Son las cinco de la tarde. Y en la mesa contigua han dejado abandonado un ejemplar de <em>Abc</em>. Un periódico a esta hora es como un cadáver que huele. Pero siempre hay algo interesante que leer. De manera que me detengo en la crónica de <strong>Beatriz Cortázar </strong>en la que cuenta que la seguridad de <strong>Marichalar</strong> ha protagonizado un sonoro incidente con un grupo de periodistas que le esperaba en la puerta de la embajada de <strong>Francia</strong>. Lo primero que me pregunto es si esos escoltas son de la <strong>Casa Real</strong>. Porque me niego a que con mis impuestos se le de protección a tan ridículo (y extravagante) personaje. Pero me dice un amigo a quien recurro por <em>sms </em>que deben ser guardaespaldas privados. Puesto que la Casa Real sólo le ofrece esa <em>cortesía </em>a Marichalar cuando se encuentra acompañado de sus hijos. Espero que sea cierto, porque todavía recuerdo las imágenes esperpénticas del ex marido de la infanta <strong>Elena </strong>recorriendo las tiendas del <strong>Barrio de Salamanca </strong>en patinete eléctrico. Y escoltado por funcionarios del Estado que le flanquean como criados de librea. A veces no sé qué es peor: el patinete o la mano pecadora del yerno granuja. Esta mañana he saludado informalmente al Rey. Ha sido en el cóctel que siguió a la ceremonia de entrega de los premios de periodismo de la agencia <em>Efe</em> en la <strong>Casa de América</strong>. Los disgustos le han pasado factura. Pero también debe sentirse orgulloso <strong>Juan Carlos de Borbón</strong> de cómo este país ha reaccionado separando (con aplausos de cariño) su función como rey de las tropelías de Urdangarín. Que espero que se lo quite de enmedio pronto Telefónica para bien de España. Y de nuestro prestigio en el mundo.</p>
<p>En la ceremonia real de esta mañana he estado sentado junto a <strong>Consuelo Álvarez de Toledo</strong>, veterana periodista (y amiga) de los tiempos de la transición. Cambiando impresiones sobre el uso del idioma, me ha revelado que la palabra más buscada actualmente en internet es amor. Más allá que sexo. El diccionario define el amor como un sentimiento intenso del ser humano. Y el desamor, como la falta de ese sentimiento. Pienso que tiene que existir mucho amor entre la periodista <strong>Anne</strong> <strong>Sinclair</strong> y su esposo <strong>Dominique Strauss-Kahn</strong>, otrora poderoso gerente del <strong>Fondo Monetario Internacional</strong> (FMI), para seguir juntos. Especialmente después de repasar el<em> Abc</em> abandonado: &#8220;DSK, imputado por un caso de proxenitismo en banda organizada&#8221;. Que no me cuente nadie que este señor es víctima de una <em>vendetta </em>política en Francia porque no me lo creo. Salió ileso (y con la ayuda de su esposa) de la violación de una camarera en Nueva York. Ha sorteado con medios legales (y bien remunerados) un sinfín de denuncias por acoso sexual. Y ahora se le imputa (y con fianza) de organizar noches de sexo salvaje con prostitutas. Pero si no hay amor entre Sinclair y DSK, lo que hay son intereses descomunales. Propios de cuando se juntan la ambición con la política y el dinero. Y si no, al tiempo. Reconozco que no me cae simpática Sinclair. Siempre he visto en ella a una rica heredera que entró por capricho en el periodismo. Ni ha frecuentado los lodos de la guerra. Ni ha escarbado en lugar alguno hasta descubrir corrupción. Tampoco creo que haya sudado la camiseta a pleno sol. Dejémosla como la estrella de la televisión mejor pagada en la década de los 80 en <strong>Francia</strong>. Y como la esposa de DSK en los últimos 21 años. Que ya es tiempo para conocerle. Y además siendo periodista. Lo sorprendente es que haya sido contratada por el diario <em>Le Monde</em> en medio del escándalo de DSK para dirigir la versión francesa de <em>The Huffington Post</em>. Un <em>website</em> de noticias al que siguen 37 millones de personas en <strong>Estados Unidos</strong>. Pero ese <em>matrimonio </em>de Sinclair con el periódico más prestigioso de Francia lo tendrá que explicar su editor <strong>Louis Dreyfus</strong>. Y no yo. Luce una tarde espectacular en la Plaza de la Platería de Martínez. Devuelvo el <em>Abc</em> al lugar en donde lo encontré. Y repaso los nombres de las celebridades que me acompañan. De todas ellas me quedo con Luis Candelas, que fue bautizado en la Iglesia de San Sebastián, pero se casó con una viuda (Manuela Sánchez) en la de <strong>San</strong> <strong>Cayetano</strong>. Y fue ejecutado a los 33 años por cometer 40 robos. Pero nunca mató a persona alguna. &#8220;Robé porque entiendo que el dinero está injustamente repartido&#8221;, dijo antes de pasar por el garrote que acabó con su vida en la Plaza de la <strong>Cebada</strong>.</p>
<p><em> </em></p>

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		<title>Cielo encapotado</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Mar 2012 12:38:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
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<p>Es miércoles. Y el cielo está encapotado. Llueve, pero poco. Los agricultores comentan que el agua que cae es insuficiente. Y desde <strong>Aragón</strong>, <strong>Navarra </strong>y <strong>Cataluña </strong>se da practicamente por perdida la cosecha de cereal. Pese a la lluvia, paseo por <strong>Madrid</strong>. Entro en <strong>San Francisco el Grande</strong>, que es la basílica en la que <strong>José Bonaparte</strong> pretendía instalar su salón de cortes. San Francisco en Madrid. Y el <strong>Oratorio de</strong> <strong>San Felipe Neri</strong> en <strong>Cádiz</strong>. Las dos <strong>España </strong>bajo techo de la Iglesia. Curiosa paradoja. En este templo Goya desafía a su cuñado (y protector) <strong>Francisco Bayeu</strong>. Y le desplaza para siempre tras imponerse con una obra magistral que recibe todo los parabienes de <strong>Carlos III</strong>. <em>El sermon de San Bernardino de Siena</em> (ante <strong>Alfonso V</strong> de Aragón). En el lienzo -terminado en 1783- el pintor aragonés se asegura un sitio para la historia con un magnífico autorretrato. Iniciativa que repite varias veces en su obra artística. He ahí <em>La Familia de</em> <em>Carlos IV</em>. Donde emula a <strong>Velázquez</strong>, que se retrató a sí mismo en <em>Las Meninas</em>. Bayeu se había convertido en el pintor favorito de Carlos III tras la marcha de <strong>Mengs </strong>a <strong>Roma</strong>. Y el rey le encarga un lienzo para el altar mayor de <strong>San Francisco el Grande</strong>. Pero la obra no gusta al príncipe de Asturias (después <strong>Carlos IV</strong>), que aparte de memo era medio analfabeto. &#8220;<em>Es un bestia</em>&#8220;, parece que dijo del bueno de Bayeu cuando se topó con <em>La</em> <em>Porciúncula</em>. Que era la obra destinada al altar mayor. Cuando Carlos III y su familia inauguraron en 1784 el templo se fueron directamente al cuadro de Goya, instalado en una capilla de su lateral izquierdo. Y ningunearon a Bayeu y a su obra, pese a presidir el altar mayor. El cuadro sin embargo no fue retirado. Y permaneció en su primitiva ubicación durante un tiempo hasta que fue realojado en el coro de la basílica. Que es donde actualmente se encuentra. El lienzo de Goya era simplemente superior. Y entre ambos pintores (y cuñados) sólo hubo rivalidad artística, porque en el fondo eran excelentes amigos. No en vano Bayeu introdujo a Goya en la corte. Le debía esta explicación a mi querida amiga <strong>Nekane Goñi</strong>, donostiarra. Y excelente compañera de <em>viaje</em> en ocasiones por el Madrid de los Austrias. El otro día me preguntó por la rivalidad entre Goya y Bayeu. Y tenía yo algunas lagunas. Ahora, ya documentado, se lo certifico.</p>
<p><a href="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/03/San-Antonio-de-la-Florida-3.1.jpg" rel="lightbox[8508]" title="San Antonio de la Florida-3."><img class="alignright size-full wp-image-8531" title="San Antonio de la Florida-3." src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/03/San-Antonio-de-la-Florida-3.1.jpg" alt="" width="526" height="640" /></a>Con Nekane visité ese día los frescos de Goya en la<strong> Ermita de San Antonio de la Florida</strong>, que algunos llaman la <em>Capilla Sixtina</em> de Madrid. Y a donde he vuelto hoy. Estas pinturas al fresco constituyen una obra maestra. No sólo por su avanzada técnica, sino por la combinación de colores y la expresividad de cada personaje, además de la asombrosa (y prematura) presencia de estilos con los que el pintor se adelanta a su propio tiempo. Goya presenta de una manera revolucionaria el <em>Milagro de San Antonio</em>. En el que el santo resucita a un hombre asesinado para que revele ante el pueblo la inocencia de otro al que se creee culpable. Todo ello rodeado de un ambiente festivo, profano y castizo. Con personajes de la pradera de San Isidro. Y del Madrid de las tabernas y los mercados. Que se asoman a una barandilla configurando una mezcla mágica de arte y tradición, en la que el pintor -ya sordo- se reserva un pequeño espacio para anunciar sus pinturas negras. La directora de <em>La Voz de Cádiz</em>, <strong>Lalia González-Santiago</strong>, me pidió recientemente un artículo sobre los 200 años de la <strong>Constitución de 1812</strong>. Y lo centré en Goya, razonando que con <em>Los desastres de la guerra </em>irrumpe en el pintor aragonés un excelente periodista que registra en aguafuerte el horror causado por la invasión napoleónica. Y la sangre que corrió después en España por  la derogación de la carta. Picasso se transforma también en periodista cuando nos cuenta a través del <em>Guernica</em> el dolor que provoca la destrucción. Y la muerte por exterminio. Como periodista es igualmente el escultor<strong> Julio González</strong>. Que hace del hierro su grito de libertad: <em>La Monserrat</em>. Pieza que desde 1937 se encuentra en el <strong>Museo Stedelijk</strong> de <strong>Amsterdam</strong>. Y que concibo mitad Picasso, mitad Goya. Existe estos días en Madrid un debate ante el temor de que las redes sociales adulteren la pureza del periodismo. Y acabe con la prensa escrita. Prefiero ignorar a quienes vaticinan malos augurios con palabras alocadas. Y pienso que -como en tiempos de Goya- el periodismo consiste en contar lo que ocurre sin mentir. Y mediante la grafía, que es también arte plástica. En el pasado. Y en el presente. <em>Con dinero</em>, <em>y sin dinero</em>. Lo hicieron Julio Cesar. El Rey Sabio. Bernal Díaz del Castillo. Goya. Julio González. O Picasso. Y lo hacen Soledad Gallego-Díaz. Jon Lee Anderson. Miguel Ángel Aguilar. Mayte Carrasco. <em>El Roto</em>. Enric González. Gervasio Sánchez. O Enrique Meneses. Entre otros. Y siempre.</p>
<p>Cuando llueve la gente busca refugio en las tabernas. Lo he comprobado en mi largo paseo de hoy, aunque ayudado por el transporte público. <strong>La Florida</strong>. San Francisco el Grande.<strong> Atocha</strong>. Y la plaza de <strong>Santa Ana</strong>. Pese a todo el tiempo que llevo residiendo en Madrid no conocía <em>Bodegas Rosell</em>, en la calle General Lacy. Muy cerca de la estación de Atocha. Es la clásica taberna de principios del siglo XX, que nació como despacho de vinos de <em>Valdepeñas </em>y que se ha ido acomodando a los tiempos sin perder su identidad. En su fachada lucen azulejos del pintor ceramista <strong>Alfonso</strong> <strong>Romero</strong> <strong>Mesa</strong>. Un artista nacido en <strong>Montellano</strong>. Y que se instaló en Madrid tras aprender el oficio en las alfarerías de <strong>Triana</strong>, dejando a su muerte (1941) importante obra repartida por la ciudad. De sus pinceles salieron los azulejos de<em> Villa-Rosa</em>, en la calle Nuñéz de Arce. Los <em>Gabrieles</em>, en la de Echegaray. Y <em>La Alhambra</em>, en la calle de la Victoria. El casticismo de Madrid tuvo su época más relevante (y hasta ilustrada) con Goya, pero no se dejó pisotear por otras corrientes. Y ha llegado hasta hoy, aunque de otra guisa. En las mesas del comedor de <em>Bodegas Rosell</em> podrían estar perfectamente almorzando unas gachas manchegas la <em>trinidad </em>de la copla. <strong>Quintero</strong>. <strong>León</strong>. Y <strong>Quiroga</strong>. Esperando al maestro <strong>Guerrero</strong>, que está a punto de llegar a Atocha en un expreso con retraso procedente de Cádiz. O <strong>Ramón Gómez de la Serna</strong> en una de sus primeras citas con <em>Colombine</em>. Periodistas. Ferroviarios. Poetas desesperados. Un subalterno de Nicanor Villalta. Y otro de <em>El Gallo</em>. Boxeadores. Loteros. Y serenos gallegos. Geraldine Chaplin. Di Stéfano. Y Enrique Tierno. Un artista del Price. Y la <em>troupe</em> de Manolo Caracol a la vuelta de una gira. En <em>Bodegas Rosell</em> cabe todo el Siglo XX madrileño, menos un ministro de <strong>Franco</strong>. Un clérigo con sotana. Y un marqués del <strong>Barrio de Salamanca</strong>. Como en <em>Casa Alberto</em> cabe todo el Siglo XIX. Enlazando el Madrid goyesco con el de las zarzuelas. Los azucarillos. Y el aguardiente. El <em>chato </em>de vino, el huevo duro y la <em>tira</em> de bacalao. <em>Casa Alberto</em> fue fundada en 1827, un año antes de que falleciera Goya en <strong>Burdeos</strong>. Y todavía en vida del <em>Rey felón</em>. Está en la calle de las Huertas. Con su mostrador de librillo de zinc. Un manómetro para fabricar agua de Selz. Y la viejas taquillas para la <em>clá</em> de los teatros que se agrupaban en torno a la plaza de Santa Ana. Los boletos de <em>clá</em> llevaban descuento porque quienes lo adquirían se comprometían a aplaudir la función al antojo del empresario. Pero quizás lo más llamativo de esta taberna es que está ubicada en los bajos de la casa donde <strong>Cervantes </strong>escribió la segunda parte de <em>El Quijote </em>y <em>Los trabajos de Persiles</em> y <em>Segismunda</em>, así como el final de <em>Viaje al Parnaso</em>. Llueve, pero poco. El cielo está encapotado. Y es miércoles. Me sorprende lo que se puede aprender en Madrid en un día como éste.</p>

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		<title>Sueño al revés</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Mar 2012 20:31:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
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<p>Conocí a <strong>Francis Ford Coppola</strong> hace diez años en <strong>Sevilla</strong>. Él disfrutaba de la magia de la ciudad. Y yo dirigía entonces <em>El Correo</em> <em>de Andalucía</em>. Fue en el restaurante <em>Casa Robles</em> de la calle <strong>Álvarez Quintero</strong>, en donde compartía mesa con su familia. Provoqué yo el encuentro. Que se prolongó hasta que llegó el fotografo del periódico para registrar su presencia. Coppola pasaba unos días en <strong>España </strong>después de asistir al 50º Festival de Cine de San Sebastián, que ya en 1984 le había premiado con una concha de oro (<em>Rumble Fisch</em>). No había elegido Sevilla para rodar. Tampoco para escribir uno de sus guiones. Sino para dejarse seducir por los encantos de sus calles y plazas. Y <em>llevarse</em> después todo dentro, según me dijo. Que es lo que hacen los genios con esa fantástica (y solemne) ciudad. <strong>Rossini</strong> compuso <em>El Barbero de Sevilla</em> (1816) años antes de su primera visita a España, si bien su versión es posterior a la de<em> </em><strong>Paisiello</strong> (1782). Aunque tanto aquella ópera como esta otra están inspiradas en una comedia francesa del mismo nombre cuyo autor es <strong>Beaumarchais</strong> (1775). <em>El Barbero de Sevilla</em> es una ópera bufa que se desarrolla en el siglo XVII. Y que discurre en torno a un conde sevillano que requiere los consejos de un afamado barbero de la ciudad para hacerse con los amores de una joven ya comprometida. Todo ello acompañado por una música espectácular, cuya obertura fue elegida por <strong>Antonio López de Santa Ana</strong> como marcha del Ejército mexicano. Al igual que pasa con la ópera <em>Carmen</em>, en <em>El Barbero de Sevilla </em>la música y el libreto son de excelente calidad. E igual que reciben juntos la mejor de las consideraciones, lo mismo ocurre cuando son elegidos por separado. Me pasa con la banda sonora de <em>El Padrino</em> (1972), magistral pieza de <strong>Nino Rota</strong>. El compositor preferido de <strong>Fellini</strong>. Si bien muy pocos saben que en <em>El Padrino II </em>(1974), Rota -que compuso también la banda sonora de <em>El Gatopardo </em>de Visconti- comparte autoría con <strong>Carmine Coppola</strong>, ya fallecido. Y padre del director estadounidense. Pero también un magnífico (aunque discreto) compositor que se inició como músico en la orquesta de la NBC. Y a quien se debe la banda sonora de <em>Apocalipsis Now</em>. Nino y Carmine obtuvieron conjuntamente un oscar en 1984.</p>
<p>Paseo por <strong>Madrid</strong> en un día espectacular impropio de la fecha. Pero regalo de la adelantada primavera. Los periódicos me han recordado que mañana ( 15 de marzo) se cumplen 40 años del estreno del <em>El</em> <em>Padrino</em>, película basada en la novela homónima de <strong>Mario Puzo </strong>(1969), escritor neoyorkino de origen italiano. He hecho cálculos y, partiendo de que Coppola nació en <strong>Detroit </strong>en 1939, observo que rodó su obra maestra con apenas 32 años, aunque desde dos antes recorría ya Sicilia para conocer los lugares descritos en la novela. Confieso que la banda sonora de este largometraje de la <strong>Paramount</strong> me acompaña desde que por primera vez acudí a una sala a verlo. Fue en un cine de <strong>Cádiz </strong>ya desparecido, el <em>Municipal</em>, en la víspera de Reyes de 1973. Lo recuerdo con exactitud porque el cine estaba a rebosar. Y ajeno al bullicio de la calle, donde se mezclaba el paso de la cabalgata que se suele organizar en tan señalado día y las últimas compras de regalos (y juguetes). <a href="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/03/Marlon-Brando-en-El-Padrino.1.jpg" rel="lightbox[8465]" title="Marlon Brando en El Padrino."><img class="alignright size-full wp-image-8481" title="Marlon Brando en El Padrino." src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/03/Marlon-Brando-en-El-Padrino.1.jpg" alt="" width="1030" height="792" /></a>Me resultan igualmente familiares los nombres de<strong> Vito Corleone</strong> (Marlon Brando), <strong>Santino</strong> (James Cann), <strong>Michael</strong> (Al Pacino) y <strong>Tom</strong> (Robert Duvall). Pero son las mujeres de <em>El Padrino </em>quienes me llaman la atención sobremanera. Es el caso de <strong>Connie Corleone</strong>, la atormentada hija de don Vito que recibe brutales palizas de su esposo <strong>Carlo</strong>. Y que es representada en la película por <strong>Talia Shire</strong>, la hermana de Coppola. O de <strong>Apolonia Vitelli</strong>. Aquella adolescente de la Sicilia rural que se convierte en la primera esposa de Michael. Y que muere al estallarle una bomba adosada a un coche que acababa de poner en marcha. Vitelli es encarnada por una jovencísima <strong>Simoneta Stafanelli</strong>, actriz italiana que apenas tenía 17 años cuando rodó aquellas escenas. Y que desde entonces no volvió a interpretar papeles tan exitosos. Hasta el punto de que hoy (y a sus 57 años) se dedica a regentar una tienda de su propiedad (<em>Simo</em> <em>Bloon</em>) especializada en diseños de piel. Y que se encuentra en via Chiana, en el centro de <strong>Roma</strong>. Me da que Simoneta Stafanelli debió ser de esas actrices que deslumbran a los directores. Pero para papeles muy determinados. Aunque sin tanto éxito (y protagonismo) como <strong>Silvia Pinal</strong> (<em>Viridiana</em> y <em>El Ángel Exterminador</em>) con <strong>Buñuel</strong>. O de tantas otras de paso breve por el cine que llaman de autor. Dejemos tal vez el <em>por</em> <em>qué</em> en que la actriz no sabía una palabra de inglés cuando rodó <em>El Padrino</em>. O en que Coppola tampoco conocía el italiano, aunque desde entonces algo ya ha aprendido. Pués desde 2002 posee una casa en <strong>Bernalda</strong>, valle del <strong>Basento</strong>. En la <strong>Basilicata</strong>, región del sur de Italia ubicada entre <strong>Campania</strong> y <strong>Calabria</strong>. Y que además es la tierra natal de su bisabuelo <strong>Agostino Coppola</strong>. Un emigrante que se estableció en <strong>Estados Unidos</strong> en 1904.</p>
<p>Cien años después de que aquel emigrante arribara a los muelles de <strong>Manhattan</strong> su nieto Francis ha levantado una casa en la tierra de sus ancestros. Honra a los hijos (y nietos) de emigrantes a los que han sonreido la vida regresar de esta manera a sus lugares de origen. Entre los emigrantes de <strong>Galicia</strong>, <strong>Asturias</strong> y <strong>Cantabria</strong> es común. Y se hace por sentimiento (y agradecimiento). Pero en el caso de los italianos, y particularmente en lo que se refiere a Coppola con Bernalda, es como el sueño al revés. Cuando el verdadero sueño americano era el que impulsaba a miles (y miles) de italianos a embarcar hacia <strong>Nueva York </strong>buscando un mundo mejor. Y más amplio en cuanto a horizontes. Los Corleone, al igual que otras familias, viajaron así, pero en su equipaje de ida llevaban también sus códigos de honor (y de familia). Con el riesgo de que esos duelos se saldaban con sangre. Sea cual sea el lugar. Y también las personas. Como queda demostrado en <em>El Padrino</em> cuando los enemigos de Michael ponen precio a su cabeza en el interior de Sicilia. Conozco Bernalda, en Basilicata. Que es un pacífico pueblo <em>aragonés</em> de 12.000 habitantes que se eleva sobre una colina. Como también conozco algunos de los exteriores de Sicilia donde se rodó <em>El Padrino</em>, en concreto <strong>Savoca </strong>y <strong>Forza d&#8217;Agro</strong>. Que están al norte de <strong>Taormina</strong>, la bella ciudad maritima que custodia el <strong>Etna</strong>. Las tres ciudades a que me refiero tienen en común su cercanía al mar. Y también que fueron asentamientos griegos. Pero todo lo que va unido a Sicilia es diferente. Como diferente es Sicilia del resto de Italia. En Savoca figura tal cual el <em>Bar Vitelli</em>. Que fue el elegido por Coppola para rodar los preparativos matrimoniales de Michael Corleone con la joven Apolonia. Y sus dueños explotan desde entonces <em>El</em> <em>Padrino</em> como recurso turístico. Ofreciendo al visitante sus famosas <em>granita de limone</em>. Que dicen allí que era la bebida preferida de Coppola en los calurosos días de rodaje. Sicilia es mucho más que <em>El Padrino</em>, pero no cabe duda que la película le ha procurado extraordinarios beneficios a la isla. Probablemente más de lo que pensamos. Y de lo que hubieran deseado para si otras ciudades del mundo asociadas por nombre a una ópera, una obra teatral o un largometraje de calidad. Coppola le ha devuelto a Italia parte de su éxito como cineasta. Y la industria cinematográfica ha reconocido en este director a uno de sus mejores talentos al situar su obra maestra como la tercera gran película estadounidense de la historia tras <em>Ciudadano Kane</em> y <em>Casablanca</em>. La noticia es que <em>El Padrino</em> va a cumplir sólo 40 años. Felicidades por su cumpleaños, <em>direttore.</em></p>

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		<title>Misterio sin resolver</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Mar 2012 18:13:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
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<p>Estoy de visita en <strong>Salamanca</strong>. Y he tenido que pedir ayuda para localizar la rana que desde hace medio siglo envuelve en misterio a la fachada plateresca de la Universidad. En el escaparate de la confitería <em>La Industrial</em>, próxima a la <strong>Plaza</strong> <strong>Mayor</strong>, reza: &#8220;Mientras usted encuentra la rana nosotros le preparamos un hornazo&#8221;. No me consuela decir que localizar la rana es tarea difícil (y lenta), porque lo mío hoy frente a este pórtico histórico ha sido mitad impaciencia. Y mitad impericia. La rana descansa sobre una de las tres calaveras labradas en la fachada, pero jamás se ha sabido el por qué de su existencia debido a que se trata de un misterio sin resolver. Lo que tampoco me perdono es que hasta hoy no me haya interesado por la dichosa rana a sabiendas de que llevo años viniendo a Salamanca. Pero las cosas ocurren así. Y así debo contarlas. Me gusta de esta ciudad la librería <em>La Nave</em>, que está en la calle de la <strong>Compañía</strong>. Justo puerta con puerta con el <strong>Café Alcaravan</strong>. Y la impresionante<strong> Casa de las Cochas</strong>, que es sede de la <strong>Biblioteca Pública del Estado</strong>. La Casa de las Conchas perteneció durante ocho años (1997-2005) a la <strong>Junta de</strong> <strong>Andalucía</strong> porque su anterior propietario <strong>Enrique de Queralt Chávarri</strong>, conde de <strong>Santa Coloma</strong> y maestrante de <strong>Sevilla</strong>, la entregó a esa administración como pago de una deuda tributaria devengada por el impuesto de sucesiones y donaciones. Pero felizmente reinó el sentido común, se evitó un pequeño <em>Gibraltar </em>con este monumento y el edificio pasó de la Junta al Estado permutado por un inmueble que en su día ocupó el <strong>Banco de España</strong> en <strong>Granada</strong>. Después de curiosear durante media hora los estantes de la librería <em>La </em><em>Nave</em>, me tengo que decidir entre <strong>Unamuno</strong> (<em>Por tierras de Portugal y España</em>) y <strong>Carmen Martín Gaite</strong> (<em>Ri</em><em>tmo Lento</em>). Unamuno fue tres veces rector de la Universidad de Salamanca. Y murió aquí (1936). También aquí nació Carmen (1925). Que estudió letras en dicha Universidad, donde conoció a <strong>Ignacio Aldecoa</strong>. Y a <strong>Agustín García Calvo</strong>. Pero desisto de ambos. Y me quedo (por cuatro euros) con <em>Las islas invitadas</em>, de <strong>Manuel Altolaguirre</strong>. Poeta malagueño del 27. Que murió en 1959 en un accidente de circulación en <strong>Burgos </strong>cuando regresaba a <strong>España</strong> del exilio. Y a cuya hija <strong>Paloma</strong> conocí en <strong>México</strong> en la década de los 90. <em>Sólo sé que estoy en </em><em>mi</em>/ <em>y nunca sabré quién soy</em>/ <em>tampoco sé adónde voy</em>/ <em>ni hasta cuando estaré aquí</em>.</p>
<p><a href="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/03/Rana-en-la-fachada-de-la-Universidad-de-Salamanca..bmp" rel="lightbox[8413]" title="Rana en la fachada de la Universidad de Salamanca."><img class="alignright size-full wp-image-8419" title="Rana en la fachada de la Universidad de Salamanca." src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2012/03/Rana-en-la-fachada-de-la-Universidad-de-Salamanca..bmp" alt="" /></a>Paseo por las calles de Salamanca recordando la última exposición que he visitado en Madrid. Los diez <em>retratos de</em> <em>fantasía</em> del pintor veneciano Giandomenico Tiepolo (1727-1804) que han estado colgados durante el mes de febrero en la <strong>Fundación Juan</strong> <strong>March</strong>. Es inexplicable que un contrabandista (e inicial tratante de cerdos) como March, proveedor de armas a <strong>Abdelkrim </strong>y sostén financiero del levantamiento africano de <strong>Franco</strong>, dé su nombre a una fundación cultural de este relieve sin que nadie haya abierto la boca invocando a la memoria histórica. Probablemente será porque la propia memoria histórica lo registra como banquero en vez de pirata de grandes tropelías. Y porque su tenebrosa biografía ha sido ya superada por el excelente trabajo que viene realizando la fundación desde que se creó en 1955. Pese a que este centro expone por lo general arte contemporáneo, ha <em>retrocedido </em>al Siglo XVIII para ofrecernos estos desconocidos <em>retratos </em>de <strong>Tiepolo</strong>. Dos hombres orientales barbados y ocho muchachas jóvenes. Y que además de inéditos es muy posible que no se vuelvan a mostrar más en público porque el coleccionista anónimo al que pertenecen los ha cedido de manera excepcional (y única) para la ocasión. De los <em>retratos </em>no sólo se ignora la identidad de su actual (y enigmático) propietario sino también la de quién los encargó al artista. E incluso por qué manos han pasado documentalmente en los últimos dos siglos, aunque parece que fueron pintados en España. Y que en España permanecieron con seguridad al menos hasta los años 60. No sé que resulta más misterioso: la rana salmantina o estos <em>retratos </em>de Tiepolo. Que fue un genial pintor rococó que trabajó a instancias de <strong>Carlos III </strong>en la decoración del <strong>Palacio Real</strong> de Madrid formando taller junto a su padre Giambattista y su hermano menor Lorenzo. La parte oculta de estos diez <em>retratos </em>me temo que despertaría intriga (y sospecha) en <strong>Hércules Poirot</strong>, el detective del <em>Oriente</em> <em>Express</em>. Porque de estas pinturas primero aparecieron las copias. Y después los originales. He ahí las dos réplicas<strong> </strong>de <em>Retrato de mujer con tambor</em> que se encuentran depositadas en el <strong>Museo de Cádiz</strong>. Y que desde 1856 hasta mediados del siglo XX fueron adjudicadas a Tiepolo, cuando en realidad una es de <strong>José García Chicano</strong>, profesor de pintura del padre de <strong>Picasso</strong>, y otra de autor desconocido. <em>Ya no veré nunca más</em>/ <em>las dos torres de su Iglesia</em>/ <em>ni los caminos sin sombras</em>/<em> de sus brazos y sus</em> <em>piernas</em>.</p>
<p>La pobreza que sume al periodismo español en su más trágico momento ha impedido que cualquier informador avezado -ya sea juvenil o maduro, pero en todo caso curioso- se haya decantado por investigar las lagunas que acompañan a estas diez obras de Tiepolo más allá de lo que tanto la Fundación Juan March como el propietario de la colección han querido que se sepa. Por fortuna el abogado (y escritor) <strong>Luis Suárez Ávila</strong> (de <strong>El Puerto de Santa María</strong>) ha lanzado un mensaje en la red informando que los diez<em> retratos de fantasía</em> proceden del palacio del marqués de <strong>Villarreal y Purullena</strong> de esa localidad gaditana. Levantado en 1742 sobre un edificio del XVII por un mercader (y corredor de lonja) de Cádiz (aunque nacido en <strong>Nápoles</strong>) que rehabilitó a su favor un título de <strong>Felipe IV </strong>gracias a su fortuna. Fueron este corredor, de nombre <strong>Agustín de Ortuño y Ramírez </strong>(1696-1760), y sus primeros descedientes personas de tan exquisito gusto que convirtieron la mansión de Villareal y Purullena en el edificio señorial más hermoso (y rico) por dentro (y fuera) de todo El Puerto de Santa María, ciudad conocida entre los siglos XVI y XVIII como la de los <em>cien palacios</em>. Del marqués se ha escrito que pintaba y esculpía, además de ser mecenas de artistas. Impregnándole a los salones del palacio su sensibilidad hacia las bellas artes, con ornamentos de estilo rococó, frescos en sus paredes y galerías de pinturas de cotizados artistas. Por su solemnidad, el palacio fue empleado en 1808 por el mariscal francés<strong> Soult </strong>como cuartel general de sus tropas. Y elegido en 1862 como morada de la reina <strong>Isabel II</strong> durante su visita a la ciudad. Hoy ocupa la sede de la <strong>Fundación Luis Goytisolo</strong>, escritor que termina cobijando sus papeles bajo el techo palaciego por carambolas de familia. Ya que su primera esposa <strong>María Antonia Gil Moreno de Mora y Torres</strong> (fallecida en 1993) descendía directamente de Agustín de Ortuño. Pero el palacio no es hoy más que una reconstrucción funcional del edificio levantado por el marqués en 1742 porque ya en la segunda mitad del Siglo XX (y tras habitarlo durante un tiempo dos hermanas de una conocida familia jerezana) fue practicamente abandonado a su suerte. Con el cierre de sus puertas, los objetos de más valor fueron vendidos. Y los que permanecieron allí quedaron expuestos al expolio. Lo que desgraciadamente ocurrió muy poco después. Del patrimonio vendido figurarían (según el testimonio de Luis Suárez Ávila) los diez <em>retratos de</em> <em>fantasía </em>de Tiepolo, pintados en torno a 1768. Por lo que serían contemporáneos a <strong>Juana de Ortuño y Costa</strong>, hija del marqués. Primera (y única) heredera del palacio. Y también del título de Villarreal y Purullena. Sobre Juana ha llegado a nuestros días una leyenda de que tuvo amores con un joven esclavo negro que acabó lapidado en los muros del palacio por orden de su padre. Pero todo hace indicar que se trata de una historia falsa. Es de noche en Salamanca, que luce perfectamente iluminada. Me tienta la historia del esclavo negro. Y me olvido por un rato de los diez <em>retratos </em>de Tiepolo tras observar que todavía hay gente buscando la rana en la fachada de la Universidad. El Café Alcaravan me pide una parada. Que aprovecho para seguir leyendo a Altolaguirre: <em>La luna con un puñal</em>/ <em>desgarró la piel del aire</em>./ <em>La tierra por esa herida</em>/<em> desbordó a sus rios sin sangre.</em></p>
<p>(Foto de Dyhego<em>) </em></p>

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