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	<title>Blog de Fernando Orgambides</title>
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	<description>El planeta de las astas montantes</description>
	<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 22:57:43 +0000</pubDate>
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		<title>Difícil elección</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 22:29:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Me gusta el título de la nueva novela</strong> de mi amiga <strong>Julia Navarro</strong>. <em>Dime quién soy</em>. <strong>Ya la tengo en casa</strong>. Compartiendo espera con <em>El Asedio</em>. De otro amigo, <strong>Arturo Pérez-Reverte</strong>. Julia y Arturo son periodistas.<strong> De los que hacen historia</strong>. Pertenecieron al diario<em> Pueblo</em>.<strong> Uno de los dos vespertinos del</strong> <strong>Madrid tardofranquista</strong>. La competencia era<em> Informaciones</em>, de cuya redacción formé parte en los años de la<strong> transición</strong>. Lo que me permitió seguirlo de cerca. <em>Pueblo</em> pertenecía a los sindicatos verticales. <strong>Pero lo disimulaba</strong>. Diría yo que perfectamente. Dirigido durante 22 años por <strong>Emilio Romero</strong>, era el periódico moderno del régimen. Que le perdonaba <em>casi</em> todo. También era el de las grandes exclusivas.<strong> Espectáculos</strong>. Deportes. <strong>Sucesos</strong>. Y por su redacción de la calle<strong> Huertas</strong> pasó lo mejor del periodismo español de la época.<strong> Jesús de la Serna</strong>. Raul Cancio. <strong>Juan Luis</strong> <strong>Cebrián</strong>. Yale.<strong> Javier Martínez Reverte</strong>. Rosa Montero. <strong>Jesús Hermida.</strong> Raul del Pozo. <strong>Carmen Rigalt</strong>. Manuel Molés. <strong>Tico Medina</strong>. Manolo Alcalá. <strong>José María García</strong>. José Antonio Gurriarán. <strong>Vicente Talón</strong>. Leo. <strong>Andrés Aberasturi</strong>. Pilar Narvión.<strong> Gente bragada</strong>. Del oficio. <strong>Que es como se ha llamado</strong> <strong>siempre al periodismo</strong>. <em>Pueblo</em> no soportó la democracia. Porque había nacido para otra cosa. Y porque el Estado ya no podía sostenerlo.<strong> Pero su cierre fue llorado</strong>. Sentido por generaciones de españoles <em>de dentro</em> que aprendieron en sus páginas a leer<em> entrelíneas</em>. Y a tener la <strong>suficiente paciencia</strong> de <em>saber</em> esperar el<em> advenimiento</em> de la <strong>democracia</strong>. Siempre sostuve que <em>Pueblo</em> era un <em>cuerpo extraño</em> dentro de la<strong> prensa franquista</strong>. E insuficientemente reconocido a su<em> muerte</em> por los<strong> historiadores de la transición</strong>. </p>
<p><strong>Periodistas</strong> de aquel diario <em>Pueblo</em> son hoy exitosos autores de<em> best-sellers</em>. <strong>Julia Navarro</strong> registró ventas superiores a los<strong> dos millones de</strong> <strong>ejemplares</strong> con novelas como <em>La hermandad de la Sábana Santa</em>, <em>La Biblia de barro</em> o <em>La Sangre de los inocentes</em>. Y <strong>Arturo Pérez-Reverte</strong> su<em>pera los</em> <strong>quince millones de volúmenes</strong><em>. La tabla de Flandes. El Club Dumas. La piel del tambor</em>. <em>La Reina del Sur</em>. Y <em>El Capitán Alatriste</em>. Entre otras. No sólo el diario<em> Pueblo</em> fue una escuela de periodistas, sino toda una <em>fábrica</em> de excelentes escritores. <strong>Rosa Montero</strong>. Cebrián. <strong>Raul del Pozo</strong>. Martínez Reverte. <strong>Carmen Rigalt</strong>. También tuvo un extraordinario equipo de corresponsales en el mundo. Que le dieron frescura internacional al periódico. Y sortearon todo tipo de riesgos para llevar al lector la noticia del modo más temperamental posible. Conocí a dos grandes corresponsales. <strong><img class="alignright size-full wp-image-3359" title="periodismo1" src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2010/03/periodismo1.jpg" alt="periodismo1" width="600" height="390" />Aglae</strong> <strong>Massini</strong> y <strong>Gonzalo Carvajal</strong>. La primera había sido corresponsal en <strong>Beirut</strong> y el segundo en <strong>Caracas</strong> y otras ciudades de <strong>América Latina</strong>. A los dos les había leído yo de adolescente. Porque confieso que <em>Pueblo</em> era un diario que me entusiasmaba antes incluso de elegir la carrera de periodismo. A Massini me la presentó en <strong>Las Palmas</strong> otro compañero de <em>Pueblo</em>, <strong>Chema Sanmillán</strong>. Fue a finales de los 70. Trabajaba entonces en un periódico local de <strong>Gran Canaria</strong>, donde había <em>recalado</em> siguiendo a su pareja tras dejar Beirut. Le faltaba un brazo, que había perdido en los años 60 en su <strong>Uruguay</strong> natal cuando operaba con la<strong> guerrilla</strong> <strong>tupamara</strong>. Y arrastraba varios dramas, entre ellos haber sobrevivido a un intento de suicidio. Tras arrojarse al <em>Metro</em> en <strong>Paris</strong>. Recuerdo que pasaba un terrible momento. Estaba desesperada e incómoda en Las Palmas. <strong>Demasiado paraiso</strong> para un<em> volcán</em> del periodismo como ella. Prefiero no presentarla como la conocí. Y elijo lo que de ella escribió su compañero Pérez-Reverte en <em>Territorio Comanche</em>. <strong>Guapa</strong>, dura y <strong>valiente</strong>, bebía como un <strong>cosaco</strong> y fue toda una leyenda en el <strong>Mediterráneo Oriental</strong>.<em> </em>Era la <em>La dama de Beirut</em>.</p>
<p><strong>Carvajal fue otra leyenda</strong>. Procedente de una recia familia sevillana, se llamaba realmente Gonzalo de Bethencourt y Carvajal. Había estudiado Derecho, pero su pasión era la lidia. A él se debe que a <strong>Curro Romero</strong> le llamen <em>El Faraón de Camas</em>. Era el responsable de la sección de toros. Hasta que un día <strong>Paco Camino</strong> se quejó a<strong> Fraga</strong> (entonces ministro del ramo) de las <em>extorsiones </em>que le hacían desde el diario <em>Pueblo</em>. Carvajal fue <em>extrañado</em> a América, donde -por su excelencia periodística- rápidamente conquistó las primeras páginas del periódico informando<em> in situ</em> de los conflictos en la región. <strong>Memorables fueron sus crónicas</strong> sobre la presencia del<em> Ché</em> en la selva boliviana. Nunca pensé que Gonzalo hubiera incurrido en indecencias, porque aquellas irregularidades -de las que sólo se salvaba el <em>Abc</em> de<strong> Díaz-Cañabate</strong>- estaban consentidas por los directores. Que permitían la corrupción al <em>alquilar</em> el espacio de la sección a los informadores taurinos. Yo conocí a Gonzalo en<strong> Quito</strong> en el verano de 1979. Estaba con<strong> Oswaldo Guayasamín</strong> y con <strong>Felipe</strong> <strong>González</strong>, entonces en la oposición. El líder socialista había llegado a<strong> Ecuador</strong> en el avión del presidente panameño <strong>Omar Torrijos</strong>. Que tuvo que regresar urgentemente a su país dejándole allí si despedirse. Carente de tarjetas de crédito. Y sin apenas efectivo. El periodista se hizo cargo voluntariamente de los gastos del hotel de González, cuya factura la guardó durante años como uno de sus más preciados recuerdos. Así eran aquellos corresponsales de entonces. <strong>Gente brava</strong>. Larga de recursos. Y acostumbrada a crer en lo imposible. En lo bueno. Y en lo malo. No me extraña que de aquella <em>escuela de la vida </em>que fue <em>Pueblo</em> procedan grandes escritores de hoy como <strong>Julia</strong>, hija de Felipe Navarro <em>Yale</em>, o <strong>Arturo</strong>, que con <em>ventipoco<strong> </strong></em>de<em> </em>años era ya corresponsal de guerra. <em>Dime quién soy</em> es la historia de una periodista que investiga la azarosa vida de su bisabuela. <strong>Una idealista</strong> <strong>comunista</strong>. Y <em>El Asedio</em> es <strong>Cádiz en 1811</strong>. Con un<strong> </strong>escenario fantástico para la trama. <strong>Difícil elección para empezar</strong>.</p>
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		<title>Primer viernes</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Mar 2010 01:55:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Primer viernes de marzo. Tiempo cuaresmal. Llueve torrencialmente sobre Madrid. Que se ha tornado en gris. Hay colapso en las grandes vías. Estoy en Riancho, en Raimundo Fernández de Villaverde. Junto a El Corte Inglés, de Castellana. Suelo venir a comer aquí los viernes que me quedo en Madrid. Es un restaurante gallego de calidad. Me sorprende su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Primer viernes de marzo</strong>. Tiempo cuaresmal. <strong>Llueve torrencialmente sobre Madrid</strong>. Que se ha tornado en gris. <strong>Hay colapso en</strong> <strong>las grandes vías</strong>. Estoy en <em>Riancho</em>, en <strong>Raimundo Fernández de Villaverde</strong>. Junto a El Corte Inglés, de <strong>Castellana</strong>. Suelo venir a comer aquí los viernes que me quedo en <strong>Madrid</strong>. Es un restaurante gallego de calidad. Me sorprende su carta. <strong>Empanada de chocos guisados</strong>. Que la preparan exquisita. <strong>Y estofado de jarrete</strong>. Que me gusta que lo acompañen con patatas fritas. El <em>rioja</em> lo tomo por copas. Pero esto lo hago en otras fechas. Hoy es distinto porque estamos en temporada de cocina de <strong>Cuaresma</strong>. Por lo general acudo sólo a <em>Riancho.</em> Lo que permite acomodarme en la barra.<strong> Que es una forma de comer que me gusta</strong>. Sobre todo cuando dejo atrás el trabajo. Y empiezo el fin de semana. Que es la<em> república sosegada</em> que todos ansiamos. Pero que difícilmente conquistamos. <strong>Aunque yo soy paseante de Madrid</strong>. Que no en <em>corte</em>. <strong>Llueva</strong> o<strong> haga frio</strong>. La barra de <em>Riancho</em> es amena. Los que se conocen hablan con familiaridad. Y los que no, buscamos el motivo. <strong>Pero conversamos</strong>. Le pregunto al encargado si tiene plato cuaresmal. <strong>De cuchara</strong>, claro está. No es que me mueva por preceptos religiosos. Que estoy en el otro extremo. Sino porque pertenezco a una<strong> generación</strong> que -religión aparte- sabe lo que es la <em>cocina de vigilia</em>. Fundamentada en el bacalao. Pincho en hueso porque en <em>Riancho</em> son gallegos. Así que el pretendido<em> potaje</em> de bacalao con garbanzos y espinacas me lo sustituyen por unos <strong>chocos con habas</strong>. Plato único. Al que añado como postre unas obleas de<em> filloas</em> azucaradas que riego con <strong>orujo blanco</strong>.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-3314" title="taberna-la-casa-de-las-torrijas-madrid" src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2010/03/taberna-la-casa-de-las-torrijas-madrid.jpg" alt="taberna-la-casa-de-las-torrijas-madrid" width="700" height="503" /><strong>Sin darnos </strong>cuenta nos  hemos  introducido ya en el<em> tercer mes</em> del año. Y estamos a un paso de<strong> Semana Santa</strong>. Lo noto paseando por Madrid. La <em>Antigua Pastelería del Pozo</em> ya anuncia sus torrijas de bizcocho. Al igual que <em>El Riojano, </em>que las elabora de leche.<em> Lhardy</em> y <em>La Mallorquina</em> también las exhiben en sus vitrinas.  Como al final de la calle Mayor <em>La Santiaguesa</em>, que ofrece variedades según los gustos. Una de ellas bañada en chocolate. La torrija -en <strong>México</strong>, <em>torreja</em>- es un dulce de origen humilde hecho de pan. <strong>Por lo general de dos días</strong>. Que es mojado en leche, en vino o en miel, dependiendo en qué lugares. <strong>Hay quienes la situan en el siglo XV</strong>. Procedente de los conventos. Pero entra en la cocina popular en el <strong>XVII</strong>. Siempre en Cuaresma. En <strong>Andalucía</strong> la preparan en <em>pan de molde</em> mojado en vino de moscatel. Que se fríe en aceite de oliva y después se baña en miel. Y en Madrid se elabora sobre rebanadas de pan mojadas en leche y huevo que también se fríen. Con el añadido del almíbar, la canela y la corteza de limón. <strong>O la</strong> <strong>naranja rallada</strong>. Es tan tradicional este dulce en la capital de España que existe una taberna llamada <em>La Casa de las Torrijas</em> que las tiene todo el año. Está en la <strong>calle de la Paz</strong>, cerca de la Puerta del Sol, y data de <strong>1907</strong>. Las más afamadas tabernas castizas de Madrid incluyen estos días torrijas en sus cartas.<em> Casa Ciriaco</em>, en la<strong> calle Mayor</strong>. <em>Casa Lucio</em>, en la<strong> Cava</strong> <strong>Baja</strong>. <em>Antonio Sánchez</em>, en <strong>Mesón de Paredes</strong>. Y<em> Casa Marta</em>, en la calle <strong>Santa Clara</strong>. Cuatro clásicos.</p>
<p><strong>El bacalao</strong> es sin duda el ingrediente fundamental de la cocina de <em>vigilia.</em> <strong>Como sustituto de la carne</strong>. Por eso de la abstinencia. De ahí que el plato fundamental del<strong> miércoles de Ceniza</strong> y los viernes de Cuaresma sea el <em>potaje</em> de bacalao con garbanzos y espinacas. Que en algunas casas complementan con <strong>huevo duro</strong>. <em>Espinacas con garbanzos</em> es cocina de todo el año en <strong>Sevilla</strong>. Como lo son también las <em>pavías</em> de bacalao. Que en Madrid llevan su nombre completo. <strong>Soldaditos de Pavía</strong>. Son tiras de bacalao rebozado frito. Que las preparan de manera espectácular en <em>El Rinconcillo, Casa Carmelo </em>y <em>Casa Oliva</em>. Allá en Sevilla. O en <em>Casa Labra</em>, en la madrileña <strong>calle de Tetuán</strong>. Porque en <em>Revuelta</em> -el mejor bacalao de Madrid- salen de cocina en forma de lomos fritos. Que no de tiras. <strong>Lo de</strong> <strong>Pavía no está certeramente historiado</strong>. Unos dicen que viene de la batalla de tal nombre. Otros del general del mismo apellido. Y algunos de un regimiento de Infantería que tuvo guarnición en <strong>Cádiz</strong>. Lo cierto es que las tiras de <em>molla</em> de bacalao rebozado existen en nuestra alimentación desde tiempos remotos. <strong>En España y en el resto de Europa</strong>. Las mejores que yo he tomado son las de <em>Dar Filetaro</em>, una pequeña cantina romana que está en la <em>cerrada</em> de <strong>Santa Barbara</strong>. Junto a <strong>Campo dei Fiori</strong>. Donde <strong>Martina</strong> y <strong>Loredana</strong> -una friendo y otra despachando-distribuyen el bacalao envuelto en papel de <em>estraza</em> a los clientes para que lo puedan consumir en la calle. Como en la freiduría sevillana del Arenal. Fiel a las tradiciones de la ciudad. <strong>Primer viernes de marzo</strong>. Tiempo cuaresmal. <strong>Llueve torrencialmente sobre Madrid</strong>. Donde ya es de noche. <strong>Y el tráfico fluye por sus grandes vías</strong>.</p>
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		<title>Lady Smith</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Feb 2010 23:48:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Ladysmith es una ciudad sudafricana de la región de KwaZulu al pie de las montañas Drakesberg. Que baña el rio Klip. Y otrora cruce de caminos entre Puerto Natal (después Durbán) y el Transvaal. En la ruta del oro y los diamantes. Los británicos se establecieron allí hace 160 años, si bien el origen de este [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ladysmith es una ciudad sudafricana</strong> de la región de <strong>KwaZulu</strong> al pie de las montañas <strong>Drakesberg</strong>. Que baña el rio <strong>Klip</strong>. Y otrora cruce de caminos entre <strong>Puerto Natal</strong> (después Durbán) y el <strong>Transvaal</strong>. En la ruta del oro y los diamantes. Los británicos se establecieron allí hace 160 años, si bien el origen de este enclave fue <em>boers</em>. Era el año de 1847. <strong>Andries Spies</strong>, colono holandés, y el rey<em> zulú</em> <strong>Mpande</strong> habían cerrado un trato para que se estableciera en esas tierras una colonia <em>afrikaner</em>.<strong> Pero aquello dura poco</strong>, porque en 1850 Gran  Bretaña se anexiona el territorio, sentando allí sus reales. Gobernaba entonces la Colonia del Cabo<strong> sir Harry</strong> (George Wakely) <strong>Smith</strong>, primer <strong>barón de Aliwal</strong>. Soldado británico curtido en mil batallas. La ciudad que se estaba levantando en esa tierra <em>zulú</em> fue bautizada con el nombre de <strong>Windsor</strong>, pero no dio tiempo apenas a registrarlo porque fue sustituido casi de inmediato por Ladysmith, en honor a la esposa del gobernador general. Hijo de un médico de <strong>Whittlesea</strong> -pequeña localidad del Condado de<strong> Cambridgeshire</strong> (Este de Inglaterra)-, Harry Smith había ingresado en el Ejército de Su Majestad en 1805, con apenas 18 años. Un año después partía con la expedición militar británica que invadió el <strong>Río de</strong> <strong>la Plata</strong>. Donde sufrió cautiverio, lo que le permitió aprender español. Excarcelado, entre 1808 y 1814 combatió en España a los franceses a las órdenes de<strong> Arthur Wellesley</strong>, duque de <strong>Wellington</strong>. El 8 de abril de 1812 se produjo<strong> el asalto a Badajoz</strong>. Uno de los episodios más sangrientos y crueles de la guerra de la Independencia, con 4.800 bajas de lado inglés. Fue una victoria de elevado coste. Y nada honrosa para Wellington, cuyos soldados saquearon Badajoz en una <em>orgía</em> de alcohol, robos, violaciones y asesinatos sin precedente. <strong>Pero también fue el inicio de</strong> <strong>una bonita historia de amor</strong>.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-3262" title="lady-smith" src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2010/02/lady-smith.gif" alt="lady-smith" width="384" height="542" />El día después de la victoria, Harry Smith se encontraba acampado en las afueras de la ciudad. <strong>Cuando dos hermanas asustadas</strong> que habían podido sortear la barbarie se presentaron en la <em>línea</em> británica en demanda de auxilio.<strong> Habían perdido al resto de su familia en el asalto</strong>. Y de sus orejas brotaba sangre tras sufrir el robo violento de sus pendientes por la tropa <em>pendenciera</em>. La más pequeña de esta dos mujeres tenía 14 años. De nombre<strong> Juanita</strong> (María de los Dolores)<strong> de León,</strong> pertenecía a una casa solariega extremeña que había dado varios<em> regidores</em> a Badajoz. Y había sido educada en un convento. El oficial Smith -que tenía entonces 23 años- se fijó en sus <strong>ojos huérfanos</strong>. Prometiéndole protección. Y declarándole su amor desde ese momento. Que se consumó en matrimonio a los pocos días suplicándole que le siguiera. Lo que Juanita hizo desde la retaguardia. Unas veces cabalgando en solitario. Y otras ocupando los <strong>carros de Intendencia</strong>. Durmiendo al aire libre cerca de los <strong>campos de batalla</strong>. Familiarizándose con la milicia. Y ganándose por su simpatía los respetos y el cariño de Wellington, de quien su esposo se había convertido en un oficial incondicional. De enorme atractivo, admirada por todos y entregada en cuerpo y alma al hombre que le ofreció su amor, acompañó a éste en Waterloo. También en <strong>África</strong>. Y en la <strong>India</strong>.<strong> </strong>En donde <strong>Harry Smith</strong>  -ya en el empleo de general- derrotó con arrojo a los<em> sijs</em> en Aiwal (1846), siendo felicitado por el <strong>Parlamento</strong> y recibiendo de la <strong>reina Victoria</strong> una<strong> baronía</strong> con el nombre de ese lugar del <strong>Panyab</strong> hoy en la<strong> </strong><em>nómina</em><strong> </strong>de<strong> las grandes batallas de Inglaterra</strong>.</p>
<p><strong>La brillante carrera militar</strong> de sir Harry Smith le llevó a <strong>África del sur</strong> como gobernador de la Colonia del Cabo. En un momento complicado por las revueltas de los<em> boers</em>. Lo que no impidió que con su nombre y el de su esposa se bautizaran los primeros asentamientos ingleses de aquella antigua tierra <em>zulú</em>. Ladysmith sufrió entre 1899 y 1900 un terrible asedio<strong> de 118 días</strong> como consecuencia de la segunda guerra <em>anglo-boers</em>. Hoy existe allí un museo que recuerda la batalla. En la que murieron 3.000 británicos. Y en la que debutó como periodista un jovencísimo<strong> Winston Churchill</strong>, entonces corresponsal de guerra de <em>The Morning Post</em>, de Londres. Pero por entonces ya había fallecido el matrimonio Smith. Él, en 1860. Y ella, en 1872.<strong> No tuvieron hijos</strong>. Pero la dedicación del militar a la mujer que amaba duró hasta el último momento. <strong>E incluso después</strong>, porque el ya barón de Aliwal consiguió del Parlamento británico una<em> pensión</em> de 500 libras <em>por sus méritos de guerra</em> para que su esposa pudiera afrontar <em>desahogadamente </em>su viudez. Sobre la vida de este matrimonio, y en particular sobre<strong> Juanita de León</strong>, se han escrito algunas obras. <em>La novia</em> <em>española</em>, de<strong> Georgette Heyer </strong> (1940). <em> Las Reinas de África</em>, de<strong> Cristina García Morató</strong> (2003). Y <em>Lady Smith</em>, de <strong>Mabela Ruiz-Gallardón</strong> (2008). En Canadá, en la isla de <strong>Vancuver</strong> (Columbia británica), existe desde 1904 otra población denominada Ladysmith, pero en recuerdo del asedio de su homóloga sudafricana. Y en Badajoz se le ha dado el nombre de Lady Smith a una nueva avenida. El matrimonio Smith está enterrado en el cementerio de Whittlesea. Hoy <strong>Whittlesey</strong>, donde un viejo<em> pub</em> cervecero al que acuden los parroquianos recuerda con el nombre de <em>The hero of Aliwal</em> (El héroe de Aliwal) a <strong>su hijo más distinguido</strong>. Cuyas proezas no se entenderían sin la inseparable compañía de<strong> Juanita León.</strong> Para la historia,<strong> Lady Smith</strong>.</p>
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		<title>Poeta roto</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Feb 2010 02:04:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Lorca fue asesinado sin llegar a ver publicado Poeta en Nueva York. Que salió de imprenta por primera vez en México en 1940 en edición póstuma. El original estaba en manos de Bergamín, a quien se lo había confiado el poeta poco antes de su muerte. Poeta en Nueva York viajó con Bergamín al exilio. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Lorca fue asesinado sin llegar a ver publicado</strong> <em>Poeta en Nueva York</em>. Que salió de imprenta por primera vez en <strong>México</strong> en 1940 en <strong>edición póstuma</strong>. El original estaba en manos de<strong> Bergamín</strong>, a quien se lo había confiado el poeta poco antes de su muerte. <em>Poeta en Nueva York</em> viajó con Bergamín al exilio. <strong>Primero a Francia</strong>. Y después a <strong>México</strong>. Casi al mismo tiempo que se editaba en castellano aparecía en <strong>Estados Unidos</strong> otra edición -aunque incompleta- traducida al inglés por<strong> George Rolfe Humphries</strong>, un profesor de latin de la<em> Woodmere Academy</em> que había hecho causa con la <strong>República</strong> durante la guerra civil. Lorca escribió aquellos poemas durante su estancia en Nueva York entre 1929 y 1930. Aparentemente había viajado allí para estudiar<em> inglés</em> en la <strong>Universidad de Columbia</strong>, pero en realidad lo hizo<strong> para alejarse de España</strong>. Donde había entrado en crisis como consecuencia de la tormentosa relación que mantuvo con el joven escultor <strong>Emilio Aladrén del Perojo</strong>. Anterior amante de la pintora <strong>Maruja Mallo</strong>, a quien dejó -según reveló aquella en su momento- por el poeta. <strong>Persona de frágiles emociones era Lorca</strong>. Que atravesaba momentos de <strong>conflicto interior</strong>. Y con quien<em> </em>Aladrén <em>jugaba</em> sentimentalmente. <strong>Exasperándole</strong>. Que se sepa, el poeta sintió pasión por cuatro hombres. <strong>Dalí</strong>, que jamás le correspondió. <strong>Aladrén</strong>, del que se enamoró profundamente recibiendo <em>lo justo</em>. <strong>Rafael Rodríguez Rapún</strong>, su discreto secretario personal. Y <strong>Eduardo Rodríguez Valdivieso</strong>, un joven granadino catorce años más joven que él a quien conoció en 1932 en un <em>baile de carnaval</em> en el<strong> Alhambra Palace</strong>.</p>
<p><img class="alignright size-large wp-image-3220" title="federico-garcia-lorca1" src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2010/02/federico-garcia-lorca1-716x1024.jpg" alt="federico-garcia-lorca1" width="716" height="1024" /><strong>Aladrén era también más joven que el poeta</strong>. Ocho años menos. Pertenecía a una familia acomodada próxima a la aristocracia. No en vano su hermana<strong> Teresa</strong> era entonces la prometida del hijo del c<strong>onde</strong><em> viudo</em> de <strong>Casa Rojas</strong>. Los amigos de Lorca desconfiaron siempre del escultor. A quien consideraban de <em>obra</em> menor. <strong>Excepto el poeta</strong>, que lo paseó por todo Madrid e, incluso, le dedicó un hermoso poema del <em>Romacero gitano</em>. <strong>Mallo</strong> lo describió como un hombre <em>guapo</em>, lo más cercano a un<em> efebo</em> griego. Que Lorca se lo <em>arrebató</em> por la exquisitez con que le trataba. <strong>Dalí lo despreciaba</strong>. Y el granadino <strong>García Carrillo</strong> llegó a sospechar que se <em>aprovechaba</em> del poeta para encumbrarse en la fama. <strong>Fue tan forzado aquel viaje</strong> que Lorca -antes de embarcar en el <em>RMS Olympic</em> que le trasladó de<strong> Southampton </strong>a <strong>Nueva York- </strong>llegó a decirle por carta a su amigo chileno <strong>Carlos Morla Lynch</strong> que se sentía deprimido. <strong>Lleno de añoranzas</strong>. Arrepentido de haber abandonado <strong>España</strong>. El poeta lo<em> pasó</em> mal. Sobre todo cuando supo que su antiguo amante se había entregado a una joven inglesa de nombre <strong>Eleanor Dove</strong> que la firma de cosméticos <em>Elizabeth Arden Ltd</em> había enviado a Madrid como delegada de su tienda de la<strong> calle de Serrano</strong>. Pero fue su <em>estado anímico</em> el que hizo posible este extraordinario conjunto de poemas surrealistas que muchos entendidos consideran su<em> obra central</em>. En el que convergen <strong>amargura</strong>,<strong> melancolía</strong>, <strong>recuerdos</strong> y <strong>añoranzas</strong>. Y reflejan su percepción íntima de una ciudad <em>deshumanizada</em>. <strong>En contraste con su</strong> <strong>vitalidad poética</strong>. Donde le sorprende el<em> crack</em> de <strong>Wall Street</strong>. Y en la que observa minorías oprimidas que sufren. <strong>A cuyo lado se pone</strong>. <em>La aurora de Nueva York tiene</em>/<em> cuatro columnas de cieno</em>/<em> y un huracán de negras palomas</em>/<em> que chapotean las aguas podridas</em>./<em> La aurora de</em> <em>Nueva York gime</em>/<em> por las inmensas escaleras</em>/<em> buscando entre las aristas</em>/<em> nardos de</em> <em>angustia dibujada</em>.</p>
<p><strong>Jamás llegó a presentarse el poeta a sus exámenes de inglés</strong>. Pero aprovechó su estancia en Nueva York para involucrarse en la ciudad. Donde recibió la visita de <em>La Argentinita</em> y de<strong> Ignacio Sánchez</strong> <strong>Mejías. </strong>El torero dio una conferencia en el <strong>Instituto de las Españas</strong>. <em>Pase de la</em> <em>muerte</em>, la tituló. Mientras su amante -la mejor bailarina española del momento- aprovechaba su encuentro con Lorca para ultimar los arreglos musicales de <em>Canciones Populares</em>, obra conjunta. Desde Nueva York, viajó a las montañas y lagos de <strong>Vernont</strong>, invitado por el poeta <strong>Philip Cummings</strong>, a quien había conocido en <strong>Granada</strong>. Y también a los bosques de <strong>Bushnellsville</strong> y<strong> Newburgh</strong>, en el Estado de Nueva York, donde pasó estancias acompañado por<strong> Ángel del Río</strong> y <strong>Federico de Onís</strong> respectivamente. Un año después de su llegada a América, el poeta emprendía regreso a España. Previo paso por <strong>La Habana</strong>, donde pasó casi tres meses. Residiendo en el <strong>Hotel La Unión</strong>, en la calle <strong>Amargura</strong>. Y en donde conoció a <strong>Nicolás Guillén</strong> y a <strong>José Lezama Lima</strong>. El 30 de junio de 1930 llegaba al puerto de <strong>Cádiz</strong> a bordo del vapor <em>Manuel Arnús</em>, de la <strong>Compañía Trasatlántica</strong>. En los muelles le esperaban sus hermanos <strong>Isabel</strong> y <strong>Francisco</strong>. Con quienes se dirigió a <strong>Granada</strong> para pasar los meses de veranos. Estadía que precedió a su reencuentro con Madrid, ya en otoño. <strong>En España se fraguaba entonces la República</strong>, que era un clamor aún sin divisiones. <strong>Luego llegaron los bandos</strong>. <em>Bodas de Sangre</em>. <em>Yerma</em>. <em>Llanto por Ignacio Sanchez Mejías</em>. <em>Sonetos del amor oscuro</em>. De aquel amante llamado Aladrén poco más se supo. Era frecuente verle en los salones de <em>te danzante</em> buscando <em>glamour</em> en complicidad con su compañera inglesa. La<em> fuerza</em> cultural de la República <strong>desplazó su mediocre obra</strong>. Tuvo que esperar a la victoria de Franco para<em> realizarse</em> artísticamente. Pero su carrera se frustró por su temprana muerte. <strong>6 de marzo de 1944</strong>. Al día siguiente <em>Abc</em> daba cuenta detallada de su <em>genial</em> obra sobre mármol y bronce: un busto de <strong>José Antonio</strong>, otro del <em>Caudillo</em> y un tercero de <strong>fray Justo Pérez de Urbel</strong>, primer abad años después del <strong>Valle de los Caídos</strong>. Benedictino, <strong>consejero nacional del Movimiento</strong> y <em>comandante</em> falangista con estrella de ocho puntas sobre su hábito monacal. <strong>Cruel España que no pudo con la universalidad del poeta</strong>. <em>Si pudiera llenar de hollín las alcaldías</em>/ <em>y, sollozando, derribar relojes</em>/<em> sería para saber cuándo a tu casa</em>/ <em>llega el</em> <em>verano con los labios rotos </em>(Pablo Neruda).</p>
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		<title>Cine de infancia</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Feb 2010 01:10:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Cinema Paradiso es un canto de amor al cine. Dirigida en 1988 por Giuseppe Tornatore, esta película narra la infancia de un niño de postguerra (Totó) en un pequeño pueblo de Italia. Que crece junto a los consejos del viejo operador del cine parroquial (Alfredo). Que le enseña la magia del proyector para que se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Cinema Paradiso</em><strong> </strong>es un<strong> canto de amor al cine</strong>. Dirigida en 1988 por <strong>Giuseppe Tornatore</strong>, esta película narra la infancia de un niño de postguerra (<em>Totó</em>) en un pequeño pueblo de<strong> Italia</strong>. Que crece junto a los consejos del viejo<em> operador</em> del cine<em> parroquial</em> (<em>Alfredo</em>). Que le enseña la magia del proyector para que se busque otros derroteros fuera de allí. Y que -pasado el tiempo- regresa, convertido ya en reputado<strong> director de cine</strong> (<em>Salvatore</em>), al entierro de aquel, en medio de escenas cargadas de emoción que encuentran en la música de <strong>Ennio Morricone</strong> una conjunción perfecta.<strong> La película se ganó un oscar</strong> al año siguiente como mejor cinta extranjera. Pero, al margen de los laureles, es toda una cátedra de lo que significó el <em>viejo</em> cine.<strong> Cuando acudí</strong> a ver esta película, sus escenas me<strong> resultaron familiares</strong>. No en vano, conocía una<strong> historia real</strong> -idéntica, diría yo- que venía escuchándole desde años antes a<strong> mi amigo Juan Lebrón</strong>. Hijo del <em>operador</em> de sala del <strong>Cine Torcal</strong>, de <strong>Antequera</strong>. Y de quien recibió sus primeras enseñanzas sobre cine. <strong>Que le llevaron en los años 70 a iniciarse en la fotografía en Londres</strong>. Para trabajar luego como cámara de televisión por todo el mundo. Lebrón es el productor de <em>Sevillanas</em> (1991) y <em>Flamenco</em> (1995), ambas dirigidas por<strong> Carlos Saura</strong>. Y trabajó con <strong>Rodríguez de la Fuente</strong>, en<em> El Hombre y la</em> <em>Tierra</em>, y con <strong>Mercero</strong>, en<em> Verano Azul</em>. Desde hace más de veinte años reside en <strong>Sevilla</strong>. <strong>En la plaza de</strong> <strong>Alfaro</strong>, en pleno<strong> barrio de Santa Cruz</strong>. Por donde ha pasado todo lo mejor del cine español. En su casa me presentó a<strong> Manuel Gutiérrez Aragón</strong> y a <strong>José Luis Borau</strong>. Y gracias a él conocí a <strong>Francis Ford Coppola</strong>.</p>
<p><img class="alignright size-large wp-image-3164" title="cine-torcal1" src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2010/02/cine-torcal1-1024x680.jpg" alt="cine-torcal1" width="1024" height="680" />Hoy sobrelleva una difícil enfermedad. La misma que superó<strong> Joan Manuel Serrat</strong>, lo que le tiene animado. Porque se llaman y se cuentan sus cosas. Esta mañana hablé por teléfono con él cuando salía de la Ruber.<strong> Estaba eufórico</strong>. Y eso que el miércoles pasa por quirófano. <strong>Hemos quedado para después</strong>. Porque tengo que contarle mi último viaje a Antequera. Donde empujado por el argumento de <em>Cinema Paradiso</em> -y por la similitud que tiene con su trayectoria- me fui a conocer el Cine Torcal, cuyo edificio está declarado<strong> bien de interés cultural</strong>. Tengo que confesar que jamás había visto su fachada. Pero cuando me topé con ella no sólo quedé sorprendido, sino que empezaron a lloverme recuerdos sobre mis<strong> cines de infancia</strong>. El Cine Torcal, de estilo <em>racionalista</em>, fue levantado por un prestigioso arquitecto de<strong> Cádiz,</strong> mi ciudad natal. <strong>Antonio Sánchez Estévez</strong>, impulsor de la arquitectura moderna en ese extremo de Andalucía. Y cuyo nombre está unido en estilo -y con asombroso parecido- a dos coquetos cines gaditanos que frecuenté de niño. Lamentablemente ya desaparecidos. El<strong> Gades</strong> (1933) y el <strong>Municipal</strong> (1936). Sánchez Estévez levantó otros cines en Cádiz, como el <strong>Andalucía</strong> (1949) -que era también teatro- y el <strong>Imperial</strong> (1952), este último junto al arquitecto zaragozano Fernando García Mercadal, a quien Francó había rehabilitado por entonces de la<em> purga</em> de la guerra civil. Al igual que las anteriores, ninguna de estas salas ha sobrevivido a estos tiempos, como tampoco el<strong> Cine Almirante</strong>, de San Fernando, también de Sánchez Estévez y donde presencié por primera vez <em>La Prima Angélica</em>. Cine levantado a iniciativa de doña <strong>Anunciación Guitián Arias</strong>, esposa del almirante<strong> Ramón Agacino de Armas</strong>, uno de los poderes fácticos de esa ciudad departamental en los años 40.</p>
<p><strong>Mi primera sala de proyecciones</strong> fue la del<strong> Colegio San Felipe Neri</strong>, en el casco antiguo de Cádiz. <strong>Con apenas siete años</strong>. Edad en la que empezábamos ya los niños a coleccionar fotogramas. Cuando los <em>marianistas</em> nos sometían a sesiones de cine de aventura en blanco y negro los sábados por la tarde. Películas enlatadas de la distribuidora de <strong>Cesáreo González </strong>que llegaban en sacas de correos precintadas. <em>Suevia Films</em>, con una <em>bandera </em>de Vigo ondeando al viento <strong>sobre la ría</strong>. Cuando no <em>Cifesa</em>, de la familia<strong> Casanova</strong>. Con su <em>Micalet</em> como distintivo. O<em> Ízaro Films</em>, de <strong>Julián de Reyzabal</strong>. Que empezó de <em>reventa</em> de entradas en los cines de Bilbao y terminó siendo dueño de los principales <strong>cinematógrafos</strong> de la <em>Gran Vía</em> de <strong>Madrid</strong>. El mismo que anunciaba sus películas con la<strong> isla de</strong> <strong>Tabarca</strong>, que no venía en los libros de texto. Y que los niños de entonces ubicábamos en lugares remotos empujados por nuestras fantasías. La primera <em>superproducción</em> en color que ví en un cine de estreno fue <em>Los Diez</em> <em>Mandamientos</em>, que presentaba solemnemente la <strong>Paramount</strong> con su <em>montaña nevada</em> de 22 estrellas. Y que con sus 96 años es actualmente el <em>logo</em> más antiguo de Hollywood. A aquella película bíblica le siguieron en mi infancia otros colosales estrenos avalados por la fuerza que tenía dentro del regimen el productor <strong>Samuel Bronston</strong>. <em>Rey de Reyes</em>. <em>El Cid</em>. <em>55 días en</em> <em>Pekín</em>. Y <em>La caída del Imperio romano</em>. Así entró mi generación en el cine universal. El de Hollywood. Unas veces presentado por el<em> león</em> de la Metro, que se llamaba <em>Stats</em> y había nacido en el <strong>Phoenix Park</strong> (<em>zoo)</em> de <strong>Dublín</strong>. Otras por la <em>dama de la antorcha</em> que identifica a la <strong>Columbia</strong>. Y de la que más de diez mujeres han reclamado ser ella. Aunque sin éxito en los tribunales. <strong>20th Century Fox</strong>, <strong>Warner</strong> y <strong>Universal Pictures</strong>. Distribuidoras con fuerza para salas con<strong> excelencia</strong> repartidas por toda España. Rex. <strong>Apolo</strong>. Olympia. <strong>Coliseum</strong>. Astoria. <strong>Rialto</strong>. Lux. <strong>Pompeya</strong>. Capitol. <strong>Savoy</strong>. Tívoli. <strong>Emperador</strong>. Alcázar. <strong>Imperial</strong>. Compartiendo espacio con los cines populares. Llámese <em>Torcal.</em> Que lleva el nombre <strong>de una hermosa montaña de Antequera</strong> que nada tiene que envidiar a la que nos muestra la Paramount.  O <em>Paradiso.</em> Que suele ser también un<em> lugar</em> en donde convergen <strong>las estrellas</strong>. Como las que <em>coleccionaba</em> de niño Juan Lebrón. <strong>En aquella cabina de cine de pueblo</strong>.</p>
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		<title>Cartas de amor</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Feb 2010 01:11:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La última vez que estuve en Roma me alojé en el Hotel d&#8217;Inghilterra, junto a la Bocca di Leone. Es un edificio del siglo XVI próximo al palacio de los Torlonia que acogía huéspedes. Y que se convirtió definitivamente en hotel en 1845. Fue frecuentado a principios del XIX por viajeros ingleses que acudían a visitar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La última vez que estuve en Roma</strong> me alojé en el<strong> Hotel d&#8217;Inghilterra</strong>, junto a la<strong> Bocca</strong> <strong>di Leone</strong>. Es un edificio del siglo XVI próximo al palacio de los<strong> Torlonia</strong> que acogía huéspedes. Y que se convirtió definitivamente en hotel en 1845. Fue frecuentado a principios del XIX por viajeros ingleses que acudían a visitar al poeta <strong>John Keats</strong>, amigo de <strong>Shelley</strong> y de <strong>Byron</strong>. Que residía en la vecina <em>Piazza de Spagna</em>. Donde convalecía de tuberculosis. La misma que acabó después con su vida. También por allí han pasado notables escritores. Como<strong> Hans Christian Andersen</strong>, <strong>Henry James</strong>, <strong>Mark Twain</strong> y<strong> Henryk Sienkiewicz</strong>, este último autor de<em> Quo Vadis</em>. O compositores, como <strong>Franz Listz</strong>. Y hasta un pontífice, <strong>Pio</strong> <strong>IX</strong>. Que acudió a sus salones para cumplimentar a <strong>Pedro V de Portugal<em>,</em></strong> al que llamaban <em>El</em> <em>Esperanzado</em>. Algo inusual en un papa de entonces. <strong>Hoy</strong> he <em>descubierto</em> que el Inghilterra cuenta con un <em>nuevo</em> huesped ilustre. Porque fue el hotel desde donde <strong>Neruda</strong> escribía a<strong> Matilde Urrutia</strong>. En la primavera de 1952. Y en vísperas de la publicación de <em>Los versos del capitán</em>, dedicados a ella. <strong>Entonces su amante secreta</strong>. Seix Barral acaba de reunir en un libro de próxima aparición un conjunto de <em>cartas de amor</em> inéditas <strong>del poeta chileno a su amada</strong> que revelan su estadía en ese hotel por el membrete de una de sus cartas. Que publican estos días los periódicos. Neruda escondía en aquellos tiempos su pasión por Urrutia para no ser descubierto por <strong>Delia del Carril</strong>, entonces su esposa. Como también escondió la autoría de <em>Los versos del capitán</em> en su primera edición, que fueron editados en <strong>Nápoles</strong> de forma anónima.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-3115" title="pablo-neruda" src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2010/02/pablo-neruda.jpg" alt="pablo-neruda" width="602" height="670" /><strong>Amigo personal de Lorca</strong>, su asesinato le produjo honda conmoción. Un año después -en 1937- escribía <em>España en el corazón</em>, un libro de poemas anclado en la tristeza que describía los horrores de la guerra civil. Lorca y Neruda se conocieron en <strong>Buenos Aires</strong>, a donde había viajado el poeta granadino en 1933 invitado por la actriz<strong> Lola Membrives</strong> y su esposo, el barítono y empresario teatral español <strong>Juan Reforzo</strong>. Para estrenar allí <em>Bodas de</em> <em>Sangre</em>. <strong>Que igualmente dirigió con gran éxito</strong>. Aquella amistad se extendió un año después a Madrid, donde el autor de <em>Canto General</em> fue destinado como <strong>cónsul de Chile</strong>. Cuando llegó Neruda a Madrid la única persona que le esperaba en la estación era <strong>Lorca</strong>. Que le presentó a todos sus amigos del 27. <strong>Altolaguirre</strong>. Bergamín. <strong>Cernuda</strong>. Aleixandre. <strong>Moreno Villa</strong>. Con <strong>Rafael Alberti</strong> mantenía de antes una relación espitolar. Fue el autor de<em> La</em> <em>Arboleda perdida</em> quien recomendó a Neruda como vivienda la <em>Casa de las Flores</em>, en el madrileño barrio de Argüelles. Edificio singular de la II República. De <strong>arquitectura vanguardista</strong>. Prototipo de urbanismo futurista. <strong>Hoy monumento nacional</strong>. Neruda vivió en la quinta planta, en un piso confortable al que le <em>quitó </em>un tabique para hacer más grande el salón en el que se reunía con sus amigos. Y a donde acudía Delia del Carril, pintora argentina. <strong>Comunista</strong>. Veinte años mayor que él, a quien Alberti llamó <em>flor de único</em> <em>tallo idoblegable</em>.</p>
<p><strong>Esta noche me he acercado</strong> a la <em>Casa de las Flores.</em> Que sigue ahí impertérrita. Casi desapercibida<strong> en un Madrid que se protege del frio</strong>. Y de la depravación comercial. <strong>En el corazón de Argüelles</strong>. Calle de la <strong>Princesa</strong>. Distrito de <strong>Moncloa</strong>. Muy cerca de <em>Casa Manolo</em>, otrora refugio del poeta. <strong>Hoy sólo un nombre</strong>. La <em>Casa de las Flores</em> no tiene nada que ver con el Inghliterra, pero los une Neruda. Éste, anclado en el siglo XVI. Aquella, avanzada de su tiempo. <strong>En los dos se inspiró el poeta</strong>. Y en ambos hizo de su poesía amor. Neruda fue feliz en Argüelles. En un <strong>Madrid de entretiempos</strong>, <em>con</em> <em>campanas de relojes.</em> <strong>Tremendamente seductor</strong>. Atalaya de un<em> océano de</em> <em>cuero</em>, <em>rostro seco de Castilla</em>. Donde conoció a <strong>Machado</strong>,<em> con su traje</em> <em>negro de notario</em>. Y a <strong>Juan Ramón</strong>, <em>viejo niño diabólico de la poesía</em>. O a<strong> Valle</strong>, <em>con su interminable barba blanca</em>. Hasta que las bombas le obligaron a huir en otoño de 1936 a Paris. <strong>Comprometido con la República</strong>. Regresando por unos días a Madrid meses después. Otra vez a la <em>Casa de las Flores</em>, machacada ya por la artillería facciosa. Donde un joven miliciano llamado <strong>Miguel Hernández</strong> le ayudó a recoger sus recuerdos de<strong> Ceilán</strong>. De <strong>Singapur</strong>, de<em> Batavia</em>, después <strong>Yakarta</strong>. Y a empaquetar sus libros, esparcidos por los suelos. <strong>Marchitos</strong>. Entre grietas y socavones. <strong>Inyectados de horror</strong>. Golpeados por la metralla. <strong>Poesía rota</strong>, <strong>pasión vencida</strong>. Ilusión desecha, paraiso en guerra. <strong>Destrucción</strong>. <em>Era España tirante y seca</em>/ <em>diurno tambor de son</em> opaco/ <em>llanura y nido de águilas</em>/ <em>silencio de azotada intemperie</em>. Y ya<em> no</em> volvió jamás (1). <strong>Cartas de amor</strong>, <strong>Hotel d&#8217;Inghliterra</strong>.</p>
<p> </p>
<p>(<strong>1</strong>) Neruda tocó puerto en Barcelona y Santa Cruz de Tenerife en 1970 cuando navegaba en el <em>Verdi</em> de Europa a Valparaiso, reclamado por Allende para que participara en su campaña electoral. En ambos puertos llegó a pisar tierra firme por unas horas. En Barcelona paseó con García Márquez y en Santa Cruz con un grupo de periodistas, entre ellos Juan Cruz, que tenía entonces 21 años. En 1972 volvió a pisar suelo español, esta vez en una escala aérea de varias horas en Barajas. En ese momento le acompañó el pintor José Caballlero. Pero sin salir del aeropuerto.</p>
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		<title>Osados espías</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Feb 2010 22:15:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Durante el reinado de los Austria</strong> existió la figura del <em>Espía Mayor del</em> <em>Reino</em>. Que no debe confundirse con el <em>Superintendente de las</em> <em>correspondencias secretas</em>. <strong>Aunque tuvieran fines complementarios</strong>. De los menesteres del <em>Espía Mayor</em> poco hay escrito en las crónicas de la <strong>Corte </strong>porque se supone debía ser persona desconocida. Uno de ellos fue <strong>Gaspar de Bonifaz</strong>, caballero de la Orden de Calatrava y corregidor de Córdoba, que dejó correspondencia epistolar con el que era su <em>agente </em>en <strong>Barcelona</strong>, el capitán <strong>Juan de Torres</strong>. Las cartas corresponden al periodo comprendido entre 1632 y 1638, cuando en España reinaba <strong>Felipe IV</strong>, conocido como el <em>Rey Planeta</em>. Y sólo unos años antes de la <em>Guerra dels Segadors</em>, con lo que sobra contar de lo que trataban. Debió de ser muy poco discreto el tal Bonifaz. Porque alternaba su función secreta con sus dotes caballerescas en el <strong>arte de torear</strong>. Contando entre sus seguidores al propio rey, que llegó a encargarle la inalcanzable acometida de <em>devolver</em> la navegabilidad al <strong>Guadalquivir</strong> entre <strong>Sevilla </strong>y <strong>Córdoba</strong>. A Bonifaz lo dejó registrado <strong>Quevedo</strong> para la posteridad a modo de sátira. <strong>Por aquello de su arrojo taurino</strong>. Diferente es el caso del clérigo <strong>Manuel de Sobral y Bárcena</strong>, capellán del <strong>Hospital de San Carlos</strong>, en la Isla de León (Cádiz), al inicio de la <strong>Guerra de la</strong> <strong>Independencia</strong>. Sobral -que residía en <strong>Puerto Real</strong>- se ganó la confianza del mariscal (Claude Perrin) <strong>Víctor</strong>, <em>duque de B</em>e<em>lluno</em>, de quien obtenía información de sus tropas que pasaba luego a los sitiados de <strong>Cádiz</strong> mediante el sistema de alfabeto <em>desordenado</em>. Debieron ser tan útiles sus <em>servicios</em> que le encomendaron -gracias a su relación con los franceses- la liberación de <strong>Fernando VII</strong> en <strong>Valençay</strong>, que intentó sin éxito. Pero que le reportó una medalla pensionada. Que lució (y disfrutó) para la posteridad prendida en su sotana al tiempo que ostentaba una canonjía en la colegiata de <strong>Jerez de la Frontera</strong>.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-3061" title="ali-bey-1" src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2010/02/ali-bey-1.jpg" alt="ali-bey-1" width="600" height="601" /></p>
<p>De los <strong>espías pintorecos</strong> que ha dado la historia de España el que se lleva la palma es el barcelonés <strong>Domingo Badía y Leblich</strong>, contemporáneo al canónigo Sobral. Y servidor de<strong> Carlos IV</strong> a través del favorito <strong>Godoy</strong>. Curiosa historia la de Badía, hijo de un funcionario público destinado en <strong>Cuevas de Almanzora</strong> (Almería). Donde con sólo 14 años aprende sus primeras palabras en árabe. Hurgando para ello en el pasado morisco de la comarca. Lo que amplía luego en Córdoba, ciudad en la que empieza a trabajar como administrador de Rentas de Tabacos. Con un conocimiento elemental de la lengua, se ofrece a Godoy para iniciar una expedición a <strong>África</strong> que aporte <em>beneficios</em> a España. Que el válido considera vital para sus planes anexionistas sobre <strong>Marruecos</strong>. Cruzó el Estrecho por <strong>Tarifa</strong>, después de una travesía en barco de Londres a Cádiz, donde desembarca ya <strong>circuncidado</strong>, vestido a la<em> usanza</em> <strong>árabe</strong> y poblado de una <strong>amplia barba</strong>. Para presentarse en Tánger días después bajo la identidad de Ali Bey, descendiente de los Abasidas y por tanto de un tío del <strong>Profeta</strong>. Miembro de una <em>familia siria</em> errante que tuvo que refugiarse en Europa perseguida por los <strong>otomanos</strong>. De ahí su <em>educación</em> occidental. Representa Badía tan a la perfección su <em>papel </em>que el sultán <strong>Mulay Solimán</strong> <strong>Ben Mohamed</strong> no sólo le ofrece hospitalidad sino que le brinda su amistad. Recibe como regalo una casa y una quinta cerca de Marrakech, además de dos mujeres -una blanca y otra negra- del haren <em>imperial.</em>  Ali Bey pasaba sus primeros informes a través de un <em>agente</em> español de la Secretaría de Guerra residente en <strong>Mogador</strong>, hoy <strong>Essauira</strong>. Y entonces puerto atlántico desde el que Marruecos proporcionaba a Occidente las mercancías de las <strong>caravanas</strong>.</p>
<p><strong>Pero levantó desconfianzas en ambos lados</strong>. Entre los españoles por la sospechosa<em> lluvia</em> de favores que recibió del sultán. Y entre los gobernadores de Marrakech y Mogador porque los <em>engaños</em> no suelen durar demasiado. Así que emprendió<strong> un viaje hacia Oriente</strong> por el norte de África que le permitió alejarse del sultán.<strong> Ya a punto de</strong> <strong>desenmascararle</strong>. Recorrió Turquía, Egipto, Tierra Santa y  la penísula arábiga, siendo uno de los primeros <em>cristianos</em> en la historia que pisó<strong> La Meca</strong>. Tras el boloñés <strong>Ludovico di Vartema</strong>, el portugués <strong>Pêro de Covilha</strong> -ambos en el siglo XVI- y el cautivo inglés <strong>Joseph Pitts</strong>, ya en el XVII. Carlos IV, entonces entregado a<strong> Napoleón</strong>, le exigió regresar a España. Temeroso de que sus <em>excentricidades</em> pudieran poner en riesgo el equilibrio internacional. Y por indicación del emperador pasó a depender de su hermano<strong> José I</strong>. Regresando a Córdoba, esta vez como<em> prefecto</em> de la ciudad ocupada. Como afrancesado que era, tuvo que dejar España terminada la Guerra de la Independencia. Pero ya en <strong>Paris</strong> preparó una nueva <em>aventura</em> desde <strong>Constantinopla</strong>, esta vez con el beneplácito de <strong>Luis XVIII</strong>. Que le proporcionó fondos para su empeño. No era ya Ali Bey, sino <strong>Ali Otman</strong>. Pero aquello no llegó a buen fin, porque el 1 de septiembre de 1818 moría en extrañas circunstancias en <strong>Zarqa</strong>, en el norte de lo que es hoy <strong>Jordania</strong>. Fue supuestamente envenenado cuando compartía una taza de café con un <em>pachá</em> al que había<em> cautivado</em> con sus conocimientos. Pero en realidad <em>cayó</em> en la red de un compló<strong> </strong>tejido por <strong>el espionaje británico</strong>. Dicen que por delación de Fernando VII, que nunca le perdonó su afrancesamiento. Badía era un hombre eminentemente culto, con conocimientos de <strong>aerostación</strong> y de <strong>diferentes ciencias</strong>, lo que le ayudó en sus <em>atrevidas</em> incursiones a un mundo todavía vetado para Occidente. Hay quien le señala ambicioso. Mitad altruista, mitad <em>quijote</em>. No en vano se piensa que pretendía <strong>regresar a Marruecos</strong>. Con la idea de encabezar una <em>revuelta</em> contra el sultán para quitarle el trono. <strong>Una taza de café acabó con su gloria</strong>.</p>
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		<title>Cayetana de Silva</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jan 2010 11:35:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[El Museo de Bellas Artes de Sevilla acogió hace poco una original exposición sobre la colección privada de pinturas de la Casa de Alba. Cuarenta obras escogidas procedentes de Liria y Dueñas. Que son los palacios que posee esta Casa Ducal en Madrid y Sevilla. Contemplaba esta exposición obras de Tiziano, de Giordano, de Ribera y de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El Museo de Bellas Artes de Sevilla</strong> acogió hace poco una original exposición sobre la colección privada de pinturas de la <strong>Casa de Alba</strong>. Cuarenta obras escogidas procedentes de <strong>Liria</strong> y <strong>Dueñas</strong>. Que son los palacios que posee esta Casa Ducal en Madrid y Sevilla. Contemplaba esta exposición obras de<strong> Tiziano</strong>, de <strong>Giordano</strong>, de <strong>Ribera</strong> y de <strong>Murillo</strong>. También de <strong>Sorolla</strong>. De <strong>Zuloaga</strong>. De <strong>Bacarisa</strong>. Y de <strong>Romero de Torres</strong>. Entre otros maestros. Hasta un <strong>Renoir</strong>, de título <em>Mujer con sombrero con cerezas</em>. Pero la grandeza de aquella exposición la aportaba<strong> Goya</strong>, con el <em>Retrato de la XIII</em> <em>duquesa de Alba. </em><strong>Mujer tan osada como</strong> <strong>adelantada de su época</strong>. De nombre <strong>Cayetana de Silva</strong> <strong>y</strong> <strong>Álvarez de Toledo</strong>. Que el pintor -a quien se le adjudican amores con ella- <strong>inmortalizó</strong> por primera vez en 1795 en este lienzo en el que aparece con vestido primaveral, acompañada de un perro caniche. Obra a la que siguieron los dibujos de su <em>Álbum de</em> <em>Sanlúcar</em> (de Barrameda), localidad gaditana a donde la acompañó -dicen que de forma <em>pecaminosa</em>- entre 1796 y 1797 tras enviudar del<strong> duque de Medina Sidonia</strong>. Volviéndola a retratar de nuevo en<strong> Madrid</strong>, esta vez con mantilla negra. Óleo que se exhibe en la<strong> Hispanic</strong> <strong>Society</strong>, de Nueva York. Y que con <em>La duquesa de Alba y su dueña -</em>anterior a su viudedad<em>- </em>constituyen la <em>obra oficial</em> de Goya respecto a la aristócrata. <strong>Que la leyenda identifica</strong> con las <em>Majas</em> -vestida y desnuda- que formaron parte del gabinete privado del válido<strong> Godoy</strong> -amante de la reina<strong> María Luisa</strong>- a modo de<em><strong> </strong></em>pinturas <em>superpuestas</em> para el <strong>juego erótico</strong>.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-3028" title="xii-duquesa-de-alba-goya" src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2010/01/xii-duquesa-de-alba-goya.jpg" alt="xii-duquesa-de-alba-goya" width="452" height="687" /><strong>Hay escritos contradictorios</strong> sobre los <em>amores </em>de Goya con la duquesa. Unos dicen que fueron amantes. Otros que jamás el pintor fue correspondido. Lo cierto es que ambos se llevaron el secreto a la tumba. Pero con la <strong>desaparición prematura</strong> de esta dama vino la leyenda. Que identifica el cuerpo recostado de Cayetana con <strong>La Maja desnuda</strong>. Aunque hay también quien reconoce en esta mujer a la gaditana <strong>Pepita</strong> <strong>Tudó</strong>, amante adolescente y esposa después de Manuel Godoy. Corresponda o no este <strong>bello cuerpo</strong> a Cayetana, Goya pintó una extraordinaria obra de arte.<strong> Muy atrevida para la época</strong>. Y que delata <em>complicidad</em> entre el pintor y su modelo, que la presenta tremendamente sensual y atractiva. <strong>Cayetana había contraido matrimonio</strong> muy joven con el XV duque de Medina Sidonia, con quien no tuvo descendencia y de quien enviudó cuando ella contaba 34 años. Hija única, heredó el título de su abuelo. Un hombre de la<strong> Ilustración</strong>, a quien <strong>Carlos III</strong> nombró <strong>embajador en Paris</strong>. Y que mantenía amistad con <strong>Voltaire</strong> y con <strong>Rousseau</strong>. De muy joven, Cayetana rivalizó en la Corte con <strong>María Luisa</strong> <strong>de Parma</strong>, cuando aún era la esposa del principe heredero. De hecho, compartió amante con aquella en la persona de <strong>Juan María Pignatelli</strong>, hijo del <strong>marqués de Mora</strong>. Joven libertino próximo al círculo palaciego, que se entretenía haciendo <em>juegos peli</em>grosos en una Corte cada vez más <em>podrida</em> a la que acudían ricos aristócratas desocupados <strong>buscando placeres mundanos entre intrigas</strong>.</p>
<p><strong>El odio</strong> <strong>entre Cayetana</strong> y la que luego fue esposa del<em> infeliz</em> Carlos IV fue a más. Retándose ambas en <strong>caprichos</strong>, <strong>travesuras</strong> y <strong>perversidades </strong>cortesanas. <strong>Extravagante</strong> y <strong>provocadora</strong>, pero también divertida y cercana al populacho, la XIII duquesa de Alba se ganó la admiración del propio rey. Y cautivó a Goya, dieciseis años mayor que ella, <strong>sordo</strong>, <strong>gruñón</strong> y <strong>arisco</strong>. A quien conoció recien casada en casa de su madre. La condesa de Fuentes (por segundo matrimonio), culta dama que ayudó al pintor a entrar en la Academia y le abrió la puerta de los Borbones. <strong>La pintura que</strong> <strong>mejor define</strong> a Cayetana de Silva es <em>La Duquesa de Alba con su dueña</em>, donde ésta aparece de espalda en <em>flagrante travesura</em> sorprendiendo a una anciana ama de compañía de nombre <strong>Rafaela Luisa Velázquez</strong>. Y a quien familiarmente llamaban la<em> Beata</em> por responder con rezos exagerados a todo lo que le escandalizaba. En este óleo sobre lienzo -que figura en el Museo del Prado- Cayetana luce ese <strong>largo cabello negro</strong> <strong>enrizado</strong> del que solía presumir al asegurar que alisado llegaba a cubrir -cuando se desnudaba- las partes más íntimas de su cuerpo. <strong>Murió esta</strong> <strong>aristócrata a los 4o años</strong>. Dicen que de unas fiebres, aunque se especula con que fue envenenada por encargo de la reina. <strong>Que habría urdido su</strong> <strong>muerte junto a su amante el válido</strong>. De hecho, <strong>Carlos IV</strong> encargó al propio Godoy una investigación que -como cabía esperar- terminó archivada. Y que otro duque de Alba -el XVII- intentó esclarecer aportando una prueba testifical <em>a la contra</em> tras exhumar sus restos en 1945.<strong> Tal vez consiguió despejar la duda</strong>. Pero no acabar con la leyenda que acompaña a esta osada duquesa. Convertida en mito gracias al pincel de Goya. <strong>Que se sintió desbordado por su belleza</strong>.</p>
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		<title>Puerta de Europa</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jan 2010 23:52:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Tuve el privilegio meses atrás de compartir mesa con Carlos Fuentes en el Gran Café de la Parroquia, en el Puerto de Veracruz. Junto al gobernador Fidel Herrera, amigo común. En la nueva sucursal que este histórico café abrió en 2008 -coincidiendo con su bicentenario- en Boca del Río, en el ensanche de la ciudad. El escritor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Tuve el privilegio</strong> meses atrás de compartir mesa con <strong>Carlos Fuentes</strong> en el <strong>Gran Café de la Parroquia</strong>, en el <strong>Puerto de Veracruz</strong>. Junto al gobernador <strong>Fidel Herrera</strong>, amigo común. En la nueva sucursal que este histórico café abrió en 2008 -coincidiendo con su bicentenario- en <strong>Boca del Río</strong>, en el ensanche de la ciudad. El escritor se sentía allí como en casa. No en vano -aunque nacido circunstancialmente en Panamá- <strong>Veracruz es su tierra de origen</strong>. Donde en el siglo XIX se establecieron sus abuelos -canario él y alemana ella- como otros muchos emigrantes europeos atraidos por <strong>la aventura americana</strong>. Y que contribuyeron a crear riqueza en la región. Desde la banca. Y desde el cafetal. Que fue el caso de la familia del escritor. La Parroquia está unida al corazón de Fuentes. En ella recreó pasajes de su novela <em>La silla del águila</em>, editada en 2004. Pero que desarrolla de modo futurista en 2020, con un político real -ya fallecido- dentro de la trama. Y que ocupa con su anciano <em>poder</em> una de la mesas de este café haciéndose acompañar de un loro charlatán. Es el presidente mexicano <strong>Adolfo Ruiz Cortines</strong>, que representa la <em>sabiduría</em> en la política. Cual <em>viejo zorro</em> de sus manejos. Y que el loro sustenta repitiendo consignas históricas del PRI. Cada vez que Fuentes acude a Veracruz bucea sus recuerdos de infancia en este emblemático café. Al que acudía su abuelo <strong>con novelas de época</strong>, que leía placidamente tras repasar los periódicos del día. Junto a un <em>lechero</em> (café con leche servido en mesa) con <em>chilindrinas</em>, que es un pan dulce mexicano. La Parroquia le trae esos <em>recuerdos</em>, que él trata de rememorar cada vez que pisa el establecimiento. Buscando imaginariamente la mesa del abuelo. Que no es una mesa exclusiva, porque todas -incluida la suya- llevan consigo prolífera historia. Que no es otra que la de este maravilloso Puerto de Veracruz, que otrora fue puerta -de entrada y salida- de Europa.</p>
<p><strong>Estaba yo esos días en Veracruz</strong> en un viaje de <em>nostalgia</em>. Buscando lugares que dieran vida a mis lecturas históricas de México. El <strong>Hotel Las</strong> <strong>Diligencias</strong>. El puerto. <strong>San Juan de Ulúa</strong>. Los viejos ferrocarriles de la Revolución. Y el <strong>Gran Café de la Parroquia</strong>. En todos ellos me sentía feliz, con la compañía generosa de mi anfitrión, mi buen amigo <strong>Armando Quintero Mateos</strong>. Pero de todos esos lugares el que más repetí fue La Parroquia, atraido por su singular historia. Y por la del patriarca de la familia que actualmente lo regenta. El montañés don <strong>Fernando Fernández</strong> <strong>Lavid</strong>. Nacido en <strong>Santa Olalla de Molledo</strong>, a 25 kilómetros de <strong>Torrelavega</strong>. Y que vino a este lugar en 1936 al calor de unos parientes, indistintamente establecidos en Cuba y en México. Don <strong>Antonio Fernández Fernández</strong>, hermano de su padre. Propietario del <strong>Café El Carrio</strong>, en la vieja Habana. <img class="alignright size-full wp-image-2989" title="la-parroquia3" src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2010/01/la-parroquia3.jpg" alt="la-parroquia3" width="500" height="319" />Y don <strong>José Fernández Fernández</strong>, tio paterno también. Que regentaba La Parroquia veracruzana. Con un pasaje desde <strong>Santander</strong> que le costó 800 pesetas, una pequeña maleta y unas fotografías familiares, don Fernando se presentó con apenas 14 años ante su tío en Veracruz nada más desembarcar del <em>Cristobal Colón</em>. <strong>Fue una vida de sacrificios</strong>. También de aprendizaje. <strong>Pero provechosa</strong>. Donde ocupó todos los empleos, hasta que en 1946 fue nombrado gerente. Y más tarde se hizo con el negocio comprándoselo con facilidades a su pariente. No sin antes adquirir -gracias a sus ahorros- una casa en Santa Olalla de Molledo. <strong>Siguiendo así la</strong> <strong>tradición</strong> de los emigrantes montañeses en México. Que siempre tuvieron sus <strong>ojos</strong> puestos en España. Hoy La Parroquia la dirigen sus hijos <strong>Fernando</strong>, <strong>Ángel</strong> y <strong>Felipe Fernández Ceballos</strong>, que se independizaron de otra rama familiar que explota un negocio similar con el mismo nombre. Pero la <em>autenticidad</em> de La Parroquia está unida a don Fernando y a esas <strong>viejas cafeteras metálicas</strong> de origen italiano que presiden los dos establecimientos, el del Malecón y el de Boca del Río. Cafeteras artesanales ya de colección fabricadas en Turín que los Fernández Ceballos han conseguido repetir para su nuevo establecimiento con réplicas exactas a la primitiva gracias a las manos artesanas de los operarios de un taller veracruzano.<strong> Y que son su signo de</strong> <strong>distinción histórica de cara al mundo</strong>.</p>
<p>El Gran Café La Parroquia tiene su origen en un establecimiento llamado <strong>El Caballo Blanco</strong> fundado en 1808 por un estadounidense en las inmediaciones de lo que es hoy la <strong>Catedral de Veracruz</strong>, entonces parroquia. De ahí su nombre. No tardó mucho en denominarse como hoy día porque en 182o el negocio fue traspasado a un ciudadano francés que lo bautizó como tal. Tuvo varios propietarios, pero desde 1867 todos fueron ya españoles. Don <strong>José Capdevila</strong>, catalán. Don <strong>Rafael Menéndez</strong> y don <strong>Manuel González</strong>, asturianos. Y la familia actual, de <strong>Cantabria</strong>. Primero don <strong>José Fernández Fernández</strong> y después don <strong>Fernando Fernández Lavid</strong>, el patriarca de la saga que lo regenta. Ha sido un café <em>errante</em>, porque del primitivo local pasó a otro situado junto al Malecón. En la calle Valentín Gómez Farías. Y que ahora son dos con el de Boca del Río. Frecuentado en otros tiempos por <strong>Bernard Schaw</strong>, Truman Capote, <strong>Agustín Lara</strong> y María Felix -así como por todas las celebridades que llegaban al puerto de Veracruz-, fue el último establecimiento que pisó el presidente<strong> Porfirio Díaz</strong> antes de embarcar hacia su exilio parisino. La memoria de un mesero (camarero) de nombre <strong>Agustín García</strong> -y que le llamaban <em>Mérida</em> por ser de esa ciudad yucateca<strong>-</strong> ha dejado registrado para la posteridad su último desayuno en tierra mexicana. Un <em>lechero</em>, una <em>canilla</em> y una ración de papaya. Otro mesero, <strong>Pedro Degoll</strong><strong>ado</strong> -con cincuenta años de oficio en la casa- sirvió en 2008 a modo honorífico el primer <em>lechero</em> del nuevo local de Boca del Río. Degollado y Fernández Lavid ha extendido desde el Malecón a esa otra parte moderna de la ciudad los<em> secretos</em> de toda una vida entre aromas de café. Y la clientela, que en Veracruz es tradición que pasa de padres a hijo, ha aportado la peculiar <em>llamada</em> al mesero haciendo sonar la cucharilla en el vaso. Que se trata de una forma amistosa de reclamar el café. Y que tiene su origen en el <em>paso</em> de <strong>los</strong> <strong>viejos tranvías</strong> junto al primitivo local. Cuando los conductores hacían sonar la campana para que les llevaran el café junto a la ventanilla. <em>Lechero</em>. <strong>Cuarto de carga</strong>. Media carga. <strong>Express</strong>. Americano. <strong>Champola</strong> (leche malteada). Dos siglos de historia de Veracruz. <strong>Tierra jarocha</strong>. Puerta abierta de México a <strong>Europa</strong>.</p>
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		<title>Noche castiza</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 18:09:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Orgambides</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Madrid</strong>. Viernes 15 de Enero, <strong>diez de la noche</strong>. La llamada al móvil me ha llevado<em> inconscientemente</em> a la plaza de <strong>Ramales</strong>. Dónde, concluida la conversación, me encuentro ante el<em> monolito</em> que recuerda que allí hubo una iglesia donde estuvo sepultado<strong> Diego de Velázquez</strong>. Digo <em>estuvo </em>porque aquella iglesia, llamada de<strong> San Julián</strong>, ya no existe. De hecho, en el solar donde estaba erigida nació esta plaza. Que debe su nombre a un pueblo cántabro, colindante a <strong>Vizcaya</strong> y que atraviesa el rio <strong>Asón</strong>, que pasó a la posteridad porque allí <strong>Espartero</strong> venció al Ejército carlista (Primera guerra, 1839). De ahí que al pueblo aún se le conozca como <strong>Ramales de la Victoria</strong>. Pero Velázquez es anterior, como <strong>Mariano José</strong> <strong>de Larra</strong>, que residió y murió en la vecina calle de<strong> Santa Clara</strong>, donde una lápida de 1908 recuerda que allí puso fin a su vida. Triste episodio, que eleva a siniestro una pequeña placa metálica adosada al portal que anuncia que en ese edificio opera hoy día la agencia 611 de <em>Ocaso Seguros</em>. Mi paso es por ello más que veloz, de manera que, pasada la iglesia de <strong>Santiago</strong>, me situo en la calle del <strong>Espejo</strong>, en cuyo número 1 vivió <strong>Francisco de Goya</strong> y su esposa <strong>Josefa Bayeu</strong>. Y donde nació su hijo <strong>Vicente Anastasio</strong>. Cuatro plantas tiene esa casa, que se ubica ya dentro de los límites del <strong>Madrid de los Austrias</strong>. Junto a la calle<strong> Mayor</strong>, muy cerca de la antigua <strong>Puerta de Guadalaxara</strong>, que dicen los cronistas de la<strong> Villa</strong> que fue uno de los accesos más importantes del Madrid medieval. Y que dejó de existir en 1582 al ser derribada la vieja muralla. <strong>La noche es luminosa</strong>. Hoy ha sido un día sin lluvia, tras una semana inclemente que me ha hecho olvidar la hermosa nevada del domingo 10. <strong>Hace frío</strong>, pero la temperatura no es extrema. <strong>Luego invita</strong> a pasear. Mi destino lo dejo al azar. Porque son calles que no sólo conozco, <strong>sino que me llevan</strong>.</p>
<p><strong><img class="alignright size-full wp-image-2939" title="cava-baja-madrid2" src="http://www.fernandoorgambides.com/wp-content/uploads/2010/01/cava-baja-madrid2.jpg" alt="cava-baja-madrid2" width="1000" height="750" />Presiento una noche castiza</strong>. Entro en <strong>Casa Paco</strong>, en <strong>Puerta Cerrada</strong>. Que veinte años atrás se surtía de<strong> vinos de Valdepeñas</strong> que llegaban aquí en <em>pellejos</em> a hombros de  mozos de   reparto   provistos de <em>blusas    manchegas</em>.   Herencia de <em>arrieros</em>. Vino que luego Paco ofrecía a sus clientes en pulcras frascas de cristal. Hoy el negocio lo dirige su nieto, que mantiene el local leal a la tradición. Como <strong>Revuelta</strong>, la otra taberna de Puerta Cerrada, a donde no llego a tiempo para probar su exquisito <em>bacalao rebozado</em>. Que compite en calidad con el de <strong>Casa Labra</strong>, otro castizo de Madrid. <strong>Pero distante de aquí</strong>. En la calle<strong> Tetuán</strong>, en los aledaños a la <strong>Puerta del Sol</strong>. En cuyo <em>entresuelo</em> <strong>Pablo Iglesias</strong> fundó el PSOE. Cruzo la calle <strong>Segovia</strong>, para elegir una de las dos <em>Cavas</em>. La <strong>Alta</strong>, silenciosa. O la <strong>Baja</strong>, que se presenta con bullicio. <strong>Con sus tabernas a tope</strong>. Elijo esta última, en dirección al <strong>Schotis</strong>. Mi restaurante preferido desde que llegué a<strong> Madrid</strong> en 1974. En cuyo mostrador he pasado muchas horas de mi vida. Lleva el nombre del <em>baile castizo</em> de Madrid, pero un día <strong>Camilo José Cela</strong> convenció a <strong>Pedro Palacios</strong>, su primer propietario, de su origen escocés, modificando el nombre. <strong>Hasta hoy</strong>. Los herederos de Palacios traspasasaron el negocio a los camareros, que desde finales de los <em>ochenta</em> son los propietarios del lugar. Los dos <em>Pepes</em> -<strong>José de Pablo</strong> y <strong>José Luis</strong> <strong>Valtierra</strong>-, Paco, <strong>Rufino</strong>, Martín y <strong>Serafín</strong>. Algunos ya se han jubilado, pero el resto sigue al<em> pie</em> del cañón. Esplendida <em>tortilla de patatas</em> que Paco me ofrece en ración doble mientras Rufino me da conversación. El Schotis fue el restaurante que frecuentaba <strong>José Bergamín</strong>, cuyas fotografías colman sus paredes. Iba allí con <strong>José Luis Barros</strong>, eminente doctor. Cuando seguían a <strong>Rafael de Paula</strong>. La música callada del toreo. También lo frecuentó <strong>Alberti</strong> a su<em> vuelta</em>. Y el profesor <strong>Tierno</strong> <strong>Galván</strong>. Fue fundado en 1962. Y en sus paredes cuelgan fotografías de otro Madrid. El de <strong>Urtain</strong> y <strong>Pedro Carrasco</strong>. De <strong>Caracol</strong> y <strong>Lola Flores. </strong>De <strong>Amancio</strong> y de<strong> Pirri</strong>. De <strong>El Cordobés</strong> y <strong>Bienvenida</strong>. En sus comedores guarda como preciado tesoro frescos sobre pared de <strong>Eduardo Vicente</strong> con estampas del Madrid castizo. Y pinturas posteriores de <strong>Matellano</strong>. Reliquias de una época. Que conservan como oro en paño junto a un viejo organillo que le da prestancia al local.</p>
<p><strong>Fernando me atiende</strong> ahora en el mostrador de <strong>Casa Lucio</strong> mientras el prócer -viejo amigo- saluda a sus clientes luciendo chaquetilla blanca. Tabernero de Madrid este Lucio. <strong>Guardián de su pureza castiza</strong>. Muchas horas también con él allí. Ese blanco inmaculado de su chaquetilla sólo lo he visto de niño en Cádiz a dos carniceros de dinastía gitana. <strong>Chano Vargas</strong>, en la calle Valverde, y <strong>Perico el Melu</strong>, en el Mercado Central de Abastos. La Cava Baja albergó hasta finales de los <em>setenta</em> una taberna flamenca llamada <strong>Las Cuevas de Nemesio</strong>. Que disponía de un pequeño<em> teatrillo</em>. Y que hizo mestizaje con el casticismo, aflamencando para siempre el Madrid de los Austrias. Porque antes que naciera <strong>El Cigala</strong> ya Madrid tenía su <em>palo</em>. <strong>Los caracoles</strong>. Que son cantes para el baile que surgen de la <strong>cantiña</strong>. Cantes que viajaron desde Cádiz con letras alusivas a Madrid, otrora cuna de grandes cafés cantantes. En aquellas Cuevas de Nemesio creció como artista mi inolvidable amigo <strong>Paco Toronjo</strong>, que me <em>despidió</em> con fandangos por las calles de Huelva en la primavera de 1991 a punto yo de marchar a <strong>México</strong>. En una noche memorable en la que nos acompañaban <strong>Manolo Yélamo</strong> y <strong>Onofre López</strong>. Son recuerdos que me vienen al abrigo de esta madrileña Cava Baja. En la que me siento a gusto. Y de la que empiezo a despedirme hasta otro día, dejando atrás el <strong>Viejo Madrid</strong>, Casa Esteban, <strong>La Chata</strong>. Nombres de ayer que cohabitan con otros de hoy. <strong>Aljaraque</strong>. La Perejilla. <strong>Txacolina</strong>. Casa Lucas. <strong>Casa Víctor</strong>. Para volver a pasar por el Schotis. Y por aquellas<strong> dos viejas posadas</strong> de mis primeros años por aquí. La de <strong>San Isidro</strong>, reconvertida en apartamentos, y la del <strong>Dragón</strong>, hoy en obras. Con un cartel que anuncia que allí se abrirá un hotel. Puerta Cerrada. <strong>Calle del Conde Casa Miranda</strong>. Mercado de San Miguel, <strong>totalmente renovado</strong>. Y otra vez la plaza de Ramales, tras dejar atrás Santiago. <strong>Enclave velazqueño de Madrid</strong>. Que eligió Goya para vivir. Donde se pegó el tiro Larra. <strong>Calle de la Amnistía</strong>. Donde me espera <strong>Francesco</strong>, italiano de Udina. Propietario del <strong>Bellini</strong>. Que es el <em>Chicote</em> del Madrid de los Austria. Hoy toca un <em>manhattan</em>. Parada final de una noche castiza. Donde escucho como <strong>Sabina</strong> le canta al poeta. <em>Cuando volvía del extranjero</em>,/ <em>tan forastero</em>, /<em>a las diez no era de día</em>,/ <em>a las seis ya era de noche</em>, / <em>pídame un coche</em>,/ <em>fumando espero</em>/,<em> y le aplaudían los camareros</em>. <strong>Cuidado con el escalón</strong>, <strong>don Ángel</strong>.</p>
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