BLOG de Fernando Orgambides

El planeta de las astas montantes

De rodillas

10 noviembre 2015

Artur Mas mendigando el voto de la CUP [Candidatura d'Unitat Popular] para liderar la independencia es una estampa negra, siniestra también, que quedará registrada en la historia reciente de Cataluña para vergüenza de su burguesía más consecuente. Y para repugnancia de quienes no comulgamos con la deriva hacia esa Republica Catalana que ha nacido sin presidente. Por si colase, Mas imploraba tal apoyo ante una activista republicana [Anna Gabriel i Sabaté] nacida en el mismo año en que murió Franco, antisistema y feminista, hija de un modesto minero de Huelva que emigró en el tardofranquismo a Sallent de Llobregat para trabajar en la extracción de sales potásicas en una multinacional instalada en el municipio y que casó para formar familia con una muchacha del pueblo hija de obrero, catalanoparlante y antítesis de esa burguesía adinerada con torre y yate en la que nació y se crió Más, de Primo de Rivera porque convenía, de Franco porque tocaba y de Pujol porque había que serlo. El problema catalán, versión del siglo XXI, ha puesto al descubierto cuadros inéditos de la peor miseria humana, pero todo cabe en la ideología de la ambición y el dinero, ya se vistan políticamente según procedan los vientos. gabriel1Es curioso que un movimiento de coyuntura tan espectacular en cuanto a masas como Junts pel Sí solo muestre las caras de las agitadoras Forcadell y Casals, del ex ecosocialista Romeva y las de los lideres Mas y Junqueras, estos últimos a modo de retaguardia en la cabeza de la lista electoral que ganó en minoría el 27 de octubre. Sin olvidar tipos sui generis como Guardiola o Llach, este último el segundo diputado más rico del Parlament. Algunos, como Mas, pasaron meteóricamente de la doble lealtad, o de la doble moral, a la doble condición de separatistas y republicanos. Siempre con la garantía que le aportan los pilares financieros que, más o menos escondidos tras la bambalina independentista, les apoyan. O sostienen. Desenmascaremos a algunos: Fernando [últimamente Ferrán] Rodés i Vilá, propietario del periódico independentista Ara, pero al mismo tiempo magnate de la publicidad [vicepresidente mundial del Grupo Havas], con la consabida influencia que conlleva su cargo sobre empresas editoras, estaciones de televisión y cadenas de radios, además del medio digital. Carles Vilarubí  i Carrió, ex chofer de Jordi Pujol, delegado de la Banca Rothschild en España, vicepresidente del Barça, protector de Iñaki Undargarín y consorte de Sol Daurella i Comadrán, presidenta de Coca-Cola Iberian Partners. Y Antonio Brufau i Niubó, presidente de Repsol, pelota del rey emérito y amigo del sol que más calienta, el hombre que hace dos años anunció que se bajaba progresivamente el sueldo a la mitad, o sea: de 4,9 [2013] a 2,5 millones de euros [2015] . La prensa, la Coca-Cola y el petróleo de rodillas ante una activista antisistema de Sallent de Llobregat. Qué orgullo poder contarlo en Huelva.

 

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1.1. Tango viejo

22 noviembre 2014

[Buenos Aires, un pretexto]
Primer capítulo del libro “El Polizón urbano. Soliloquios de compañía” , en elaboración.

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Desacralizado el Café Tortoni, viejo templo de Gardel reconvertido ahora en reclamo turístico, nadie le discute a la Confitería Ideal haberse ganado a pulso ser la catedral del tango en Buenos Aires. Y no solo por la pureza que encierra su salón principal [de baile], intacto desde 1912 tras concebirlo así su fundador, el gallego Manuel Rosendo Fernández. Sino porque cada tarde su [distinguida] clientela acude allí con lealtad -en pareja o en busca de ella- para bailar el mejor tango, la mejor milonga, da igual con orquesta que con música enlatada, porque si suena bien el porteño no se las gasta en diferencias con violines, flautas, pianos y fueyes [bandoneón] de verdad, aunque sería lo propio. Es toda una heroicidad que este viejo local de la calle Suipacha, otrora frecuentado por Chevallier, Gassman, María Felix o Yoko Ono, siga abriendo días tras días sus puertas. Y todo un misterio si seguirá haciéndolo en el futuro, sobre todo como están las cosas en Argentina, actualmente en recesión, desempleo, inflación, déficit fiscal, atraso cambiario, brecha del dólar blue, riesgo país alto, default, reservas en baja, y déficit enérgetico, diez plagas que a diario le recuerdan a Cristina periódicos como La Nación y Clarín. Cuando cerró la Richmond, la otra gran confitería bonaerense de nuestros días, la calle Florida entró en orfandad. Hoy la Richmond es una tienda de ropa y accesorios deportivos cuyos propietarios han tenido la decencia de no deshonrar su historia. Y para recordar que aquel local fue uno de los principales cafés notables de Buenos Aires conserva parte del artesonado, sus viejas maderas y el mostrador de origen, sobre el que hoy reposan cafeteras Nespreso como cortesía especial para su joven clientela, muy diferente de aquella otra. Mejor suerte ha corrido la London [City] que, tras dudar unos meses sobre su futuro, ha reabierto el local con nuevos dueños [Pertutti], pero reformado. Cortazar ha respirado hondo. Y allí, imperturbable, sigue su mesa, su cenicero, el cigarrillo emboquillado aún sin encender… Existe un tango de 1928 que lleva como título Se viene la maroma, que quiere decir la que se va a liar. Que no quilombo, que unas veces significa lío. Y otras, prostíbulo. Lo escribió Manuel Romero [1891-1954], hijo de emigrantes andaluces, fogonero de la Armada, periodista y letrista de Gardel. Y le puso música Enrique Pedro Delfino [1895-1967], pianista, compositor y director de orquesta formado musicalmente en Turín, hijo del dueño de la confitería del Teatro Politeama. El tango empieza así: Cachorro de bacán/ anda achicando el tren;/ los ricos hoy están/ al borde de la sartén.

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El Bar Plaza Dorrego sigue donde siempre, en San Telmo, barrio chico y decadente, sorteando los tiempos, entre cáscaras de maní, grafitos y sueños de libertad ya dormidos. Y compitiendo en esquina con un Starbucks. Quién se lo iba a decir. Seattle, estado de Washington, frente a Buenos Aires, capital federal. Que no Boca frente a River, que siempre será un superclásico. En la Bombonera. O en El Monumental. Entre xeneizes [genoveses] y millonarios, sus dos hinchadas. El Plaza Dorrego es oscuro, lúgubre, en contraste con la fina plata cincelada de su vecino Juan Carlos Pallarols, orfébre del papa Bergoglio. Con las recargadas tiendas de antiguedades que aún quedan en sus alrededores. Y con los artísticos fileteados porteños que a todo color exhibe Nonno Bachicha en el interior de su rotisería. Pero ya lejos de tiempos de terror, crímenes impunes, sables y dictaduras. El vento del cobán,/ el auto y la mansión/, bien pronto rajarán/ por un escotillón. Los ventiladores rotan desafiantes. Hace calor en Buenos Aires. Y un muchacho camina desnudo de torso por la calle Defensa, sorteando cajas vacías de frutillas [fresas] que se amontonan desordenadas en la vereda [acera] que da acceso al mercado de San Telmo, desvencijado, viejo e italianizante, con arcos de medio punto y orden toscano. Longaniza, sorpresata, chacarero, salame [de ciervo] de San Martín de los Andes. Ofertas de la Fiambrería San Cayetano, forme una sola fila, gracias. Defensa, calle empedrada. Donde nació Rivadavia, primer presidente argentino, hoy un valet parking. Y donde también nació Mafalda de la pluma de Quino, justo en la esquina con Chile. La Puerto Rico de la calle Alsina, aquí desde 1925 pero ya en 1887 en la vecina calle Perú, ha entrado en conflicto con sus artistas. Quieren más plata. La Puerto Rico es más que un viejo café cantante, fundado por el emigrante español Gumersindo Cabedo tras pasar antes por la isla boricua, en donde hizo fortuna. Desde hace cuatro meses se encuentran suspendidas las actuaciones de su salón, otrora escenario en donde Chávarri rodó la segunda parte de Las cosas del querer, basada en la vida del cantante malagueño Miguel de Molina, exiliado en Buenos Aires. Tango, copla y flamenco. Flamenco, copla y tango. Para encontrar a aquellos artistas hay que acudir ahora al Centro Cultural Borges, que los acoge. Y en donde desfilan cada noche ante un público más ortodoxo, teatral y distinto al de las consumiciones. Con aplausos justos, pero exquisitos. El Centro Cultural Borges tiene su sede en el antiguo Bon Marché Argentino, hoy Galerías Pacífico. Y en ninguna de sus dos librerías existen obras del autor que le confiere tan distinguido nombre. Preguntados los empleados, remiten educadamente a la Cúspide [cadena de librerías] más próxima, fuera del multicentro. Ya en la Cúspide, en sus estanterías observo solo una parte del universo de Borges, eso sí emparedado, tal vez por casualidad, entre dos volúmes que agrupan, cual tesoro, las poesías completas de Silvina Ocampo, hermana de Victoria y latido de Bioy, pero también cómplice de aquel durante cuarenta años. En tu jardín secreto hay mercenarias/ dulzuras, ávidas proclamaciones,/ crueldades con sutiles corazones,/ hay ladrones, sirenas legendarias.

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La única sucursal fuera del Reino Unidos que ha tenido los grandes almacenes Harrods estuvo en Buenos Aires, en la calle Florida. Fue inaugurada en 1914, en la década dorada de Argentina, entonces uno de los diez países más ricos del mundo, por delante de Francia y Alemania. Octava potencia mundial, dicen. Harrods sobrevivió hasta 1998, segundo periodo de Menem. Y su fachada y salones vacíos, que no abandonados, se encuentran estos días inmersos en un lavado de cara a iniciativa de los comerciantes de la calle Florida pues, además de un extraordinario reclamo, son muy solicitadas para la celebración de grandes eventos. Harrods fue años atrás sede del Festival de Tango de Buenos Aires. Muy cerca de su emplazamiento se encuentra el Florida Garden, que cumplió medio siglo en 2012. Conforma una esquina, como la London y la mayoría de los cafés notables de Buenos Aires. Seis columnas envueltas en cobre que maridan con maderas finas y mármol travertino. En sus mesas Borges empezó a sostener sus primeros encuentros con periodistas y traductores. Café, budín marmolado, masas chicas, tortas de chocolate, vodka frío [saborizado de vermú], Tom Collins, vaina chilena, martini sucio [con el caldo de la aceituna], tratantes de negocios, escritores sobre servilletas, poetas rotos, también enteros, selecta clientela, genio nacional, finura argentina… Parece que está lista y ha rumbiao,/ la bronca comunista pa’este lao;/ tendrás que laburar pa’morfar…/ ¡Lo que te van a gozar!/ Pedazo de haragán,/ bacán sin profesión;/ bien pronto te verán,/ chivudo y sin colchón. Hay tangos para los turistas, para los entendidos, para los que lo sienten y para los que no. Tabién los hay para el amigo, para el vecino, para los amantes, para quién lo necesita y para quién no. Aquí o allá, en Europa. O en Punta del Este. Cambio, cambio, grita el arbolito [cambista de la calle Florida]. Cuatro años lleva ya sobre el escenario del Centro Cultural Borges la Compañía Bien de Tango, con su pulcro y ordenado espectáculo sobre este género. Y solo unos días en cartelera Mariposa muerta, del cuarteto La Púa&Victoria di Raimondo, que reciben en un antiguo taller mecánico de la calle Sánchez de Bustamante, en el Abasto tanguero, reconvertido en club social por la Orquesta Típica Fernández Fierro, cooperativista e independiente. Dos maneras de entender el tango, su historia, su mensaje y la atracción que despierta. O que arrastra. La boletería [taquilla] del Teatro Alvear está cerrada, pero en realidad lo que está cerrado es el teatro, por renovación. Tita Merello caminaba a pie desde la calle Defensa a la Avenida Corrientes, cuando en su natal San Telmo no existía aún El Desnivel. Parrilla para turistas gasoleros [low cost]. O La Brigada, parrilla para ejecutivos. Pero mucho más reciente que la anterior, creada hace veintidos años por Hugo Echevarrieta, que empezó de bachero [lavaplatos] en La Raya, mítica parrilla de la familia Vinagre. En Corrientes se encuentra El Gato Negro, desprendiendo olores a especies. Y a café puro. Pido un cortado, mientras fijo la mirada hacia el ventanal que da a la calle. Inmortalizado sobre unas gradas me encuentro a Minguito, comediante de los setenta. No lleva más de un mes su escultura [a modo de ninot] en este lado de Corrientes. Nada de bronce, puro arte popular a base de fibra de vidrio y resina epoxi, obra de Fernando Pugliese, maestro del género, cuyas obras se reparten por toda la ciudad. Dentro de Minguito Tinguitella, exponente del humor y la cultura popular argentina, se refugiaba el actor Juan Carlos Altavista, fallecido en 1989. El personaje fue un éxito en radio, teatro e, incluso, televisión. Cubría su cabeza con desgastado sombrero, calzaba zapatillas de paño y frecuentaba la quema [vertedero] acompañado de un carro. Un ciruja [vagabundo] mitificado por el teatro argentino, por la Avenida Corrientes, por público y comediantes juntos.

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¡Ya está! ¡Llegó! /¡No hay más que hablar! /Se viene la maroma sovietista. /Los orres ya están hartos de morfar salame y pan,/ y hoy quieren morfar ostras con saurtenes y champán. El laureado dramaturgo Armando Discépolo, hermano mayor y mentor del actor y compositor Enrique Santos, dijo que el tango es un pensamiento triste que se puede bailar. Como baile, nació hacia 1880 coincidiendo con la gran oleada migratoria europea. Hombres solos, italianos muchos, inmersos en la nostalgia, que recurrían a los cafés, a los viejos boliches y pulperías, o a los burdeles en busca de palabras, de consuelo, de alivio. Entre 1875 y 1940 emigraron a Argentina casi tres millones de italianos, seguidos de poco más de dos millones de españoles y otro millón entre franceses, polacos, rusos, turcos, alemanes, austrohúngaros, británicos y portugueses. El idioma ya lo había implantado el virrereinato español, y así ha llegado hasta hoy, pero los italianos importaron sus propias costumbres, que se mezclaron con las criollas y con las de los nuevos emigrantes españoles. Hoy más de la mitad de la población argentina es de origen italiano, porque ya antes de 1875 había una importante colonia en el país. Y porque después de 1940, sobre todo a raiz de la secuela que dejó la Segunda Guerra, desembarcó otra, igualmente importante. La dificultad para hacerse de inmediato con el idioma español dio origen, entre los primeros emigrantes italianos llegados a Buenos Aires, a una jerga llamada lumfardo, injustamente descrita en aquellos tiempos como dialecto de ladrones, y que pronto encontró eco en el tango primerizo, en la poesía popular y artística, en la cultura naciente que, desde abajo, iba configurando la nueva identidad nacional  de Argentina, desde 1853 republicana, representativa y federal por mor de su constitución. Obra intelectual de Juan Bautista Alberdi, hijo de un culto mercader vizcaíno. Sandra Bao, escritora porteña, apunta que aquellos hombres bailaban unos con otros mientras esperaban su turno con las grelas [prostitutas]. Todo esto en cuanto a música, puesto que la letra no deja de ser una canción libertaria, nacida como tal en los conventillos [corralones] para que un pobre desgraciado pudiera gritarle a la casera, a los funcionarios, al pueblo en sí, las cosas que le pasaban, cuenta Susana Rinaldi, La Tana, veterana actriz y cantante de tango. La Maison Lyon d’Or exhibe en el escaparate sus acreditados bombones mientras un olor a churros recién calientes traspasa el zaguán de la chocolatería La Giralda invadiendo la calle. Guerrin, Los Inmortales y Kentucky se reparten el despacho de pizzas italianas en la Avenida Corrientes ante una clientela popular que las devora si reparo antes de acudir al teatro. Una veterana dependiente de La Pasta Frola recomienda a un grupo de turistas brasileños que se lleven pañuelos de ricota y ensaimadas rellenas de pastelera. La Americana extrae de sus hornos bandejas de empanadas, ya sean gallegas de pollo o gallegas de atún. Y la heladería-chocolatería El Vesubio, otrora refugio al amanecer de artistas, rufianes, periodistas y grelas, se emplea ahora a fondo e inocentemente con sus diferentes cremas artesanales en cómplice alianza con el calor. 35 grados, lunes 27 de octubre, dulce de leche sólo o con merengue, sambayón, chocolate con naranja… Del fondo de las cosas y envuelta en una estola de frío,/ con el gesto de quien se ha muerto mucho,/ vendrá la última grela, fatal,/ canyengue y sola,/ taqueando entre la pampa tiniebla de los puchos [Tango La última grela, con letra de Horacio Ferrer y música de Astor Piazolla].

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Continúa

 

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Mustia tristeza

29 septiembre 2014

Me despido de un domingo tenebroso que se ha llevado a un amigo. Dejo El Puerto de Santa María para derivar en un cercanías hacia San Fernando. Calle San Rafael, calle Rosario. Calle que ya no es calle, calle Real. Entre el Bar Reverte y El 44. La melancolía me invade en el atardecer. Y las campanas de la Iglesia Mayor apuntan nostalgias. Escribo sobre una servilleta. Cine Almirante, La Mallorquina y el Hotel de Puya. Aquella plaza de la Iglesia ya no es como era. Falta el verde pálido de la Carterilla. Y el amarillo intenso del Canario. Las familias transitan bajo las afeadas catenarias de un pretendido tranvía hacia Cádiz sustituyendo los troles de la vieja línea entre La Ardila y La Carraca. NOCHE222Echo en falta el paseo de la marinería agotando las horas de su mejor día de calle. No hay bullicio, sino calma. La especulación inmobiliaria y alcaldes indeseables han destrozado el entorno dieciochesco del Teatro de las Cortes, hoy regio. Huele a caño, a fango marinero, a estero. Y una suave brisa que avanza entre calles aporta humedad septembrina. Las campanas de la Iglesia Mayor dan los cuartos. Falta uno para las nueve. Tras su cerradas puertas descansa el patrón San José, impecable en su ajuar. Y el Nazareno en cedro que dicen salió de la gubia de Francesco Galleano, al que rezaba cantando cada madrugada de viernes santo El Chato de la Isla. Ha sido un largo día de visitas. Y ahora toca silencio, reposo en penumbra, solo alterado por las luces de algún velorio de ofrenda. No se trata de un paréntesis entre El Puerto de Santa María y mi destino final, Cádiz. Es una parada, en la que faltan El Patio del Maestro Luis, infantes de Marina de plantón en Capitanía y los vetustos muros del Castillo de San Romualdo o de Suazo, ahora restaurado en blanco dándole aspecto de alcazaba tunecina, tal vez porque allí hubo una vez una alquería. Más vale así, que no en su otrora abandono. La Gallega de la Plaza de los Carros está cerrada por vacaciones. Pero el Bar León sigue ahí, oscuro y lúgubre en el atardecer. Con cuatro parroquianos que siguen un western televisivo entre vinos finos de Chiclana, mientras María fríe un par de tortillas de camarones para saciar el apetito del visitante no esperado. Huele a aceite viejo, que escapa del vientre de una decadente cocina de fritos y adobos enharinados. Cazón o bienmesabe, las generaciones de ayer y de hoy se reparten así los nombres. La Venta de Vargas se suma al atardecer de este domingo tenebroso con su cierre vespertino. Y la voz de Camarón permanece apagada en la Peña Flamenca El Castillo, ahora solitaria. En la oscuridad, frente a un chino, un autobús doble articulado espera que den las veinte para las diez para partir hacia Cádiz. Somos una docena de usuarios quienes ocupamos cómodos (y distantes) sus largas filas de asientos. San Marcos, Manuel de Falla, San Onofre, Ronda del Estero, Constitución… Y así hasta Cádiz.

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Casto amor

31 agosto 2014

El madrileño Paseo del Pintor Rosales discurre en paralelo al Parque del Oeste, creando a un lado un mirador sobre su vegetación en cuya mitad, justo en la confluencia con la calle Marqués de Urquijo, se encontraba hasta poco después de la Guerra Civil un impresionante templete de música. Las viejas fotografías así lo recogen. No se por qué, pero este lugar de Madrid me recuerda el Paseo de la Recoleta de Buenos Aires, tal vez por ser un barrio igual de distinguido. Con edificios altos y esbeltos, abundante arboleda y quioscos de renombre con terrazas atestadas de gente elegante en los atardeceres de verano. Y conserjes embotonados que saludan cortesmente por su nombre a cada vecino. Rosales ha sido siempre un lugar exquisito del glamour madrileño. Y el Parque del Oeste, también. Casi escondido entre unos arbustos se encuentra el monumento al pintor que le da nombre, esculpido por Mateo Inurria en 1922. Y frente a este, la acera edificada en la que vivió hasta su muerte la poetisa Pilar Valderrama Alday [1889-1979], musa de Antonio Machado. Y su más casto (y ciego) amor tras el vacío dejado por Leonor Izquierdo. Machado, por Sorolla.De Pilar Valderrama, la secreta Guiomar del poeta, se ha escrito mucho en los últimos treinta años. Y de su relación con don Antonio, también. Durante un tiempo las alusiones de Machado a Guiomar fueron consideradas por algunos como un sueño poético. Pero en 1975, muy anciana ya Valderrama, sus hijas Alicia y María Luz reconocieron el idilio, que había sido revelado como real pero sin dar nombre alguno por Concha Espina [1950] e identificado en la persona de Pilar por Justina Ruiz de Conde [1964]. Hasta que por fin fue confirmado por la propia poetisa en un libro póstumo publicado en 1981, Sí, soy Guiomar. El poeta y su musa se conocieron en la primavera de 1928 en el Gran Hotel Comercio de Segovia, hoy inexistente. Pilar huía de la infidelidad de su esposo, el ingeniero teatral de éxito Rafael Martínez Romarate, cuya amante por dos años se acababa de suicidar tirándose al vacío desde un balcón de la calle de Alcalá. Y, a partir de entonces, establecieron citas secretas, primero en Segovia. Y después los fines de semana en un merendero con salón de baile de Cuatro Caminos llamado Franco-Español, en el que contaban con la complicidad de un mozo de nombre Jaime que intermediaba como receptor de sus recados. Aquello duró hasta poco antes de la Guerra Civil. Que los separó físicamente para siempre, ella a salvo en Portugal, con un hijo en el frente. Una España. Y él, de Madrid a Valencia. Y de Valencia a Barcelona, para rendir junto a su madre en Colliure, cruzada la frontera. Otra España. Fue aquel un amor insatisfecho, imposible. Una locura enmascarada por un juego de pasiones y rimas entre dos adultos de diferentes condiciones, hábitos y pensamientos que se habían conjurado para sentir en poesía sin traspasar la línea que marca la castidad. «Todo amor es fantasía: / él inventa el año, el día, / la hora y su melodía; / inventa el amante, y, más, / la amada. No prueba nada /contra el amor, que la amada / no haya existido jamás».

 

 

 

 

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Aquel Ecce-Homo

23 agosto 2014

En el número 17 de la madrileña calle de Castelló residió en la posguerra el primer alcalde republicano de Cádiz, Emilio de Sola Ramos, lerrouxista  [Cádiz, 1883-Madrid, 1955]. Había sido también diputado constituyente por aquella provincia, pero en mayo de 1934, ya en periodo colaboracionista de Lerroux con la CEDA, su amigo Rafael Salazar Alonso, abogado como él y a la sazón ministro de Gobernación, le nombró gobernador civil de Navarra, cargo en el que permaneció hasta diciembre de 1935. De Sola sobrevivió a la guerra civil, lo contrario que su amigo Salazar Alonso, ejecutado el 23 de septiembre de 1936 en Madrid por un piquete de milicianos de la FAI acusado de haber estado implicado en la sublevación del 18 de julio. Lo que resultó falso, como más tarde confirmaría el socialista Indalecio Prieto. Pero así mataban impunemente otros durante la Guerra civil, amparándose en el veredicto de los tribunales especiales. Que resolvían sobre la marcha. O, en su lugar, mediante decisión salvaje e irracional, sin ningún tipo de garantías legales. Recuérdese el asesinato de Melquiades Álvarez, mentor de Azaña. Y de miles de inocentes más. Mal lo pasó De Sola en Madrid durante la guerra. Porque esos mismos milicianos que acabaron con Salazar fueron los que le encarcelaron en una prisión de la calle Duque de Sesto [antiguo convento] tras haber sido delatado (bajo acusación de contrarrevolucionario) por un periodista vinculado a Acción Nacionalista Vasca [Ángel Astiz Aranguren, Pamplona, 1912-México DF, 2007], aunque pudo salvar la vida. El político lerrouxista era poseedor de una de las colecciones de arte más importantes de Andalucía, probablemente la última del Cádiz mercantil e ilustrado que surgió al amparo de la Carrera de Indias. De Sola había heredado la colección de su padre, el médico Luis de Sola y Sola, comprador y coleccionista. Pero a su vez depositario de dos legados de sus antepasados, el de José María Melgarejo y Sánchez de Madrid, III marqués de Casa Madrid -casado con Josefa de Sola y del Castillo, sin descendencia- y la del hermano de esta, y heredero, Luis de Sola y del Castillo, casado con Teresa Gargollo y Corte, hija del opulento banquero Luis Gargollo y Munar, cántabro de Meruelo afincado en Cádiz, representante en esta ciudad de las minas de plata del Potosí y también coleccionista. Emilio de Sola fue uno de los precursores de la II República en Cádiz, cuyos principios alentó tras el Pacto de San Sebastián desde su militancia lerrouxista y mediante el periódico radical Libertad, que dirigió en la ciudad.

aaaaaaaa23El 14 de abril de 1931, en las paredes del domicilio familiar de Emilio en el número 11 de la gaditana calle Adolfo de Castro -un piso de alquiler- colgaban un San Diego de Alcalá de Zurbarán, una Sagrada Familia de la escuela lombarda del XVI, San Félix de Cantalicio y el Niño Jesús de Murillo, un San Andrés atribuido por Madrazo a Tintoretto, un Descendimiento de Maerten de Vos, algunas planchas de cobre de Rubens, una colección de héroes de la Guerra de la Independencia de diferentes autores -El Panadero y Fernández Cruzado, entre ellos- y dos desnudos bíblicos de Esquivel. Así hasta cuarenta piezas pictóricas, una colección de muebles y objetos de época y un Ecce-Homo de Alonso Cano, que presidió siempre los oratorios de cuantas casas habitó. Pues su esposa Milagros Ruiz García, hermana del fundador del gaditano Horno de La Gloria, era mujer de profundas convicciones cristianas. Acabada la guerra civil, Emilio de Sola quedó en tierra de nadie. Permaneció brevemente preso, salvando de nuevo su vida, pero no fue considerado ni por los vencedores. Ni por los vencidos. Sobrevivió poco más de quince años a la victoria de Franco. Y tuvo que hacer uso de todo lo que tenía a su alcance para comer tanto él como su esposa -su única hija Manuela residía casada en Cádiz-, para lo cual se fue deshaciendo paulatinamente de la colección heredada de sus antepasados. Ya había iniciado este cometido tras su traslado a Madrid en 1932, vendiéndole al Museo del Prado el zurbarán de su colección. Que fue adquirido con fondos del legado del III conde de Cartagena de Indias. Y haciendo lo mismo con los dos cuadros de Esquivel, que pasaron a formar parte de la colección permanente del Bellas Artes de Sevilla, intermediando para ello los anticuarios de la madrileña calle del Prado, Luis y Félix Siravegne. Yo he visto algunas obras dispersas de esta gran colección que heredó Emilio de Sola de su padre, entre ellos los dos cuadros de Esquivel, que representan a José y la mujer de Putifar y a La casta Susana, pintados entre 1853 y 1854. Pero hay otras que nunca veré porque pasaron sin hacer ruido a coleccionistas anónimos que celosamente las custodian en sus domicilios privados. Tampoco he visto nunca físicamente el San Diego de Alcalá que un día salió de la calle Adolfo de Castro en dirección al Prado porque este museo lo tiene a resguardo como fondo de almacén. Obras no expuestas que permanecen ocultas. Pero me queda el consuelo de verlo cada vez que puedo en el catálogo virtual del museo. Este zurbarán gaditano lo adquirió Luis de Sola y Sola, padre de Emilio, en 1905, probablemente tras pasar antes por manos de otros coleccionistas, el primero de los cuales lo debió de comprar al Estado después de 1836 como obra artística desamortizada. Pues se cree que fue pitando en Madrid a mediados del XVII para el ático de un retablo de un convento que bajo la advocación de San Diego existió en Alcalá de Henares.

En diciembre de 2012, la madrileña Sala Retiro puso en competencia a Luis de Morales El Divino y a Murillo en el curso de una de sus subastas. La obra de Morales era Virgen del Sombrero con niño, saldada con 550.000 euros. Y la de Murillo, San Félix de Cantalicio y el Niño Jesús, que se quedó en 400.000 euros, pero sin adjudicar. Este San Félix de Cantalicio era el mismo que perteneció a De Sola. Y que en el siglo XIX fue propiedad de su antepasado el marqués de Casa Madrid. Es la noticia más reciente que se tiene de una obra de aquella impresionante colección que residió en Cádiz hasta 1932. Y después en la calle Castelló, diezmada ya por las necesidades. La última pieza que se mantuvo por largo tiempo a salvo de los anticuarios depredadores de la posguerra fue la media talla del Ecce-Homo de Alonso Cano. Con la cabeza reclinada hacia la izquierda, se trataba de una obra que desde siglos atrás había recorrido varias casas de familias gaditanas, entre ellas la del matrimonio compuesto por el cirujano y diputado provincial José Fernández Macías y su esposa Dolores Tejero y Aranda. Fue esta última quién, tras el fallecimiento de su marido, se la vendió en 1903 a Luis de Sola y Sola, que se encaprichó de ella tras verla por primera vez en 1879 con ocasión de una exposición regional que se celebró en Cádiz. Milagros Ruiz García, la esposa de Emilio de Sola, había levantado un pequeño oratorio en su domicilio con esta media talla, protegida por una campana de cristal sobre un  pequeño altar frente al cual se situaban dos reclinatorios. De Sola no era un hombre religioso, cosa habitual entre los republicanos radicales de la época, pero si respetuoso con la practica de otros, entre ellos su esposa. Cuando en mayo de 1931 la turba saqueó e incendió iglesias y conventos de la ciudad se enfrentó a la barbarie que asaltaba Santo Domingo. Lo mismo que hizo su teniente de alcalde Santiago Rodríguez-Piñero Jiménez -también radical- cuando se intentaba algo parecido con San Francisco. Con el dolor de la necesidad, se desprendió del Ecce-Homo de Alonso Cano por sólo 24.000 pesetas, que pasó a manos de una familia apellidada Moll. Sin que se sepa quién custodia ahora la obra. Y que uso se le ha dado. Con los fondos obtenidos de las ventas viajaba de vez en cuando junto a su esposa a Cádiz para visitar a su hija, el marido de esta y su nieto, alojándose la mayoría de las ocasiones en el viejo Hotel Loreto, de la calle Buenos Aires. Entonces propiedad de su amigo Mariano González. Y hoy ya inexistente. El 2 de julio de 1955 Emilio expiraba en Madrid, cristianamente. Como no podía ser de otra forma. Al igual que seis años antes había ocurrido con su jefe Lerroux -desde 1947 en España-, “en el seno de la Iglesia Católica y confortado en sus auxilios espirituales”, según la noticia publicada por el diario Abc al día siguiente. Milagros le sobreviviría diez años, falleciendo en 1965 en el número 19 de la plaza de las Viudas de Cádiz. Muy cerca de la casa en la que nació Salvochea. En el lecho le acompañaba una fotografía de aquel Ecce-Homo.

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Gallo de latón

15 agosto 2014

Desde el gablete renacentista del Rathaus (Ayuntamiento) de Marburgo, el gallo que lo remata eleva mecánicamente sus alas al tiempo que suenan las horas del reloj. Una si es la una, ya sea solar. O lunar. Y doce, si es el mediodía. O la medianoche. Esto ocurre desde hace más de cuatrocientos años. Así que este gallo de latón, al que escoltan clarineros, ha sobrevivido a cuantas desgracias se han sucedido desde entonces. Pero también ha sido testigo de momentos felices. Marburgo, a mita del trayecto entre Kassel y Frankfurt, fue una de las pocas ciudades alemanas que no llegaron a ser bombardeadas durante de la II Guerra, de manera que sus centenarios edificios -algunos con más de setecientos años- se elevan intactos entre sus laberínticas calles y escaleras, configurando un conjunto medieval propio de un cuento de hadas. Y en el que convergen historia, paisaje, color y belleza. marburg-2Llueve en Marburgo, lo que no es contratiempo. Porque la lluvia hace a la ciudad más idílica. En ella residieron a lo largo de los tiempos Martin Lutero, los hermanos Grimm, el poeta Eliot y los filósofos Herman Cohen, Paul Natorp y José Ortega y Gasset, además de Emil von Behring, primer nobel de Medicina, y Boris Pasternak, también premio nobel. Y autor de Doctor Zhivago. Próxima al cauce del río Lahn, que atraviesa la ciudad, se ubica la iglesia gótica de Santa Isabel, de doble aguja. Dicen que sirvió de modelo a la catedral de Colonia. Y en ella reposó Isabel de Hungría hasta que comenzó la Reforma, puesto que Felipe I, príncipe de Hesse, exhumó sus restos para que el templo, protestante desde entonces, no se convirtiera en un lugar de peregrinación católica. Las reliquias de la santa se las repartieron Viena, Estocolmo y Košice. Como ciudad, Marburgo siempre se ha sentido protestante, pues aquí se creó en 1527 la primera universidad luterana del mundo. Y en su castillo discutieron Lutero y Zuinglio acerca de la Eucaristía. Hoy día desarrolla una importante actividad en sus calles, rebosantes de coquetos establecimientos comerciales. Pero en este mes de agosto faltan sus 25.000 universitarios, más de un cuarto de su población invernal. La ausencia de ese murmullo ilustrado se nota en el histórico Café Vetter,  en estos momentos dirigido por la cuarta generación de la familia fundadora. También en la plaza del Mercado, epicentro de la ciudad. Y de su campus universitario. Los hermanos Jacobo y Guillermo Grimm nacieron en Hanau, pero residieron en Marburgo en los primeros años del XIX como estudiantes de derecho. Entonces no existía el Café Vetter, que abrió sus puertas justo un siglo después. Y que dispone de confitería y salón de té, este último con piano. Una galería exterior con vistas al rio. Y un terrario de plantas tropicales, además de una estantería de libros de bolsillo y un expositor de periódicos del día. En su exterior continúa la lluvia, ahora más intensa.

 

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Víctima del juego

14 agosto 2014

Dostoviesky describe en El jugador (1866) una ciudad ficticia que llama Roulettenbourg. Tal ciudad no es otra que Wiesbaden, importante balneario alemán próximo al Rin que era frecuentado desde mediados del siglo XIX por la aristocracia rusa. En realidad, lo que hizo Dostoviesky fue trasladar su propia experiencia a la literatura, pues fue una víctima más del juego en esta ciudad termal, quedando atrapado por las deudas. Y siendo perseguido durante un tiempo por sus acreedores. Aquel edificio en cuyo salón de juegos se arruinó Dostoviesky desapareció en 1905, pero en su lugar se levantó otro de grandes dimensiones con predominio del color blanco que sigue cobijando hoy día ruletas y mesas de juego: el Kurhaus. Cuya fachada principal representa un pórtico clásico sostenido por seis columnas corintias. Kurhaus-Wiesbaden-CasinoWiesbaden y la vecina ciudad de Mainz, o también Maguncia, distan apenas 13 kilómetros. Y están separadas por el Rin, que deja en una orilla al estado de Hesse. Y en otra al de Renania-Palatinado. Son ciudades con cultos diferentes, pero pertenecientes a la más próspera Alemania. Desde tiempos romanos, el poder curativo de sus 24 fuentes termales convertía a Wiesbaden en uno de los lugares más concurridos al norte de los Alpes. Templo de aguas termales y capital del vino de Rheingau -cuya fiesta principal se celebra estos días frente a la antigua residencia del duque Guillermo de Nassau, hoy sede del Parlamento de Hesse-, Wiesbaden me retrae a un glamoroso siglo XIX en el que la vieja Europa se comunicaba a través del Rin, con Brahms y Wagner recorriendo sus calles. Goethe, Bismarck y el propio Dostoviesky alojados en sus más distinguidos hoteles. Mansiones fantásticas con carruajes apostados al hilo de los porches. Iluminados salones de baile amenizados por selectas orquestas de cuerda. Y una corte rusa que prefirió al croupier antes que al zar en los años previos al 17. Maguncia, por el contrario, es la patria de Guttemberg, inventor de la imprenta moderna. Erigido en estatua de bronce, obra de Thorvalsen, el viejo herrero Guttemberg preside desde 1837 la ciudad. Flanqueado por la catedral de San Martín y los grandes almacenes Karlstad. Y frente a frente con el Teatro Nacional, con capacidad para 2.500 espectadores. En septiembre inicia la temporada de ópera, con La Traviata, de Verdi. Y El Barbero de Sevilla, de Rossini. Dos clásicos para una ciudad eminentemente clásica, que el 27 de febrero de 1945 fue ferozmente bombardeada por 435 cazas de la RAF con un balance de 1.209 muertos. Y el 80 por ciento de su superficie urbana destruido. Los ingleses querían aniquilar las instalaciones ferroviarias de la ciudad, pero no lograron su objetivo puesto que tres días después del bombardeo se reanudó el tránsito de trenes.

 

 

 

 

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Hotel Holländer

12 agosto 2014

El Hotel Holländer fue fundado en 1836, pero ya en el siglo XVII el caserón que lo alberga recibía como huéspedes a marineros y comerciantes holandeses que navegaban por el río Neckar, en donde se transportaba hasta el mar, primero en almadías y después en gabarras, la madera de la Selva Negra. El Neckar nace precisamente en esa región del suroeste alemán, muy cerca de las fuentes del Danubio. Cruza Heildeberg. Y desemboca en el Rin, a la altura de Mannheim. La ciudad de Heildeberg es de las más elegantes y mejor conservadas de Alemania. Y tiene entre sus principales atractivos, además de su universidad -fundada en 1386-, una impresionante fortaleza de desigual construcción emplazada en una estrecha terraza de montaña que los lugareños llaman el castillo. Pero este conjunto arquitectónico es más que un castillo, puesto que lo conforman diferentes palacios y singulares edificios que marcan la historia del Palatinado. heidelberg1El Hotel Holländer se encuentra ubicado en la orilla del rio más próxima al centro histórico de Heildelberg, justo a la altura del llamado puente viejo. Dispone de un coqueto salón de estar circundado por amplios ventanales que, en los grises días de invierno, se abriga con el calor de una pequeña chimenea. Pero que hoy, tarde de sol radiante, se presenta pleno de luminosidad. Espacioso. Y cómodo para la lectura. O para pasar el tiempo. Cuando llego, lo ocupa un matrimonio alemán allí alojado. Él, enfundado en un ejemplar del Süddeutsche Zeitung. Que abre a toda pastilla con la victoria de Erdogan en las presidenciales turcas. Y ella, ensimismada con unas tarjetas postales a las que va colocando de uno en uno sus correspondientes sellos. La principal arteria comercial de Heildeberg es la Hauptstrasse -calle Mayor-, que discurre peatonal desde la plaza Bismarck hasta el Karlstor, o puerta de Carlos, construida en 1775 como acceso este de la ciudad. Por ella transitan esta tarde legiones de turistas, unos de vuelta del castillo. Y otros en su busca. Muchos edificios históricos de Heildeberg incorporan esquinadas en sus fachadas hornacinas de imágenes religiosas, entre ellas San Agustín. Icono de ciencia y sabiduría. Porque la ciencia está presente en esta ciudad desde cientos de años atrás. Tantos como tiene su universidad, las más antigua de Alemania. Leo en una revista científica a disposición de los huéspedes del Holländer que Vicenz Czerny fue un eminente cirujano oncólogo nacido en Bohemia a mediados del XIX que en 1906 fundó en Heildeberg el primer instituto para la investigación experimental del cáncer. Como consecuencia de aquella experiencia, y sobre los cimientos ya consolidados, se creó en 1964 el Centro Alemán de Investigación del Cáncer, hoy a la vanguardia mundial de las terapias sobre la decodificación genética de los pacientes que sufren esta enfermedad. El centro, que ha cumplido este año sus primeros cincuenta de existencia, da trabajo a tres mil personas, mil de ellas investigadores científicos. Entre sus eminencias se encuentra Ángel Alonso Martínez, español nacido en Bembribe, El Bierzo. Y líder de los grupos de Diferenciación Celular y de Cambios Genómicos, además de docente en la Universidad de Heildeberg.

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Calle Avinyó

09 agosto 2014

Paso unos días en Barcelona. Y voy en busca del número 37 de la calle Avinyó, el inmueble en donde se encontraba cien años atrás Ca la Mercé. El prostíbulo en el que se inspiró Pablo Picasso para pintar en 1907 Las señoritas de Avinyó, iniciándose así en el cubismo, tendencia que le llevó a la fama. Hace calor. Y turistas de todo el mundo recorren las calles de la Ciutat Vella atraídos por sus coquetas tiendas, en su mayoría con artículos originales. En algunos escaparates el gusto es exquisito, caso del English Hair Salons, de Anthony Llovet, que exhibe una vieja colección de artículos de barbería. AVIGNOObservo a una populosa familia árabe poniendo a punto sus iphones antes de partir del hotel para recorrer Las Ramblas. Dos rusas enzarzadas en una charla que por los gestos que emplean no parece baladí. Una pareja de griegos haciendo un alto bajo la sombra en la plaza de la Verónica para devorar al alimón un emparedado de pollo al curry. Y un francés que pregunta cómo llegar al zoo de la Ciutadella después de comprar unas espardenyes en La Manual Alpargatera. Conozco bien la calle Avinyó porque viví muy cerca en los años ochenta, aunque de aquel tiempo anterior a los Juegos Olímpicos poco queda tal como era entonces. Tal vez la Pensión Segre, en la confluencia con Ample. Y el asador de pollo al exterior del restaurante Los Caracoles, ya en la calle Escudillers. Porque el otro establecimiento más que centenario del barrio, Pitarra, se llamaba entonces Sogas. Esta parte de la Ciutat Vella era un lugar inmundo que reclamaba permanentemente la presencia de la Guardia Urbana. Droga. Robo. Y prostitución. Más lo que arrastraba esto. Presidiarios. Camellos. Y proxenetas. Cuando Picasso frecuentaba la calle Avinyó, los prostíbulos eran discretos. Y a ellos acudían igualmente viajantes. Propietarios. Empleados. Militares, Clérigos. Y socios del vecino Casino Mercantil, sede entonces del Bolsín. Y después de la Escuela de Bellas Artes. Probablemente también algún farmacéutico solterón, profesión de fácil encaje en un cuadro costumbrista de la época por lo de autoridad de barrio que comportaba. Porque adroguer, la otra autoridad, jamás salía de la tienda de la esquina que regentaba. Nunca sabremos la identidad de las cinco prostitutas que pintó Picasso -residenciadas desde 1939 en el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York tras su compra a terceros por 28.000 dólares-, pero seguramente una de ellas pudo ser una joven de un pueblo de Aragón que vino a servir a la casa de una acomodada familia barcelonesa. Y se malogró, tal vez por un engaño amoroso. De Aragón. O de Murcia. Porque de ambos lugares, y también de Andalucía, llegaron en entre siglos las primeras migraciones que transformaron con su sudor a Cataluña, prostitutas incluidas. Te mercé Bibi Malena./ Te mercé perro chaval./ Te mercé la policía./ Te mercé Abdu Lila./ Rambla pa’qui Rambla pa’llá. Con esta composición, Manu Chao rinde homenaje a este lugar de la ciudad. Pero en este sábado de agosto su peculiar rumba no suena por ninguna parte. Un hombre de edad, que recoge su pelo en una larga trenza que cae sobre su camisa negra atirantada, se sitúa en la confluencia con la calle Ample mostrando un exagerado tatuaje. Supongo que quiere llamar la atención. Pero nadie le hace caso. Siempre en esas calles, el asador de pollos al exterior de Los Caracoles. Y la Pensión Segre, que ahora enarbola banderas desde su balcón. Te mercé Mademoiselle./ Mademoiselle d’Avignon./ Te mercé o Bixo Bahía./ Te mercé Escudillers./ Rambla pa’qui Rambla pa’llá./ Esa la rumba de Barcelona.

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Habitación 406

03 agosto 2014

Jesús Carrasco-Muñoz y Encina (1869-1957)  fue un importante arquitecto modernista español, hijo a su vez de arquitecto, al que se debe la construcción del Hotel Victoria, ubicado en la plaza de Santa Ana de Madrid. Que desde el inicio de su construcción en 1919 se llamó Reina Victoria, hasta que la II República lo redujo a su actual nombre. Este hotel es un icono de la arquitectura madrileña contemporánea, pero igualmente un compendio de historia. Por lo que ha sido. Y por lo que fue el solar en donde se edificó. Pues allí se encontraba desde 1811 el palacio de los condes de Teba, entonces Cipriano Palafox y Portocarrero y María Manuela Kirpatrick de Closeburn y de Grevignée, padres de Eugenia, emperatriz de Francia, y Francisca de Montijo, duquesa de Alba. Dama Manuela que, en origen, era hija de un vinatero escocés de confesión católica afincado en Málaga a quién Estados Unidos encomendó su representación consular en la ciudad. Y que después sería amiga y protectora de Prospero Merimé, que escribió los primeros capítulos de su novela Carmen en su palacio madrileño puesto que cada vez que el escritor se desplazaba a España en él se alojaba como huésped distinguido de tan aristocrática familia. Habitación 406Pese a que el inmueble que alberga el Hotel Victoria fue proyectado en la doble condición de establecimiento comercial –Almacenes Simeón- y  hotelero, su tránsito en la historia ha quedado registrado principalmente por esta última actividad. Fue en un principio el hotel preferido de grandes toreros. Y después, de grandes músicos y grupos de rock. Manolete siempre ocupaba la habitación 406. Y Pablo Milanés, la 506. Otros de sus habituales clientes fueron Mazantini, Arruza y Luis Miguel Dominguín, en cuanto a toreros. Escritores y actrices que les seguían, caso de Hemingway y Ava Gardner. Y músicos como Loquillo, Luz Casal, Seguridad Social y Jarabe de Palo. El Hotel Victoria se caracteriza por sus miradores acristalados, pero fundamentalmente por su pináculo. Característica peculiar del arquitecto Carrasco-Muñoz, que fue igualmente quién culminó en 1914 la obra de la Iglesia de la Concepción, de la calle Goya. Y que está rematada por un campanario de 71 metros de parecido diseño. Este arquitecto es igualmente autor de la Basílica de Jesús de Medinaceli (1927-1930). Del edificio de la Central Eléctrica del Mediodía (1899) recuperado e integrado por Herzog&De Meuron como sede en Madrid de Caixaforum. Y de uno de los templos del periodismo del siglo XX, la antigua sede del semanario ilustrado Nuevo Mundo y de los diarios La Voz y El Sol, en el número 14 de la calle Larra (1906-1908). Un edificio con planta trapezoidal, montera de vidrio a color habilitada para proporcionar luz solar a la antigua sala de rotativas y un jardín ingles cuyo frontis contiene cerámica de Daniel Zuloaga. Por allí pasaron Ortega, Marañón, Unamuno, Valle Inclán, Menéndez Pidal, Corpus Vargas, Asín Palacios y otros grandes escritores, periodistas e intelectuales de la época. Hoy es la sede de la Fundación Diario Madrid.

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