[Pasiones compartidas]

Conocí en 1992 en Chicago a Leonora Carrington, fallecida hace seis años en Ciudad de México. Era ya entonces la única superviviente del movimiento surrealista parisino. Pintora como su gran amiga Remedios Varo [española, 9 años mayor], guardaba también especial afecto hacia la modelo y fotógrafa estadounidense Lee Miller [Poughkeepsie, NY, 1907], a quién había conocido en la capital francesa en entre guerras. Leonora fue amante de Max Ernst. Remedios, de Benjamin Péret. Y Lee, de los fotógrafos Ray Man y David Scherman. De Picasso. Y del británico Roland Penrose, con quién se casó embarazada en 1947 para iniciar ya una tranquila vida en Chiddingly, Condado de Sussex, sureste de Inglaterra. Tres grandes mujeres, tres vidas apasionantes, tres libertades en rebeldía. Picasso pintó a Lee seis veces. Y esta le retrató más de mil. También fotografió a Carrington en brazos de Max Ernst, en pose libre, con sus desnudos senos cubiertos por las manos del pintor. Ella, 20 años. Y él, 47. En una confesión epistolar a Penrose, al acabar la II Guerra. Lee revelaba: “Le sigo contando a todo el mundo que no he malgastado ni un minuto de mi vida. Lo he pasado maravillosamente, pero sé, en el fondo de mí misma, que si tuviera que volver a vivir sería aun más libre con mis ideas, con mi cuerpo y con mis afectos”. Encarcelado Erns [judío] por el regimen de Vichy, Leonora se desequilibra, se separa. Huye a España. Y su familia la localiza con ayuda del Foreing Office, internándola en un sanatorio mental en Santander. Consigue escapar. Y, ya en Lisboa, acude a Renato Leduc, antiguo telegrafista de Pancho Villa, en ese momento funcionario consular. Con quién se casa [a bote pronto] para poder viajar a Estados Unidos. Y más tarde, a México. Mientras tanto, y como fotógrafa de Vogue, su amiga Lee marcha uniformada, y equipada con su Rolleiflex, junto a las tropas aliadas. Ocupa el apartamento de Hitler en Munich, fotografiándose dentro de la bañera. Y duerme la siesta en la cama de Eva Braun. Ocurre esto el mismo día en que el Fürher y su esposa se suicidan en el búnker de Berlín. 30 de abril de 1945. Remedios era hija de un ayudante de ingeniero natural Cabra, Córdoba. Nació en Anglès, Girona, en donde su padre trabajaba entonces para la Compañía Saltos del Ter. Y, tras una infancia enfermiza, estudió pintura en Madrid, casándose a los 21 años [Iglesia de San Miguel, San Sebastián] con Gerardo Lizárraga, navarro, pintor como ella, además de compañero de estudios. El matrimonio rompe [sin divorciarse] en Barcelona meses antes de estallar la Guerra Civil, provocando un tremendo disgusto en su madre, Ignacia Uranga Bergareche, muy religiosa, nacida en Entre Ríos, Paraguay, pero originaria de Antzuaga, Guipúzcoa. Remedios se siente libre, diferente, comprometida con la República, amada por Péret. Y marcha a Paris junto al poeta, a quién había conocido como brigadista en España. Que la introduce en su círculo: Erns, Breton, Carrington, Paalen, Miró. Rosa de armadura/ y a través de tus senos de explosión pienso./ Rosa de estanque verdinoso de ranas/ y en tu ombligo de mar Caspio duermo. La invasión nazi obliga a ambos amantes a abandonar Francia porque Péret es como Ernst, judío. Primero Casablanca, después México. Donde Remedios conoce a Frida Khalo, Kati Horna, Octavio Paz, Leonor Fini, Cesar Moro, Alice Rahon, Eva Sulzer. Y se reencuentra con su amiga Carrington. Ensayó desde muy joven el dibujo publicitario, permitiéndole en México trabajar para las farmacéutica Bayern. Pero siempre lo alternó con el pincel, conjugando la alquimia con la ciencia, el psicoanálisis con la práctica esotérica. De Varo, Carrigton dijo que era una presencia que cambiaba la vida. Tras Péret vivió una apasionada relación con el aviador Jean Nicolle. Y después convivió con el fotógrafo judío Walter Gruen, también combatiente de las Brigadas Internacionales. Murió de un infarto en 1963 [Ciudad de México], a los 54 años. Catorce años después le tocó a Lee, con 70. Desde entonces solo quedó Leonora, quién me confesó, en aquel encuentro en 1992, que empezaba sentir que se le estaba agotando la vida. Murió 20 años años después. Y si con su ausencia se extinguió una generación comprometida de mujeres. Rebeldes. Y desafiantes. El espíritu compartido por las tres [Remedios, Lee, Leonora]. Quedó desde ese día orbitando para siempre alrededor del sol. Desnudo, sorprendente, apasionadamente libre: Rosa de cometa volando sobre un terreno vago donde batallan niños./ Rosa de humo de cigarro./ Rosa de espuma de mar hecha cristal./ Rosa [Je sublime, 1937. Benjamin Péret].

 


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